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Familia

Por qué no debes obligar a tu hijo a compartir

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No hay mañana ni tarde en la que en un parque infantil no nos encontremos con un adulto animando a un niño a compartir sus juguetes. Lo hacen apurados, quizás agobiados, por no saber ni cómo actuar ni qué decir, conscientes de que el drama acabará llegando antes o después. Y cuidado. Porque seguro que alguno se ha sentido en el arenero, entre palas, rastrillos y cubos, como un espectador más del Coliseo romano. Lo que muchos no sabemos es que no todos los niños están preparados al mismo tiempo para compartir. Tampoco somos conscientes de que, a veces, es nuestra propia intervención la que acaba acrecentando un conflicto que quizás no hubiera llegado a tal. O quién sabe. Puede que en realidad lo que ocurre es que nos queda tan lejana nuestra experiencia infantil en el parque que hemos transformado esos lugares en una maqueta a escala de nuestro mundo adulto.

“Hasta los cuatro o cinco años los niños pueden no estar preparados para compartir”, explica Verónica Pérez Ruano, psicóloga y fundadora del centro de psicología infantil Raíces. Y es que, para la experta, antes de esta edad los niños viven el mundo de una manera egocéntrica, en la que todo pasa desde su propia vivencia y perspectiva. “El sol sale porque ellos se levantan; si quieren algo, automáticamente es suyo. De hecho, la palabra ‘mío’ suele ser una de las preferidas y más repetidas”, cuenta. Y no hay una fórmula mágica para adelantar el desarrollo infantil: al igual que terminan caminando, hablando o pintando, también aprenderán a compartir. Según Julio Rodríguez, doctor en Medicina molecular, psicólogo y autor de Lo que dice la ciencia sobre crianza y educación,tenemos que tener en cuenta que los niños pequeños aún están en las primeras fases del neurodesarrollo, “lo que quiere indicar que su cerebro aún está en evolución y nociones como la empatía o las habilidades sociales no existen o son extremadamente rudimentarias”. Y, además, para el niño es beneficioso ser «egoísta», porque en un entorno natural, de eso dependería su supervivencia. “Pensemos en los pollitos en el nido demandando todos comida; es cruel, pero ahí ninguno ‘piensa’ en compartir, porque les va la vida en ello”, propone. Y añade que cuando empiezan a aumentar las interacciones sociales con sus iguales, lo acaban haciendo naturalmente.

La presión de intervenir

Es imposible no sentir la presión de esos ojos que te miran y se preguntan por qué no estás actuando. Esa abuela que te mira y se pregunta cómo es posible que no te hayas lanzado al arenero a obligar a tu hija a que le preste la pala a su nieto, que llora desconsolado por el tesoro. O ese otro espectador que al rato se pregunta por qué no haces algo por tu hija cuando reclama el codiciado cubo del de enfrente. La vida de parque es frenética. “Los adultos solemos llevar el conflicto infantil al plano de los adultos y lo convertimos en un problema mayor del que es. Habitualmente cuando un niño no quiere compartir y sabemos que por edad no está preparado para ello, pero aun así hay otras familias mirando, sentimos la presión de intervenir”, dice la psicóloga infantil.

Ante situaciones como las anteriores, Pérez Ruano recomienda que nos preguntemos qué haríamos si no nos importase lo que fueran a pensar los demás de nosotros como madre o padre. Algo aplicable al resto de asuntos relacionados con la difícil tarea de la crianza de los hijos. “Si dos niños de menos de cuatro años quieren el mismo juguete y solo hay uno, no podemos pretender llegar a acuerdos de tiempo, por ejemplo, un ratito cada uno, o acuerdos de justicia, como por ejemplo ‘es que tu ya tienes este otro’, porque no lo van a comprender”, advierte. Normalmente estas explicaciones son, para la psicóloga, para que los adultos que están acompañando el juego infantil se sientan bien pero cree que si nuestro hijo no quiere compartir y sabemos que por edad no está preparado, pero se masca la tragedia, la mejor alternativa es distraer a los niños antes de que estalle el conflicto: “Desviar su atención a otro punto, introducir otro juguete o cantar una canción suele funcionar mucho mejor que explicar a dos niños de tres años la importancia de compartir”.

