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Vida

18 secretos para gozar de una larga vida

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Todos queremos disfrutar de una larga vida.  Algunos hábitos pueden ayudarnos a mantenernos saludables y extender nuestro tiempo de vida. Poblaciones como las de Okinawa, en Japón, demuestran que la dieta resulta importante para extender nuestro tiempo de vida. También debemos cuidar de dormir un buen número de horas por día, el estado de ánimo, las relaciones sociales y la realización personal son también importantes para alcanzar una vejez saludable. A continuación les ofrecemos algunos secretos para vivir una larga vida de felicidad.

Proteja a su ADN
A medida que envejecemos, los extremos de los cromosomas, llamados telómeros se hacen más cortos, esto hace que las personas sean más vulnerables a la enfermedad. Se podría pensar que no hay nada que puedas hacer, pero una nueva investigación sugiere lo contrario. En un estudio piloto, los cambios de estilo de vida impulsan una enzima que aumenta la longitud de los telómeros. Otros estudios también encuentran que la dieta y el ejercicio pueden proteger a los telómeros. Así que los hábitos saludables pueden retardar el envejecimiento a nivel celular.

Ser consciente
Un estudio de 80 años encontró que uno de los mejores predictores de una larga vida es una personalidad consciente. Los investigadores midieron los atributos como la atención al detalle y la persistencia. Encontraron que las personas que son conscientes hacen más cosas para proteger su salud y toman decisiones que conducen a relaciones más fuertes y mejores carreras.

Hacer amigos
La ciencia le ha dado una razón más para estar agradecidos por sus amigos y es que podrían ayudarle a vivir más tiempo. Investigadores australianos hallaron que las personas más sociables eran menos propensas a morir durante un período de 10 años en comparación con las personas con la menor cantidad de amigos. Otro análisis de los resultados de 148 estudios apoya la relación entre la abundancia de conexiones sociales y la longevidad.

Elija sus amigos sabiamente
Los hábitos de los amigos influyen sobre usted, así que debes buscar compañeros con estilos de vida saludables. Los estudios indican que la obesidad es socialmente «contagiosa». Su oportunidad de convertirse en obeso aumenta en un 57% si usted tiene un amigo que se vuelve obeso. Fumar es otro hábito que se propaga a través de los vínculos sociales, pero la buena noticia es que dejar de fumar es contagioso.

Dejar de Fumar
Si bien no es ningún secreto que el abandono de los cigarrillos puede alargar sus días, la cantidad de tiempo extra le puede sorprender. Según un estudio británico de 50 años, dejar de fumar a los 30 años podría aumentar su esperanza de vida por toda una década. Dejar el hábito a la edad de 40, 50, o 60 la esperanza de vida aumenta en un 9, 6, o 3 años, respectivamente.

Disfrute de la Siesta
La siesta es estándar en muchas partes del mundo, y ahora hay evidencia científica de que la siesta puede ayudar a vivir más tiempo. Un estudio reciente con 24.000 participantes sugiere que los que durmieron la siesta regular tienen un 37% menos de probabilidades de morir de enfermedad cardíaca que los que durmieron la siesta ocasionalmente. Los investigadores creen que la siesta podría ayudar a su corazón a mantener un nivel bajo de hormonas del estrés.

Seguir una dieta mediterránea
La dieta mediterránea es rica en frutas, verduras, cereales integrales, aceite de oliva y pescado. Un análisis de 50 estudios con más de medio millón de personas muestra los impresionantes beneficios de esta dieta. Los resultados muestran que reduce significativamente el riesgo de síndrome metabólico, una combinación de obesidad, glucosa elevada, el aumento de la presión arterial y otros factores aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes.

Comer como en Okinawa
Los habitantes de Okinawa, Japón tuvieron una vez la mayor esperanza de vida en el mundo. Los investigadores atribuyen esto a la dieta tradicional de la región, que es rica en vegetales verdes y amarillos y bajos en calorías. Algunos habitantes de Okinawa tienen la costumbre de comer sólo el 80% de la comida del plato. Como las generaciones más jóvenes se han apartado de estas tradiciones, la esperanza de vida en Okinawa se ha reducido.

