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Familia

Cómo convivir con adolescentes

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“¿Cuánto dura esto?” Esta es la pregunta que, con más frecuencia, me plantean los padres y madres de adolescentes en mis talleres y es que la mayoría de ellos desconocen tres cuestiones que, a mi entender, son importantes. La primera de ellas es que la adolescencia es una etapa, y como tal, no dura toda la vida, aunque a algunos, se les haga interminable. La segunda es que no saben cuándo comienza, tan solo advierten algunos cambios de conducta en sus hijos e hijas pero, a menudo, lo interpretan como algo que está fallando “¡con lo bien que iba todo…!”, y por último, todos padecen una especie de amnesia y no recuerdan que ellos también pasaron por esa etapa de la vida.

Con respecto al comienzo de la adolescencia, aunque esta sociedad se empeñe en adelantarla cada vez más, podemos decir que comienza entre los 11 y los 13 años, con una variación dependiendo del sexo, ya que los estudios confirman que las niñas comienzan y acaban el proceso de maduración un poco antes que los niños, pero cuidado, no podemos pensar que una niña de ocho o nueve años es una preadolescente o una adolescente es tan solo una niña, a pesar de la hipersexualización a la que se ven cada vez más sometidas.

¿Cuándo finaliza?

Entre los 19 y 21 años, aunque algunos psicólogos afirman que a los 25. Por lo tanto, dura una media de ocho años, existiendo una diferencia por sexo. Se trata por tanto, de una etapa un poco larga, sobre todo si carecemos de herramientas para una comunicación efectiva y una convivencia sana. ¿Recuerdas cuándo eras adolescente? ¿eres capaz de reflexionar sobre alguna cosa que hiciste durante esa etapa y que nunca le contaste a tus padres? Recordar tus años de adolescente te ayudará a calmar un poco las preocupaciones y a recobrar la confianza en tu hijo.

¿Qué ocurre en el cerebro durante este proceso?

La maduración cerebral: aunque el cerebro se desarrolla de manera gradual durante la infancia es, al final de esta cuando alcanza su tamaño máximo. Por lo tanto, se llega a la adolescencia con el cerebro prácticamente desarrollado pero falta la última fase, la maduración. Es la base del cerebro adulto. Este es un periodo donde se produce una extraordinaria reorganización cerebral, comparable a los tres primeros años de vida, por tanto, los cambios más importantes no están relacionados con el desarrollo cerebral, si no con un proceso de reorganización de las diferentes regiones cerebrales que mejora la comunicación entre las mismas. Es la base del cerebro adulto, donde empieza a formarse la identidad.

Se trata de un proceso biológico que está fuera de su control y que la doctora en Educación y terapeuta Jane Nelsen, identifica con el proceso de individualización. Este se caracteriza por una serie de cambios en la conducta de nuestros hijos que, todos los padres y madres de adolescentes, somos capaces de identificar…

Los adolescentes tienen la necesidad de descubrir quiénes son.

  • Atraviesan por enormes cambios físicos y emocionales (Un día no paran de hablar y al día siguiente se limitan a contestar con monosílabos).
  • Exploran y ejercitan su poder personal y su autonomía. Necesitan sentir su poder e importancia en el mundo. Dirigir, sin ser dirigidos.
  • La relación con los amigos tiene prioridad sobre las relaciones familiares. Necesitan construir relaciones con personas de su misma edad. Por tanto, empezarán a querer desmarcarse de los planes familiares.
  • Tienen una gran necesidad de privacidad. Sobre todo dentro de su entorno familiar.
  • Se trata de una etapa en la que subestiman a los padres, que pueden llegar a convertirse en “una vergüenza” para ellos (“No me dejes en la puerta”, “No me des la mano”, “No me beses”).
  • Se ven a sí mismos como omnipotentes y sabiondos.

El proceso de indvidualización a menudo parece rebeldía a los ojos de los padres. Esta es la causa principal por la que muchos padres reaccionan en lugar de actuar de forma reflexiva y auto modelando.

En mi opinión, este es un momento decisivo en la crianza de nuestros hijos ya que va a afianzar el patrón educativo que hayamos empleado con ellos hasta ahora. Si, hemos sido muy autoritarios, puede que se distancien, se vuelvan dependientes emocionalmente o bien se vean incapaces de madurar, ya que carecerán de habilidades para hacer sus propias decisiones. Si por el contrario, fuimos permisivos, se verán muy perdidos, sin límites e inseguros. Por tanto, esta etapa quizá nos remueva la conciencia y seamos conscientes de la necesidad de cambiar nuestro estilo educativo, lo que no implica cambiar de valores.