¿Y cuándo es a nuestro hijo al que no le dejan algo que pide? Responde Verónica Pérez que, cuando nuestro hijo comparte sus juguetes en el parque pero a él el resto de niños no se los dejan, normalmente, como adultos sentimos malestar, ya que “vemos un desequilibrio de poder” y pensamos que se pueden estar aprovechando de él. Sin embargo, insiste en que los niños ni siquiera tienen esta vivencia: “Están jugando con otras cosas, asumen que no les dejen los juguetes o simplemente prefieren evitar el conflicto. Aquí entra nuestra contradicción como adultos, que no estamos acostumbrados a compartir. Nosotros no dejamos el coche a un desconocido, ni nuestro móvil, ni algo que estamos comiendo, pero sí pedimos que lo hagan los niños con alguien que acaban de conocer. Aun así, queremos que lo hagan pero no demasiado y mandamos continuamente mensajes contradictorios. Tenemos que tener claro qué le estamos pidiendo al niño y si no le estamos mandando mensajes contradictorios que sean difíciles de integrar”.

El papel del adulto

El aprendizaje de compartir llega de la mano del propio desarrollo infantil. Según Verónica Pérez, el juego infantil pasa por diferentes fases, y es entre los cuatro y seis años cuando aparece el juego cooperativo o colaborativo, “en el que el interés de los niños ya no pasa por jugar solos, como ocurría anteriormente, o incluso por estar cerca de otros niños pero realmente sin cooperar; ahora disfrutan de la compañía de los otros niños, de las reglas en el juego y de tener que coordinarse y ponerse de acuerdo para que todos estén bien”. Por esto, la psicóloga infantil cree que este es el momento en el que se pueden comenzar a trabajar habilidades como la empatía, el compartir y la cooperación frente a la competición.

¿Podemos hacer algo para favorecer ese aprendizaje? “La mejor manera de enseñar un nuevo aprendizaje es mediante la imitación. Si en nuestra casa compartir es un valor que practicamos de manera activa, es más probable que ellos lo reproduzcan”, responde Pérez Ruano. Y de nuevo aplicable a otras muchas parcelas de la crianza y la educación de los hijos. Porque si nosotros les insistimos una y otra vez en que deben compartir pero nunca actuamos así, se produce una disonancia cognitiva entre lo que decimos y lo que hacemos. “Si en casa a la hora de cenar papá tiene su sitio en el que no nos podemos sentar; mamá tiene su champú, que no se puede utilizar; los juguetes de su hermano mayor no se tocan, etcétera, es muy difícil sostener que luego en el parque o en el cole hay que dejar los juguetes a los amigos porque hay que compartir. Si nosotros no compartimos nuestras cosas más preciadas tampoco podemos exigírselo a los niños”, aclara la experta. Incide de nuevo en que para favorecer cualquier aprendizaje en los niños, “antes tenemos que analizar de qué manera concreta lo llevamos a cabo nosotros y si estamos mandando mensajes contradictorios entre lo que se debe hacer pero realmente lo que hacemos como padres”.

Para Julio Rodríguez, nuestro papel en la educación debe de ser el de guía, pero no el de dictador. “Debemos convertirnos en un experto al que puedan acudir para explicar las razones del comportamiento, de las normas, de las decisiones. Y luego estar ahí para resolver dudas y apoyar en todo lo que sea necesario. Esto cuesta trabajo pero ayuda a nuestros hijos a construir su personalidad a través de una alta autoestima y una profunda seguridad”, dice. Según Rodríguez, el niño tiene que «entender» que compartir es beneficioso, y tiene que «entender» cuándo hacerlo y en qué medida. “La clave está en eso, en entenderlo, luego él decidirá por sí mismo cuándo y cómo hacerlo, y ahí es dónde está la libertad. Si obligamos a hacer algo por autoridad o miedo al castigo, hará las cosas como un autómata, sin nunca comprender nada, y así, de adulto, será fácilmente manipulable, sin capacidad de decisión, sin pensamiento crítico y racional; y esto lo acabará convirtiendo en presa fácil del sistema, en una marioneta más”, señala.