Casarse
Varios estudios muestran que las personas casadas tienden a vivir más que sus homólogas solteras. Muchos investigadores atribuyen la diferencia al apoyo social y económico que el matrimonio ofrece. Mientras que un matrimonio actual ofrece el mayor beneficio, las personas que están divorciadas o viudas tienen menores tasas de mortalidad que aquellos que nunca han estado casados.

Perder peso
Si usted tiene sobrepeso, adelgazar puede protegerle contra la diabetes, enfermedades del corazón y otras enfermedades que acortan la vida. La grasa del vientre parece ser particularmente perjudicial, por lo que se recomienda reducir la grasa de esa zona. Un estudio de 5 años en el que participaron hispanos y afro-americanos sugiere comer más fibra y hacer ejercicio con regularidad estas son maneras eficaces de reducir la grasa del vientre.

Hacer ejercicio
La evidencia es abrumadora en cuanto a que personas que hacen ejercicio viven más en promedio que aquellos que no lo hacen. De acuerdo con docenas de estudios, la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedades del corazón, embolias, diabetes, algunos tipos de cáncer, y depresión. El ejercicio puede incluso ayudar a mantener la agudeza mental en la vejez. Diez minutos de arranques de actividad están muy bien, siempre y cuando se sumen a alrededor de 2,5 horas de ejercicio moderado por semana.

Beber con Moderación
Las enfermedades cardiacas son menos comunes en los bebedores moderados que en las personas que no beben en absoluto. Pero hay que tener en cuenta que el exceso de alcohol rellena el vientre, aumenta la presión arterial y puede causar una serie de otros problemas de salud. La Asociación Americana del Corazón recomienda que si usted bebe alcohol, el límite debería ser una bebida al día para las mujeres y uno o dos para los hombres. Pero si usted no bebe, no comience. Hay muchas otras maneras de proteger su corazón.

Sea más espiritual
La investigación sugiere que las personas que asisten a servicios religiosos tienden a vivir más que las personas que nunca asisten. En un estudio de 12 años de personas mayores de 65 años, quienes asistieron a los servicios más de una vez a la semana tenían mayores niveles de una proteína del sistema inmunológico que sus compañeros que no asistieron a ningún servicio. Ellos también fueron significativamente menos propensos a morir durante el período de estudio. La red social fuerte que se desarrolla entre las personas que adoran juntos pueden contribuir a su salud en general.

Perdonar
Dejar ir los rencores tiene sorprendentes beneficios para la salud física. La ira crónica está relacionada con la función pulmonar disminuida, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y otras dolencias. El perdón ayuda a reducir la ansiedad, bajar la presión arterial, y le ayudará a respirar más fácilmente. Estos beneficios tienden a aumentar a medida que envejece.

Use el cinturón de seguridad
Los accidentes son la quinta causa más común de muerte en los EE.UU., y la principal causa de muerte entre las edades de las personas de 1 a 24. El uso de equipo de seguridad es una forma sencilla de aumentar sus probabilidades de gozar de una vida larga. En el caso de un choque de vehículo de motor los cinturones de seguridad reducen el riesgo de muerte o lesiones graves en un 50%. En accidentes de bicicleta, la mayoría de las muertes son causadas por lesiones en la cabeza, por lo que siempre debería usar el casco.

Haga del sueño una prioridad
Dormir lo suficiente puede reducir el riesgo de obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas y los trastornos del humor. Dormir lo suficiente también le ayudará a recuperarse de la enfermedad con mayor rapidez. Trabajar de madrugada, por el contrario, conlleva riesgos graves para la salud. Dormir menos de 5 horas por noche aumenta el riesgo de muerte prematura, así que el sueño es una prioridad.

Controlar el estrés
Dean Ornish, MD, ha publicado investigaciones que sugieren que los cambios de estilo de vida, incluyendo el manejo del estrés no sólo ayudan a prevenir enfermedades del corazón, también ayudan a mejorar la calidad de vida en general. Trate de practicar yoga, meditación y respiración profunda. Incluso unos cuantos minutos al día puede hacer una diferencia.