Las terapeutas, Jane Nelsen y Lynn Lott, afirman que los padres avivamos las llamas de la rebeldía de los adolescentes cuando:

  1. No comprendemos, respetamos o apoyamos el proceso de individualización.
  2. Tomamos este proceso, como algo personal (“Con todo lo que he hecho por ti…”)
  3. Nos sentimos culpables. (En Disciplina Positiva siempre decimos que no es cuestión de culpabilidad sino de responsabilidad).
  4. Nos asustamos de los errores de nuestros hijos. (Cuando es inevitable que los cometan. Y no solo ellos, nosotros, como padres, también).
  5. Tratamos de impedir la individualización a través de la culpa, el castigo, la humillación, la sobreprotección o la negligencia.
  6. Pensamos que la forma en la que se comportan nuestros hijos será para siempre.
  7. No respetamos el hecho de que nuestro hijo sea diferente y pueda elegir un estilo de vida con el que no estemos de acuerdo.

Se trata por tanto, según las terapeutas, de dejar de ser el piloto y convertirse en el copiloto. No importa si te dicen constantemente que les dejen en paz, necesitan tu apoyo y sentir que estás a su lado.

Familia

Diez manualidades para hacer con tus hijos este verano

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Tienen tus hijos demasiados juguetes? Con cada cumpleaños, navidades e incluso por regalos inesperados de familiares y amigos, la colección no deja de crecer, y no siempre les sacan partido. Una situación que podemos cambiar en verano, cuando el descanso escolar y el buen tiempo brindan la ocasión perfecta para compartir con ellos su tiempo de ocio de una manera divertida y creativa; que sean ellos mismos, con la ayuda de sus padres, quienes fabriquen y personalicen sus propios juguetes, gracias a la ingente cantidad de manualidades al alcance de unos pocos clics. Son tantas las ideas que podrías pasarte meses haciendo actividades sin parar y sin riesgo de repetir ninguna de ellas.

A la hora de elegir qué actividad hacer con tu hijo, es fundamental tener siempre presente que, ante todo y sobre todo, la manualidad es un juego, y como tal ha de ser una experiencia placentera para los más pequeños. A partir de ahí, presentan un amplio cartel de beneficios que van más allá del desarrollo de su imaginación y su capacidad creativa: “También fomentan la paciencia, la constancia y la capacidad de concentración; les enseña a compartir y aprenden a esperar su turno, a respetar al compañero… Además, si todo eso funciona, van incluso a ayudar a reducir el estrés en el niño”, explica la doctora Ana Miralles, especialista en neuropediatría y vocal de la Sociedad Valenciana de Pediatría. Eso sí, conviene asegurarse de que elegimos actividades que estén acordes con su desarrollo madurativo, ya que según su edad podrán hacer unas cosas u otras.

Si tenemos eso presente, las manualidades pueden también ayudarles a expresar sus emociones y a solucionar problemas que puedan surgir si algo no sale bien o hay que sustituir, por ejemplo, un material por otro. Por eso “es muy importante que el padre no dirija esa manualidad, que no la convierta en una clase magistral de cómo hay que hacer algo”, argumenta la doctora Miralles. “Lo que tiene que hacer es compartir y eliminar las barreras que impidan al niño desarrollar esa manualidad. (…) Estos ejercicios les van a preparar para la vida, porque así podrán medir lo que son capaces de hacer, hasta dónde pueden llegar” al experimentar, explorar el entorno y descubrir cosas nuevas. Hacer manualidades con el padre o la madre, esa figura que le ayuda, le enseña y le da seguridad, servirá, además, para que el vínculo entre ellos sea más fuerte.

Sea cual sea la edad del niño, contribuirán a mejorar su destreza manual (la psicomotricidad fina), lo que les va a ayudar mucho en cuanto inicien la lectoescritura: “Cuando tengan que hacer líneas o trazos, tendrán esos esquemas motores mucho más interiorizados y les será más fácil. Y una vez conseguido ese hito, podremos realizar actividades más complejas, poner las metas más lejos…”, explica Miralles. Y recuerda que, en esto, la perfección no es lo más relevante. Lo importante es que el niño vea que ha sido capaz de hacerlo, y el reconocimiento que reciba, independientemente de cómo haya salido, le ayudará a desarrollar un sentido de la autoestima sano.