En cuanto a nuestra intervención ante un conflicto, Verónica Pérez cree que siempre es recomendable dejar que los niños intenten resolverlo por sí mismos, de manera autónoma, ya que desde nuestra perspectiva adulta siempre es más difícil interpretar toda la situación. Solo somos necesarios si ha escalado la violencia y van a agredirse o dañarse: “En ese caso podemos ayudarles a gestionar su conflicto, pero siempre recordando que es algo entre ellos, nosotros no tenemos que dar la respuesta correcta, sino facilitar que entre los propios niños lleguen a acuerdos”. Para ello, la psicóloga opina que lo más recomendable es no sacar nuestras propias conclusiones, sino facilitar un espacio en el que ellos se puedan expresar, escuchen al otro, saquen su propio aprendizaje y puedan llegar a un acuerdo. “Tenemos que dejar a un lado nuestra visión adulta, ya que los acuerdos a los que pueden llegar a nosotros nos pueden parecer injustos, pero si a los niños les funcionan y sirven para continuar con su juego, no podemos primar nuestra visión adulta, exterior y desconectada de su vivencia infantil”, concluye.

Familia

Julio Iglesias, nuevo hijo y nuevo nieto

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Julio Iglesias aún no ha tenido tiempo de procesar la noticia de que tiene un nuevo hijo, Javier Sánchez Santos, y ya tiene que hacer frente a la incorporación de otro nuevo miembro a la familia. «Voy a ser papá. Será el quinto nieto para Julio Iglesias», ha revelado Sánchez en una entrevista a la revista Semana. El juez de Valencia José Miguel Bort declaró la semana pasada la filiación en una sentencia en la que resaltó el «evidentísimo parecido físico» entre el cantante y su nuevo hijo tras un culebrón que ha durado tres décadas, cuando la madre de Javier, la bailarina portuguesa María Edite Santos, promovió la primera demanda de paternidad.

En la entrevista, Javier Sánchez ha asegurado que se enteró de la sentencia durante la primera ecografía del bebé. «Cuando colgué a mi abogado le dije a mi mujer: ‘Dicen que los bebés vienen con un pan debajo del brazo. Mi hijo traerá justicia», ha contado. También ha confirmado que el cantante ya conoce la noticia. «Le mandé una carta a mi padre y le dije que esperaba un bebé. Sé que la ha recibido», ha señalado. «No le dije que iba a ser abuelo, sino que yo iba a ser padre». Además, ha continuado diciendo Sánchez, «estaría encantado» de que el artista conociera al bebé algún día. «Creo que las personas cuando envejecen se van haciendo más sensibles. Tengo esperanzas de que él se vaya sensibilizando». Sin embargo, por ahora no ha recibido contestación por parte del cantante. Eso sí, indica que sus hermanos «no» saben que será papá: «Ojalá algún día pudiera tener relación con ellos. Me gustaría mucho».

Sin embargo, el abogado de Iglesias ya adelantó antes de la sentencia su intención de recurrirla si era desfavorable para los intereses del cantante, como así ha sido. Y pocas horas después la fiscalía de Valencia también anunció que recurrirá el fallo emitido por el Juzgado de Primera Instancia número 13 de Valencia. Por ello, en la misma entrevista Sánchez ha aclarado que no tiene nada que celebrar. «¿Cómo voy a estar contento con un padre que me rechaza?», ha declarado. También ha resaltado que no guarda rencor a su padre, pero que entiende que su madre, después de años de lucha, sí quiera vengarse de Julio Iglesias. 

El nuevo hijo de Julio Iglesias, de 42 años, es fruto de una relación de su madre, María Edite Santos, y el cantante, que coincidieron en una sala de fiestas de la Costa Brava. Era el verano de 1975 y el artista estaba entonces casado con Isabel Preysler. 