Mantener un sentido de propósito
Encontrar los pasatiempos y actividades que tengan significado para usted puede contribuir a una vida larga. Investigadores japoneses descubrieron que los hombres con un fuerte sentido de propósito eran menos propensos a morir de un derrame cerebral, enfermedades del corazón, u otras causas en un período de 13 años en comparación con aquellos con un bajo sentido de propósito. Otro estudio en el Rush University Medical Center indica que el tener un mayor sentido de propósito está vinculado a un riesgo reducido de enfermedad de Alzheimer.

Vida

Un ex científico de la NASA cree que ya se descubrió vida en Marte en los 70

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¿Qué pensaría usted si le encargaran uno de los experimentos científicos más importantes de la historia, se saldara con aparente éxito y, a continuación, los resultados fueran descartados? Así le pasó al excientífico de la NASA Gilbert Levin, cuyos instrumentos detectaron en 1976 lo que parecía ser vida en Marte. Pero el hito se fue desinflando… hasta quedar en nada.

Levin, investigador principal del experimento para detectar vida en la misión Viking, aún sigue convencido de que no sólo hay microorganismos en el planeta rojo, lo que sería compatible con todo cuanto sabemos hoy de Marte, sino que sus instrumentos lograron ya detectarlos hace más de cuatro décadas.

Los resultados positivos del detector de vida de las Viking, llamado Labeled Release (LR), fueron descartados por la NASA y la comunidad científica por no resultar concluyentes. Sin embargo, Levin argumenta que no hay ninguna explicación definitiva sobre por qué el experimento arrojó esos resultados, por lo que él sigue pensando que lo que detectó fueron realmente trazas de vida.

«Estoy convencido de que encontramos vida en Marte», ha titulado el científico un provocador artículo de opinión publicado en la revista divulgativa Scientific American, en el que lamenta que la NASA no haya vuelto a enviar detectores de actividad biológica en sus posteriores misiones al planeta. Levin critica que el próximo vehículo de exploración, el ‘Mars 2020‘, tampoco vaya a portar ningún instrumento como el empleado en el programa Viking.

«El 30 de julio de 1976, el LR envió sus resultados iniciales desde Marte. Sorprendentemente, eran positivos», señala Levin en su opinión, de la que se ha hecho eco la CNN. «Parecía que habíamos respondido a la pregunta definitiva«.

La NASA ha logrado en las últimas décadas importantes descubrimientos sobre las posibilidades de vida pasada y presente en Marte. Sin embargo, tal y como recuerda Levin, no ha vuelto a realizar un experimento como el suyo, en el que se intente detectar directamente la presencia de microorganismos vivos.

«Inexplicablemente, en los 43 años transcurridos desde la Viking, ninguna de los subsiguientes vehículos en Marte ha llevado un instrumento de detección de vida para continuar estos emocionantes resultados», lamenta Levin, cuyos análisis se inspiraron en la «simplicidad» de los pioneros hallazgos de Louis Pasteur en 1864.

RASTROS DE METABOLISMO

El instrumento LR inoculó en muestras de suelo marciano una solución con nutrientes, con el objetivo de comprobar si algún tipo de vida microscópica consumía el ‘alimento’ y dejaba un rastro de actividad metabólica. Curiosamente, los sensores sí registraron actividad, aunque el consenso científico posterior apuntó a que provenía de otra clase de reacciones químicas, en las que la vida no estaba involucrada.

Pero Levin, al igual que su colega en el LR, Patricia Ann Straat, siempre ha defendido que la explicación más consistente con los datos sigue siendo la presencia de microorganismos. «¿Cuál es la prueba contra la posibilidad de vida en Marte? El asombroso hecho es que no hay ninguna», señala el científico en su artículo.

Una afirmación que, independientemente de la interpretación que se haga de los resultados de la Viking, podría suscribir hoy cualquier experto de la NASA. No en vano, la misión Mars2020, que despegará en julio del año que viene, tiene como objetivo declarado «responder a preguntas clave sobre el potencial para la vida en Marte«.