Diez manualidades para compartir con tu pequeño

A modo de muestra, te sugerimos una serie de actividades para divertiros juntos por muy poco dinero y que incluso os permitirán compartir valores tan necesarios como la sostenibilidad, la paciencia o la generosidad. Eso sí, recuerda asegurarte primero de que escoges un sitio que esté acorde con la manualidad que vayáis a realizar para, por ejemplo, poder pintar sin tener que estar pendiente de si se mancha la alfombra, y que el niño pueda expresarse sin miedo a romper algo. Vamos allá.

Un globo muy animal

En esta actividad, excelente para trabajar la psicomotricidad fina, utilizaremos unos globos sobre palillos de madera para convertirlos en todo tipo de animales. Necesitaremos además las plantillas de los animales, pegamento no tóxico o cola, tijeras y hojas blancas gruesas. De Art Attack.

Recicla tus botellas de plástico

Cajas de regalo, copas originales e incluso unos zapatos de emergencia son algunas de las 17 diferentes ideas para hacer manualidades con botellas de plástico vacías. Unas ideas muy creativas que te permitirán enseñarles a tus hijos la importancia del reciclaje, de la mano de Ideas en Cinco Minutos.

De una caja de zapatos, un futbolín

¿A que tienes una caja de zapatos vacía en algún lugar del armario? Pues con la ayuda de unas pinzas para la ropa, palillos de madera, tijeras, pinturas y una buena dosis de creatividad podréis convertirla en un original futbolín con los colores de vuestros equipos favoritos. Esta y otras ideas para divertirse reciclando, nos vienen de Handfie.

Marcapáginas de Pocoyó

Cuando los niños realizan figuras de papel, aprenden no solo a concentrarse en la actividad, sino también a tener visión espacial y a coordinar diferentes sentidos a la vez, como la vista y el tacto. En esta manualidad, los niños podrán elaborar un marcapáginas de origami con la cara de Pato, uno de los populares personajes de Pocoyó, que nos trae estas y otras ideas muy originales. Tan solo necesitarás la plantilla, pegamento de barra, rotuladores de colores, tijeras y papel.

Joyero con palitos de helado

Hacer un cofre de colores para que los más pequeños guarden sus tesoros será cosa de coser y cantar con esta actividad que nos viene desde Manualidades Infantiles. Todo lo que necesitarás es un puñado de palitos de helado, pinturas acrílicas, una pistola de encolar (o cola), una regla y una bolita de madera.

Una libélula de papel

Una sencilla manualidad para hacer junto a los más pequeños de la casa. Utilizando cartulinas de varios colores, pegamento y tijeras, podréis fabricar una bonita libélula que los niños podrán hacer volar y utilizar después en sus juegos. Una de muchas actividades veraniegas que encontraréis en Con mis hijos.

Una marioneta de rana

Con pinturas acrílicas, unos platos de plástico o cartón, cartulina verde y roja y poco más seréis capaces de crear la rana más simpática de todo el pantano… Una manualidad con videotutorial de Clarimanitas que seguro os tendrá entretenidos un buen rato, y que se puede adaptar fácilmente a otros animales.

Disfraces caseros

Desde Minnie o Mickey Mouse a la estatua de la libertad, pasando por una muñeca manga, un mimo, mariposas, abejas o caracoles, un minion o, por qué no, el mismísimo Luke Skywalker son algunas de las propuestas que nos propone Rosa, la mamá de Manualidades Infantiles. Diseñar y construir un disfraz en casa fomenta la creatividad, la imaginación y la paciencia del niño, y hará que disfrute doblemente de su aventura.

Pinta tu propia camiseta

Para esta actividad necesitaréis una camiseta blanca, pintura textil, una lámina de cartón, pinceles, tijeras, platos desechables y cinta adhesiva. Dejad volar vuestra imaginación y cread motivos geométricos pegando la cinta adhesiva en la parte frontal de la camiseta, de forma que la llenéis de líneas en todas las direcciones. Después usa tus colores favoritos para rellenar los espacios entre ellas.