Iglesias se ha negado en estas tres décadas a practicarse la prueba de ADN que habría zanjado, en un sentido u otro, la disputa legal. Su abogado insistió el pasado miércoles que estará dispuesto a hacérsela si la Audiencia de Valencia confirma la tesis del juez Bort de que el caso podría reabrirse pese a haber sido analizado por la justicia en los noventa. El planteamiento del letrado puede quedar, sin embargo, en un brindis al sol, porque es dudoso que a esas alturas del proceso quepa practicar nuevas diligencias. El juez Bort subrayó, de hecho, que tal «eventualidad resulta procesalmente imposible».

Si la sentencia es confirmada en los recursos anunciados por el abogado del artista y la Fiscalía — para lo que falta al menos un año— Sánchez tendrá derecho no solo a la parte que legalmente le corresponda de la eventual herencia del cantante, que podría ascender a unos 30 millones de euros, según la estimación del patrimonio de Iglesias (unos 800 millones) elaborada por Forbes, sino también, sostiene su letrado, Fernando Osuna, a una indemnización “por el daño moral que ha sufrido y sigue sufriendo” como consecuencia de la negativa del artista, que nunca ha hablado en público del asunto, a admitir el parentesco. El abogado sevillano prepara ya la demanda civil.

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Familia

Qué hacer con los niños en verano en Madrid

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Hay que coger aire cuando el 21 de junio tus hijos bajan la persiana del colegio. En el horizonte, tres meses por delante que dan para sacar un máster en conciliación, marcarse un curso avanzado en paciencia y hasta para superar con éxito un entrenamiento marine. Aprendizaje autodidacta y con prácticas. ¿Qué hacer con los niños en verano en Madrid? Es cierto que el entorno urbanita no ofrece una gran desconexión, ni libertad para el juego, pero siempre hay alternativas al aire acondicionado del centro comercial. “El tráfico rodado es más abundante, ubicuo y agresivo, por lo que se limita mucho la movilidad autónoma de los niños. Y si a eso le añadimos un estilo de vida suburbano, en el que los lugares de encuentro como plazas o parques están alejados de las viviendas y necesitamos un vehículo para acudir a ellos, pues los chavales lo tienen complicado. No es de extrañar que los centros comerciales se hayan convertido en los nuevos lugares de juego, pero de una forma mucho más perversa”, afirmaba Katia Hueso, bióloga y autora de ‘Jugar al aire libre’, en una entrevistasobre la falta de espacios en las ciudades para un juego y movimiento más libre.

Os damos algunas ideas buenas, bonitas y baratas (o gratuitas) para no desesperar abrasados por el asfalto madrileño –y los “me aburro”– e intentar superar con éxito este tránsito ambivalente que hemos iniciado hacia septiembre.

Al agua patos

Las piscinas naturales son uno de los lugares imperdibles para las familias madrileñas. Podemos planificar un día al completo y disfrutar de piscinas rodeadas de vegetación porque, como todos sabemos, la tortilla de patatas y la sandía saben mejor allí. Las presillas en Rascafría son las más populares. Son perfectas por su cercanía a Madrid, su entorno –en pleno valle de El Paular– y por su precio: gratis si vamos caminando desde el pueblo o la carretera, o pagando el parking si accedemos a ellas por este camino. Además, si nos cansamos del agua tenemos la opción de un paseo por el arboreto de Giner de los Ríos –una hectárea de terreno en la que se agrupan más de 200 especies de árboles de los bosques de Europa, Asia y América–, de una subida a pie hasta las Cascadas del Purgatorio y hasta de una visita cultural en el Monasterio de Santa María de El Paular, ubicado todo a tiro de piedra de Las presillas.

Si queremos conocer una de las piscinas naturales más grandes de España ­–ni más ni menos que de 4.000 metros cuadrados­– también podemos organizar una excursión al precioso pueblo de Buitrago de Lozoya, a poco más de 70 kilómetros de la capital. Allí, en la sierra madrileña de Guadarrama, y con agua procedente del embalse de Riosequillo, encontramos esta piscina en un entorno natural privilegiado y donde también se puede disfrutar de actividades como la visita a un jardín botánico con más de 200 especies diferentes o la práctica de fútbol o baloncesto en sus pistas deportivas.