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Casi todas las cosas que nos preocupan no ocurrirán jamás

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Las consecuencias del cambio climático, cobrar la nómina a final de mes, reservar la casa rural para el puente antes de que esté ocupada, la cantidad de azúcar en el bote de tomate frito, el Brexit, si el mosquito tigre que no me deja dormir me transmitirá alguna enfermedad, si crío bien a mis hijos, si tendré cáncer alguna vez, si tendré un accidente con la bicicleta al dar un paseo… La lista de preocupaciones en el día a día puede ser enorme. Los Y si… son infinitos, los hay para todos los gustos y pueden llegar a colapsar tanto nuestra atención que al final quedemos paralizados. Creemos que, sí o sí, muchas de ellas van a pasar y nos sentimos indefensos, perdidos. Pero no hay que alarmarse: la inmensa mayoría de las cosas que nos preocupan jamás ocurrirán.

Preocuparse es humano. Estamos programados para ello, para anticiparnos a los peligros y ser capaces de generar un plan B, en caso de que lo que nos da miedo que pase termine ocurriendo. Pero la estadística está de nuestra parte. Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania refleja que, de media, el 91 por ciento de las preocupaciones de las personas no se hacen realidad. La investigación se ha realizado con una treintena de personas que sufren trastorno de ansiedad generalizada, quienes escribieron en un papel todo lo que les preocupaba durante un mes. A algunos sujetos del estudio no vieron que se hiciera realidad ni una de sus preocupaciones. El objetivo del trabajo era demostrar que los temores a corto plazo son inválidos, lo que reduce la ansiedad. Y mejora la salud. «Una mayor evidencia de la inexactitud [en las preocupaciones de los sujetos estudiados] predijo una mejora superior en el tratamiento», indican los autores de la investigación, Lucas La Freniere y Michelle Newman.

Para el psicoterapeuta Luis Muiño, los resultados se podrían atribuir a casi cualquier persona de la sociedad occidental. El especialista anima a que cada cual haga el experimento: que se pregunte qué cosas le preocupan más, qué acontecimientos previstos le dan más miedo y que, un año después, compruebe cuántas se han cumplido. «El cálculo típico es que el 90% no ocurren nunca», asegura. El resultado se parecerá mucho a lo que el pensador estadounidense Earl Nightingale dijo en los años cincuenta del siglo pasado: el 40% de lo que nos preocupa jamás ocurrirá, el 30% es pasado por lo que las preocupaciones no lo podrán cambiar; el 12% son preocupaciones innecesarias sobre nuestra salud y el 10% son pequeñas e inconexas. Con estos datos, apenas nos queda un 8% de preocupaciones legítimas a las que debemos prestar atención. Menos de una de cada diez.

El mundo más seguro es el que más inseguridades tiene

El psiquiatra norteamericano William Samuel Sadler describió la preocupación como una «incapacidad para relajar la atención» sobre algo que nos produce miedo. No todas las personas se preocupan por lo mismo ni en la misma medida, pero a todos nos inquieta algo. Y la preocupación no es buena ni mala por sí misma. De hecho, es una capacidad que nos ha permitido llegar hasta aquí. «Sin el estrés, la alerta o la preocupación ante una amenaza no hubiéramos sobrevivido. Es algo que tienen todos los animales y, claro, nosotros también», dice Guillermo Fouces, doctor en psicología y coordinador de Psicología Sin Fronteras. El especialista indica además que el estrés ante un examen, hablar en público o una cita es bueno, ayuda a activarnos, a estar alerta. Pero se convierte en negativo cuando va más allá, cuando magnificamos problemas que no lo son y hacemos un mar de una simple gota de agua. «También cuando creamos una amenaza inventándola mentalmente». Así es, por ejemplo, como puede arrancar un trastorno obsesivo compulsivo: una persona puede pasar de simplemente prestar atención a su salud y lavarse las manos antes de comer a terminar haciéndolo 500 veces al día.