Haz tus propios puzles

Los palitos de helado reaparecen en esta última sugerencia para ayudarte a realizar unos puzles caseros para los más peques, con las imágenes de sus personajes de dibujos favoritos. Winnie de Pooh, Elsa, Mickey… ¡Tú decides! Imprime las imágenes que quieras usar y sigue este tutorial de El Invernadero Creativo, que tiene también otras sugerencias organizadas por edades. No dejes de echarlas un vistazo.

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Familia

Amamos tal como nos amaron

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LA OBSERVACIÓN del comportamiento infantil dio pie al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby (1907-1990) para definir la teoría del apego, entendido este como el vínculo afectivo y conductual que desarrolla el niñocon sus padres o cuidadores en la primera infancia, y que va a determinar su desarrollo cerebral y emocional. Pero no fue hasta finales de los años ochenta cuando los psicólogos Cindy Hazan y Phillip Shaver concluyeron que las relaciones amorosas de cada uno reproducen las relaciones de apego que vivió en la infancia.

Hay definidos cuatro tipos de apego del niño a su madre, que al crecer reproduce en sus relaciones amorosas de adulto.

Seguro. La figura cuidadora se preocupa sinceramente por el bebé, entiende y atiende sus necesidades sin ser invasiva ni tampoco negligente. Transmite al niño afecto, respeto y cuidado, facilitando su progresiva autonomía. El niño, cuando se ausenta la “madre”, siente disgusto y ansiedad, pero consigue calmarse y consolarse él solo. Cuando la madre vuelve, se halla a gusto con ella. Son niños que se sienten queridos y consiguen equilibrar la presencia física y el vínculo afectivo con el deseo de autonomía y aventura necesario para el aprendizaje.

Amamos tal como nos amaron
SR. GARCÍA

De adultos se encuentran cómodos en las relaciones personales y disfrutan al compartir la intimidad. Se sienten queridos y saben alejarse de quienes les hacen daño. Reconocen sus emociones y son capaces de pedir consuelo y de expresar sus necesidades afectivas. El tipo de relaciones que entablan son duraderas, respetuosas y no idealizadas, y comprenden los altibajos naturales en una relación.

Inseguro-evitativo. La figura cuidadora se muestra hostil o fría hacia las demandas afectivas del niño porque las considera excesivas, caprichosas o inapropiadas y rehúye o raciona el contacto físico con el bebé. Considera estas necesidades como una debilidad que es necesario educar con disciplina, a base de privaciones y dosificación del cariño. Estos niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas y a renunciar a la intimidad para no provocar rechazo y mantener así el vínculo. Eso los convierte en adultos huidizos que sienten que sus emociones son engorrosas para los demás y ven la necesidad de afecto como una debilidad. Su nivel de ansiedad es bajo, con escaso neuroticismo y una cota muy alta de actitudes evasivas que les impiden compartir su intimidad con la pareja.

Inseguro-ansioso ambivalente. La figura cuidadora muestra una actitud imprevisible para el niño, originada por dificultades que sufre ella misma. No es que rechace al bebé, sino que unas veces se muestra indiferente y lo ignora, y otras se muestra cariñosa, alegre, equilibrada y atenta a sus necesidades. Esta actitud impredecible genera mucha ansiedad en el niño, quien, privado de patrones comprensibles, no entiende por qué unas veces sus necesidades —incluso las básicas— son desatendidas y otras veces son los reyes de mamá.

Estos bebés serán adultos inseguros en sus relaciones, con mucha ansiedad ante las separaciones y ante las emociones negativas, aprensivos, celosos, suspicaces y bastante melodramáticos. Necesitan sentirse permanentemente vinculados a sus parejas, a veces de manera agobiante para ellas, y así ahuyentar la ansiedad que les provoca la separación. Estas parejas son muy dependientes del otro, interpretan cada gesto como una amenaza a la relación y oscilan entre la bronca, la sumisión y el arrepentimiento. Su felicidad o desánimo dependen de la atención que reciba del otro: mientras se muestre disponible y cariñoso, desaparece la ansiedad y reina la confianza y el equilibrio; pero esto nunca es suficiente: al primer gesto de independencia de la pareja se reactivará la espiral ansiosa y demandante.