Otro de los lugares más concurridos es el del área recreativa de Las Berceas, en Cercedilla. Aquí encontramos dos piscinas de gran tamaño –aunque con el agua muy fresca– y seguimos disfrutando de un entorno natural maravilloso, el del Valle de la Fuenfría en la Sierra del Guadarrama, rodeado de pinos. Tiene una explanada bastante amplia de césped, aseos y merenderos. ¿Y si nos cansamos del agua? Pues si tenemos niños mayores de 6 años tenemos un plan B: recorrer las copas de los árboles, lanzarnos por las tirolinas y cruzar los puentes de cuerdas que encontramos en el complejo de Aventura-Amazonia.

Si no nos queremos mover mucho de la ciudad pero necesitamos sofocar el calor tenemos los chorros de agua de la playa de Madrid Río, en el parque lineal que se extiende a los márgenes del río Manzanares. Se trata de un espacio acuático muy amplio donde hay diversos chorros de agua, y que también dispone de una explanada de césped para poder tumbarse. Eso sí, se satura mucho los días más calurosos del verano, especialmente los fines de semana.

Por último, para darnos un remojón también tenemos los parques de atracciones acuáticos. Aunque es una opción más cara que las anteriores –y quizás también la más saturada-. En Madrid encontramos Aquopolis (Villanueva de la Cañada y San Fernando) y Parque Warner Beach (San Martín de la Vega), y en todos ellos hay atracciones de mayor o menor intensidad, incluidas atracciones adaptadas a la seguridad de los más pequeños.

Parques bonitos (y con muchas opciones)

Aunque nunca son suficientes los espacios verdes, en la Comunidad de Madrid hay un montón de parques y zonas ajardinadas. A los ya clásicos de El Retiro, el Campo del moro, la Casa de Campo (donde por cierto podemos aprovechar para subir al Teleférico) y Parque del oeste, todos ellos con ejemplares de árboles de más de 150 años, esculturas y fuentes preciosas, hay otros quizás menos conocidos pero que merece mucho la pena visitar. El Parque del Capricho, por ejemplo, es un lugar bellísimo que dispone de una enorme riqueza natural y artística (templetes, fuentes, esculturas y el palacio de los duques de Osuna). Se encuentra en el barrio de la Alameda de Osuna, en una zona bastante tranquila y de fácil acceso en trasporte público o en coche. Eso sí, no está permitida la entrada con comida, animales ni pelotas, bicicletas o patines, y tiene un horario bastante limitado. De reciente apertura en este mismo lugar encontramos un búnker de la Guerra Civil, de gran interés por su buena conservación, cuya visita puede ser un planazo familiar.

En la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, en el Corredor del Henares, el Parque Europa es una opción genial para familias. En él encontramos réplicas de 18 monumentos europeos (la Puerta de Brandeburgo, antigua puerta de entrada a Berlín, nos da la bienvenida al parque), pero también tirolinas (¡impresionantes!), cascadas de agua, barcas de remos y hasta una mujer gigante con la que aprender cómo funciona el cuerpo humano. Y todo ello en una de las mayores zonas verdes de la comunidad, con más de 200.000 metros cuadrados y más de 5.000 árboles; árboles aún pequeños, por lo que es imprescindible el uso de gorras y protector solar para resguardarnos del sol.

Cine de verano

En verano podemos disfrutar de un Madrid de cine (perdón por la broma fácil) gracias a sus sesiones de verano distribuidas en diferentes puntos clave de la capital. La emoción de un plan tan diferente y lo agradable que resulta ver una película al aire libre convierten este plan en un éxito seguro. Para los pequeños, claro, pero también para los mayores. Imperdibles los de Conde Duque, el Palacio de Cibeles y La Bombilla por la calidad del sonido y por la ubicación. En estos tres hay diversas propuestas para todos los públicos.