Preocuparse mucho por demasiadas cosas nos hace estar alerta todo el tiempo, y eso puede derivar en ansiedad y otros problemas como el trastorno de ansiedad generalizada. No preocuparse por nada, en cambio, acaba en depresión. Además, no todo está en nuestras manos. «La clave es responder ante cada preocupación con la medida justa», subraya Francisca Expósito, catedrática y decana de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada. Según cuenta, la preocupación nos prepara para actuar porque aumenta el nivel de adrenalina y ayuda a enfrentarnos a las cosas. «Es una respuesta adaptativa», insiste. Expósito también explica que la cantidad de información que recibimos hoy en día ayuda a incrementar las preocupaciones: leemos decenas de artículos sobre éxitos y fracasos, comida saludable, crianza de los hijos, vida social, los mejores restaurantes, dinero, relaciones de pareja… «El ser humano tiene la necesidad de controlar el mundo que le rodea. Si escuchamos algo grave lo ponemos en situación, comparamos si nos puede pasar, nos planteamos si lo estamos haciendo bien», explica la docente. Todo ello genera mayor preocupación.

«La paradoja es que, en el mundo más seguro que jamás ha existido, sintamos inseguridades permanentes», subraya Guillermo Fouces, quien destaca la importancia del que el pensador polaco Zygmunt Bauman denominó miedo líquido. Es decir, el producido por aspectos como la crisis o los mercados financieros y otros muchos conceptos que no son tangibles, que se pueden escapar a nuestro entendimiento. «Ahí no podemos estructurar la manera de responder. Y eso es aún peor», añade Fouces, quien que cree que, cuando no nos inventamos las amenazas, otros lo hacen por nosotros. «Los moralizadores siempre han estado ahí», insiste el psicólogo Luis Muiño. Sin embargo, él opina que es muy difícil comparar el miedo del ser humano en los diferentes momentos históricos. «Creo que el nivel de ansiedad durante toda la historia de la humanidad ha debido de ser muy similar», afirma Muiño.

El especialista destaca que lo que marca la diferencia en la actualidad es que el ser humano, al menos en Occidente, exige más de su salud mental, quiere estar menos preocupado y disfrutar más. El nivel de autoexigencia es mayor. Muiño también achaca la ansiedad a los dogmas que, si un día pudo ser la iglesia, ahora puede ser la gastronomía. Es decir, querer lo que otros muestran en sus perfectos perfiles de Instagram también genera preocupaciones: «Pero claro, hay que darse cuenta de que esa gente no sube imágenes cuando va a una hamburguesería o se come cualquier cosa para cenar». Las redes sociales (donde no toda la información es buena), además, son solo uno de los muchos estímulos que respondemos a la vez: una conversación por WhatsApp mientras mantenemos otra en persona, las noticias en televisión, el pensamiento sobre qué cena cocinar, la fiesta del fin de semana…

«Hay que ocuparse, no preocuparse»

«Preocuparnos excesivamente por cosas que tienen solución destruyen la felicidad y cualquier oportunidad de éxito», añade Francisca Expósito. «Por eso lo importante no es tanto preocuparse, sino ocuparse», añade la decana de la Facultad de Psicología granadina. Y ocuparse significa relativizar, racionalizar lo que se piensa y cerrar preocupaciones. Desgranar lo importante de lo que no, lo urgente de lo que no. Eliminar peso de la mochila. Porque al no tener cosas pendientes y poder pasar página, se afronta la vida de una mejor manera.

¿Pero cómo se consigue? Hay varias fórmulas válidas, desde escribir las preocupaciones un día y leerlas al día siguiente (para ver que no eran tan importantes) a sentarse una hora concreta del día a pensar en todas ellas. «A muchas personas les resulta más fácil olvidarse de una preocupación si se han otorgado un momento y un lugar específicos para recuperarlo», dice Leahy en su obra The Worry Cure. Otra opción es afrontar los miedos desde la experiencia. Ya sea subiendo a una altura para quien tenga vértigo, paseando por la playa para comprobar lo complicado que es que te caiga un rayo (aunque conviene tener ciertas precauciones durante una tormenta) o comiendo un día pasteles para entender que por sí solos no van a acabar con tu salud si mantienes una dieta equilibrada. «Hay que ser responsables, pero también vivir la vida con ciertos deslices. Hay que preocuparse, pero no siempre ni por cualquier cosa. La vida es contraste, no todo es perfecto ni todo es malo», concluye Expósito.