Los niños cuya figura cuidadora ha sido fría con ellos tienen de adultos problemas para 
compartir su intimidad

Desorganizado. Es el tipo más patológico de apego. La figura cuidadora es gravemente insensible o manifiesta actitudes violentas hacia el niño. El bebé no puede sobrevivir sin ella, que es al mismo tiempo una amenaza: esta paradoja le provoca un colapso psíquico traumático. Son niños llenos de dolor, miedo, agresividad, sentimientos de ambivalencia, inseguridad… que recurren al bloqueo emocional y la disociación para poder sobrellevar su realidad. De adultos sufren grandes dificultades para identificar sus emociones y padecen bloqueos y confusión de sentimientos. Para ellos las relaciones afectivas son amenazantes, de manera que las evitarán o se sucederán las rupturas. Son personas inestables, con dificultades para respetar los derechos y los límites del otro.

Los trastornos del apego nacen de un déficit de seguridad, cariño y atención en la infancia; pero hay una buena noticia ante este aparente determinismo: aunque no es posible volver al pasado, sí se pueden reparar sus destrozos. Con una terapia psicológica adecuada, los adultos podemos recobrar la autoestima y hacernos cargo de nuestro cuidado y nuestra seguridad, darnos a nosotros mismos eso que no recibimos en la infancia. El especialista nos ayudará a perder el miedo y ganar la confianza y el respeto por nosotros mismos y por los demás. Con las debidas herramientas, maduraremos emocionalmente y seremos con nosotros mismos las figuras cariñosas y cuidadoras del niño que fuimos. Entonces disfrutaremos de un apego sano y seremos capaces de construir una relación gratificante y adulta con una pareja adecuada. 

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Familia

Día de los Abuelos: una figura esencial en el entorno familiar

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Es una pena que no se pueda recuperar el tiempo perdido. Si volviera otra vez a mi niñez disfrutaría de mis abuelos, mucho más. Añoro los momentos vividos junto a ellos. Los fines de semana eran “de los abuelos”. La visita a los paternos solía producirse los domingos por la mañana. Recuerdo que junto a mi hermano siempre nos escabullíamos hasta la cocina, mientras mi abuela Trini hablaba con mi padre, para abrir, sin que nadie nos escuchara, la puerta de la nevera donde aguardaba un bote de leche condensada colocado estratégicamente que mi hermano degustaba con avidez. La otra visita, a María y Manolo, solía ser el sábado por la tarde. Una pareja de lojeños que, pese a los años que llevaban viviendo en Madrid, habían logrado mantener intacto su acento andaluz. Hoy en el Día Mundial de los Abuelos, quiero rendirles un merecido homenaje.

Dice José Augusto García Navarro, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), que “los abuelos son parte de la familia y aportan experiencia, estabilidad emocional y visión calmada y serena ante los problemas cotidianos. Su participación, además, es muy importante para contribuir a la estabilidad económica de la familia en muchos casos. Una situación que, lamentablemente, hemos vivido en los recientes años de crisis económica”.

Un reconocimiento a la labor de todos los abuelos y abuelas que de manera altruista y generosa dedican su tiempo a cuidar de sus nietos; que hacen que la vida de sus hijos sea más llevadera; que siempre están ahí para ayudarles en lo que necesiten; que durante los últimos años han sido y, muchos de ellos siguen siendo hoy en día el sustento familiar. También, a todos aquellos que han decidido apuntarse a coro, a los que están aprendiendo a pintar, nadar, jugar al ajedrez o a la petanca, o a tocar la guitarra. Y, sobre todo, a los que se encuentran en situaciones comprometidas de salud, los que sufren soledad o a aquellos que viven en situación de dependencia. Porque, según señala García Navarro, es en estos casos “cuando es muy importante continuar contando con ellos en el núcleo familiar, hasta que la situación sea insostenible”. “Lamentablemente existen muchas familias que no hacen participar a los ancianos de la vida en familia y que claramente los excluyen cuando necesitan apoyo por su situación de dependencia o enfermedad”, explica el presidente de la SEGG.

Los abuelos se han convertido, actualmente, en una figura clave en la estructura de muchas familias españolas. The Family Watch asegura que “cada vez tienen un papel más activo. Las circunstancias laborales de los padres y la necesidad de poder integrar el trabajo con la vida familiar hace necesario recurrir a su ayuda para hacerse cargo de los nietos. Un apoyo indiscutible para el entorno familiar, en el que aseguran también la enseñanza, transmisión y consolidación de esos valores que son propios de las familias”.