El Autocine Madrid Race, donde estrenos y clásicos se van turnando, también puede ser un plan divertido y original para hacer en familia si queremos marcarnos una velada al más puro estilo Grease.

De verbena en verbena

En verano se abre ante nosotros un amplio abanico de fiestas a las que asistir. Están las de algunos de los barrios más míticos de Madrid, pero también las de localidades cercanas. En la capital son de visita obligada las celebraciones de San Cayetano (Embajadores), San Lorenzo (Lavapiés) y la Paloma (La Latina), que se celebran consecutivamente y en barrios muy próximos, durante el mes de agosto. Son un plan diferente para cuando baja el calor y apetece salir de casa. Además de puestos de comida y bebida, hay escenarios donde se celebran actuaciones. También organizan todos los años programas de actividades lúdicas para familias.

El Boalo, La Poveda, Becerril de la Sierra, Torrelodones, San Sebastián de los Reyes, Perales del Río, Villanueva de la Cañada, Collado Villalba, Manzanares el Real, San Lorenzo de El Escorial, Chinchón o Alcalá de Henares son algunos de los muchos municipios madrileños que celebran sus fiestas en verano. Visitar sus verbenas puede ser una excusa perfecta también para conocer otras zonas de la provincia.

Museos al fresco

Los museos son el otro plan fuerte del verano: cultura, diversión y aire acondicionado. El trío perfecto. De visita imperdible los museos de Ciencias Naturales, el Arqueológico Nacional (que ofrece unos interesantes talleres de carácter gratuito los domingos por la mañana) y el del Ferrocarril (que el pasado mes de junio celebraba el 50 aniversario de la salida del último tren de esta estación legendaria de Delicias reconvertida en museo). En todos suelen organizar un montón de actividades y talleres para los más pequeños. En la Biblioteca Nacional también organizan talleres para niños (de 5 a 12 años) durante los meses de julio y septiembre y sus exposiciones son quizás las menos conocidas pero no por ello menos interesantes –y que son además gratuitas– para los niños un poco más mayores y jóvenes.

Y si queremos sorprenderles con un museo diferente podemos acercarnos al Centro de Naturaleza Insectpark, en San Lorenzo de El Escorial. Se trata de un centro de divulgación científica y cultural único en Europa donde encontramos un sinfín de bichos de todo tipo. Planazo para los pequeños exploradores amantes de los insectos raros y para los curiosos insaciables.

Pasaporte lúdico de la ciudad

No se puede cerrar una lista de propuestas para hacer con los niños en Madrid sin plantear la creación de un Pasaporte Lúdico para conocer a fondo la ciudad y sus alrededores. Julia Iriarte, psicóloga y fundadora del blog BAM! Ocio alternativo familiar, explicaba cómo “gamificar” un viaje a Japón en este vídeo hace tres años. Desde entonces son muchos los ejemplos de “gamificación” de destinos que han ido apareciendo en la red. Vale, este verano no nos vamos a Japón ni siquiera a Torrevieja. ¿Nos quedamos en Madrid? Pues seguramente, y aunque sea nuestro lugar de residencia, podemos descubrir y conocer a fondo la ciudad y su entorno. Solo necesitamos un poco de imaginación, ganas de descubrir y la colaboración de los protagonistas de la aventura aprovechando las vacaciones –y que nosotros seguramente hayamos superado varios exámenes de ese Máster en paciencia del que hablaba al principio.

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Familia

Así son los cinco hijos de Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger

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El mismo día que se ha conocido el fallo del juez de Valencia que declara que Javier Sánchez Santos es hijo de Julio Iglesias, la esposa del cantante, Miranda Rijnsburger, protagoniza la portada de la revista ¡Hola! rodeada de los cinco hijos que tiene con el artista. Sentados sobre unas escaleras aparece la esposa de Julio Iglesias junto a Miguel, de 21 años; Rodrigo, de 20; las gemelas Victoria y Cristina, que acaban de alcanzar la mayoría de edad, y Guillermo, de 12.