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Tener hijos te hace más feliz, pero hay que esperar 30 años para notarlo

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La paternidad es un buen motivo para sonreír a la vida, pero no mientras los niños vivan en casa. Es lo que se deduce de una investigación dirigida por el profesor Christoph Becker, de la universidad alemana de Heidelberg, que ha visto la luz en la revista PloS One. Teniendo en cuenta que en España la costumbre es que las criaturas continúen bajo las faldas de mamá y papá hasta bien entrados los 30, o nos trasladamos a países como Dinamarca, donde los nidos se vacían alrededor de los 20, o hacemos acopio de paciencia.

El estudio analizó la carga económica, afectiva y social de la paternidad, así como la importancia de la prole cuando es adulta en personas de 16 países diferentes, mayores de 50 años, que valoraron su bienestar emocional. La impresión fue unánime: las personas con hijos independientes se deprimen menos y tienen mayores probabilidades de alcanzar una estabilidad económica. Además, duermen más plácidamente, disponen por fin de tiempo libre, los gastos disminuyen y tienen menos responsabilidades. Son factores que, de acuerdo con Becker, cuentan cuando se habla de felicidad.

Para Raúl Santos García, psicólogo y psicoterapeuta, los resultados son los propios de la sociedad actual del espectáculo, la cultura del narcisismo y unos tiempos líquidos que se relacionan con el individualismo y el debilitamiento de los vínculos. «Los procesos y conflictos durante la crianza -explica- son estresantes. Nos comprometemos en su educación y en la formación de su identidad, lo cual supone un acto de amor que chirría con nuestra cultura contemporánea. La cultura del rendimiento, del ideal de perfección y del placer inmediato ha hecho eco en las relaciones familiares», opina.

Lo cierto es que el asunto trae de cabeza desde hace tiempo a los investigadores, y no parece que haya posibilidad de consenso. Si tomamos como referencia una revisión de varios trabajos publicada en la revista Psychological Science, está claro que la paternidad y la maternidad son la mejor ruta hacia la felicidad. «Las personas con hijos experimentan una mayor cantidad de emociones positivas y encuentran en ellos el significado de la vida», aseguran sus autores. Pero los profesores Mikko Myrskylä y Rachel Margolis disponen de datos en los que la balanza se inclina a favor de la tesis de Becker. Su investigación determinó que tener descendencia es peor que un divorcio o estar en el paro.

El propósito de esta pareja fue llegar hasta el fondo de las causas de la baja natalidad en los países desarrollados donde, por cierto, suele decirse que se desean más hijos que los que realmente uno acaba queriendo. Al comparar el nivel de satisfacción con la vida tres años antes y dos después de tener hijos, vieron que caía de forma drástica, sobre todo por la dureza de la crianza en los primeros años. Ya se sabe, agotamiento, insomnio, depresión y aislamiento social… Eso sí, si, como dice Becker, todo son parabienes una vez los hijos han crecido, aún falta que la prole entienda que el nido está hecho para volar.

¿Y qué pasa si vuelven?

Según los últimos datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, el 81 % de los jóvenes entre 16 y 29 años siguen en casa, guardando a buen recaudo las llaves del paraíso prometido que supuestamente espera a sus progenitores. Y la tendencia es que el mismo porcentaje se prolongue hasta los 34. En países como Suecia, Dinamarca, Luxemburgo y Finlandia, los jóvenes dejan el hogar familiar al cumplir los 20, de acuerdo con los últimos datos de Eurostat.

Por sacarle un aspecto positivo a la independencia tardía, el psicólogo Esteban Cañamares dice que hay más tiempo para pensar cómo se va a reconstruir el hogar. Pero nada de convertir sus dormitorios en vestidores, trasteros o despachos, porque la situación es reversible. En cuanto el bolsillo flojee, los hijos no dudarán en regresar al hogar familiar, según una pauta que se viene observando desde 2008.