La contribución que hacen los abuelos al cuidado de sus nietos es, en opinión de The Family Watch, bidireccional: “los abuelos aportan a los nietos ese tiempo que pocas veces tienen los padres, junto a ellos las horas pasan más despacio, cuentan historias de cuando ellos eran pequeños, leen cuentos interminables, son cómplices de sus nietos, ayudan a construir infancias desde su experiencia…Y los nietos les aportan niñez, juventud, les ayudan a mantenerse activos, favorece eso que denominan los expertos ”envejecimiento activo” y les ayudan en la socialización y, además, toda la familia se beneficia de esas relaciones intergeneracionales”. Además, en muchos casos, sin la ayuda de los abuelos, tanto económica como del cuidado de los nietos, sería complicado conciliar la vida familiar con el trabajo. Por eso, desde The Family Watch opinan que sería necesario una reflexión, “para que se promuevan políticas de conciliación en las empresas, establecimiento de «campamentos de verano» que tengan el mismo horario escolar o bien, dotando de ayudas directas a las familias en el cuidado de los hijos”.

Los abuelos transmiten sabiduría y experiencia junto con tranquilidad y estabilidad. Además, según José Augusto García Navarro aportan, al menos, cuatro grandes beneficios:

  • · Les aportan equilibrio emocional, especialmente ante situaciones familiares difíciles, como la enfermedad de un familiar cercano.
  • · Sensación de familia, al hacer visible la relación abuelos, padres y nietos. Es muy importante aquí la frecuencia del contacto, la realización de actividades de acompañamiento, pasear, jugar juntos, etc.
  • · Suelen divertirse mutuamente aportando momentos de alegría que dan fortaleza emocional a los nietos.
  • · Los abuelos suelen representar un ejemplo a seguir en cuanto a normas de conducta y apoyo a la familia.

“Los nietos que no han tenido la suerte de disfrutar de sus abuelos, se han perdido una parte de su familia. Hubiesen ganado más matices emocionales y relacionales si hubiesen podido disfrutar de ellos” insiste el presidente de SEGG.

Pero, en ocasiones, los expertos aseguran que hay que vigilar que los ancianos dispongan de tiempo para, también, realizar su vida autónoma con el resto de amigos y amigas de su generación y que el cuidado de los nietos no se convierta en una pesada carga. En algunos casos, la excesiva responsabilidad y sobreesfuerzo físico provocado por el cuidado puede llevar a una verdadera situación de burn-out, o síndrome del abuelo quemado, creando situaciones de estrés crónico, insomnio, depresión, etc. “Si se llega a estas situaciones (que son más frecuentes de lo deseable porque cada vez más parejas trabajan y tienen dificultades para cuidar a sus hijos), hay que poner remedio de forma rápida para retomar una relación satisfactoria y que los abuelos puedan soportar”, asiente José Augusto García Navarro.

En la colaboración que realizan los abuelos a la educación de sus nietos, también surgen a veces conflictos con los progenitores de los niños y las niñas en la manera en como estos la llevan a cabo. Margarita Montes, psicóloga en Álava Reyes, expone que “el respeto de los abuelos/as hacia como su hijo/hija decide educar a los nietos es prioritario. A veces puede resultar muy difícil de cumplir. Se sienten con más experiencia y perspectiva y ven los errores. Pero aunque no estén de acuerdo, han de pensar que mandar mensajes contradictorios a los niños les confundirá y será un motivo de conflicto”. En su opinión, pueden hacer algunas excepciones, pero estas deben ser consensuadas con el padre y la madre, “que serán los que luego a diario realmente lidien con la educación del niño/a. Padres y madres aprenderán de sus propios errores, si se les apoya. Si se les juzga, el resultado será el alejamiento”.

La psicóloga de la clínica Álava Reyes habla también del abuelo/a cuidador/a que se ha ido implantando de manera, cada vez, más arraigada entre las familias. Margarita Montes declara que “los niños siempre se han criado en comunidad, con abuelas/os, tías… Ahora es más difícil por las distancias de las ciudades y se generan alternativas nuevas que sobrecargan más a los abuelos, ya que suelen tener que desplazarse y modificar sus horarios, cuando antes era al contrario. Pero, la figura sigue siendo tan necesaria para niños y niñas, que siempre que los abuelos gocen de salud y de estar con sus nietos/as… bienvenidos sean”.

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