Todos han llegado de Miami, donde residen junto al cantante, para disfrutar de los meses de verano en España. “Nos apasiona, nos encanta venir. Tenemos a este país siempre en el corazón”, asegura la exmodelo holandesa, de 53 años a la publicación. Julio Iglesias, que no aparece en el reportaje fotográfico, también ha viajado con ellos a España, aunque estos días se encuentra de viaje en Punta Cana.

El destino lo desvela el primogénito de la pareja, Miguel, que acudió con su madre al desfile de Ágatha Ruiz de la Prada celebrado el pasado lunes en la Semana de la Moda madrileña. Aunque un poco intimidado por el revuelo mediático que se generó a su alrededor, Miguel Iglesias sacó a relucir su perfecto castellano contestando a las preguntas de los medios. Junto a él, además de Miranda, estaba su novia, Danielle Obolevitch, una joven rusa con la que sale desde hace dos años y ya es una más en la familia, a juzgar por las imágenes de la publicación que muestran la buena sintonía que la rusa tiene tanto con la madre como con los hermanos de Miguel Iglesias.

Miranda Rijnsburger y su hijo Miguel Alejandro Iglesias con su novia Danielle Obolevitch, en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, el lunes.

Miguel tiene un gran parecido físico con su hermano mayor, Enrique Iglesias, y llama especialmente la atención la gran similitud que su novia también guarda con la pareja del cantante, la extenista Anna Kournikova, con quien tiene dos hijos. Además del físico —las dos con largas melenas rubias y cuerpos atléticos—, Obolevitch también es una gran aficionada al tenis, deporte en el que Kournikova fue profesional.

Miguel, que también ha heredado la pasión por la música de su padre y sus hermanos, se dedica a producir música y trabaja mano a mano junto a su hermano, Rodrigo, que también quiere ser artista. Aunque el verdadero objetivo del mayor es ganarse la vida desde el otro lado del escenario, ya que estudia Finanzas y está interesado en los negocios, como reveló en una entrevista hace unos meses su hermano Julio José. 

Mientras que los hombres de esta familia parecen querer seguir los pasos en el mundo en el que su padre ha sido una estrella, las chicas se decantan más por el talento de la madre. Además de sus genes, las gemelas también han heredado de Miranda Rijnsburger su pasión por la moda. Victoria y Cristina Iglesias sueñan con hacer carrera y triunfar en este terreno como un día lo hizo su madre. Los primeros pasos los dieron el pasado mayo, cuando acudieron como invitadas a la gala del Museo Metropolitano de Nueva York, organizada por Anna Wintour, la todopoderosa editora de la revista Vogue. En el que fue su debut en sociedad, las jóvenes pasearon y sonrieron para los fotógrafos dejando clara su intención de convertirse en modelos. Cristina y Victoria, rubias, altas y espigadas como su madre, posaron con vestidos idénticos, la una en rosa y la otra en azul. Eran dos creaciones con un solo tirante, cuajadas de plumas, cortas por delante y con larga cola, que habían sido creados por el taller de Oscar de la Renta, diseñador que en vida fue gran amigo de la familia.

Victoria y Cristina Iglesias, en la gala del Met.

Además de su gusto por la moda y las redes sociales –entre ambas suman más de 200.000 seguidores en Instagram– las gemelas Iglesias Rijnsburger siguen estudiando. Hablan a la perfección inglés, español y holandés y pretenden seguir carreras universitarias. Victoria quiere estudiar Administración de Empresas y Cristina, Derecho o Historia. De Guillermo, el benjamín, de momento se desconoce hacia dónde dirigirá su futuro profesional, pues ahora está centrado en sus estudios escolares.

Julio Iglesias, de 75 años, y Miranda Rijnsburger, de 53, llevan una década como matrimonio—pasaron por el altar en la parroquia de la Virgen del Carmen de Marbella en verano de 2010— y casi 30 años juntos. Iglesias había estado casado previamente con Isabel Preysler, con quien tuvo tres hijos, Chabeli, Julio José y Enrique.

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