Son generaciones en las que, según Santos García, la prioridad es la libertad de elección. «Se trata de individuos que no toleran las frustraciones y tienden a la inmediatez y a la búsqueda incesante del placer. Están preparados para la consecución de deseos a corto plazo ante las constantes seducciones, haciendo que las exigencias y la celeridad sustituyan el ser por el tener. Por eso la depresión y la soledad son síntomas sociales cada vez más pandémicos». Con este panorama, la función parental es camaleónica, especialmente durante la adolescencia, ya que los progenitores deben detectar sus necesidades y apoyarles sin menoscabar su libertad.

El modo de emprender su independencia va a ser el reflejo de su legado afectivo. «Tenemos dos polos opuestos -señala el psicólogo-. Por un lado, aquellos padres que no están disponibles a nivel afectivo ante las demandas filiales. Por otro, aquellos que educan desde su narcisismo, cayendo en el riesgo de la desautorización y del sometimiento por parte del hijo. Entre un extremo y otro, lo bueno sería preservar una asimetría entre progenitores e hijos marcando unos límites desde el amor. Transmitamos que no todo es válido y enseñemos a lidiar con la frustración». Son este tipo de cosas las que revertirán en la edad adulta de nuestros hijos y en el amor que nos transmitan a lo largo de nuestra vida.

Lo importante es cederles las alas de la independencia que, como dice el orador estadounidense Denis Waitley, son el mejor regalo que se le puede dar. «Que echen a volar no significa que se rompa el lazo. Los padres continúan centinelas por si hubiese algún problema. El consejo es ir levantando cimientos que soporten ese hogar cuando el nido se vacía. Cultivar buenas relaciones de amistad fuera del hogar, emprender nuevas tareas, salir a practicar deporte y participar en eventos culturales, políticos o voluntariado», recomienda Cañamares.

No es soledad, sino retiro libre de tensiones

Hay padres que llevan más de 20 o 30 años viviendo por y para sus hijos, por lo que el abandono del nido de sus polluelos, es decir, el distanciamiento físico y emocional, ocasiona un auténtico seísmo que les acarrea tristeza y soledad, según señala Santos García. ¿Qué modo hay de evitarlo, teniendo en cuenta que cada vez este momento nos pilla más arrugados? «La pareja debe escucharse y reacomodarse en sus deseos, necesidades y expectativas tanto individualmente como de relación, pasando a ser nuevamente los actores principales de sus vidas».

Su consejo es dejar de lado el concepto de soledad como pérdida o aislamiento, pues nos debilita a nivel de autoestima y nos hace sentir dependientes (y llega la vejez), y conceptualizarla como retiro, lo que se correspondería con un estado autosuficiente y libre de tensión. «Una adaptación exitosa a la senectud (inherente al hecho de que los hijos son mayores y se van de casa) requiere hacer el duelo, reconocer cierta dependencia y distanciamiento, pero sin perder el apego».

La posición adulta madura sería aquella en la que se ha renunciado a las ataduras de los hijos. «Crecer bien en la vejez -recuerda el psicoterapeuta- no consiste en esforzarse por ser joven, sino que implica la aceptación de uno mismo y de la propia vida como ha sido y como es, con todas sus complejidades, aceptando a los otros con sus aspectos positivos y negativos, asumiendo la pérdida y la incapacidad como oportunidades de nuevas experiencias y de desarrollo».

Aunque tarde en llegar, lo saludable es que esa marcha ocurra. Si ellos se han hecho mayores para irse de casa, los padres también lo son para cambiar el enfoque y, como indica la última investigación, pensar en los beneficios de la nueva situación. Santos García sugiere algunas pautas: «Ser creativos direccionando la energía empleada en los hijos. Expresar los sentimientos, pues no deja de ser un proceso de duelo. Readaptarse a las nuevas necesidades filiales, puesto que nos continuarán necesitando. Darse cuenta de los pensamientos negativos intrusivos que nos estresan y que podemos llegar a transmitir a nuestros hijos generando un sentimiento nocivo y de alejamiento. Practicar deporte o meditación. Viajar con la pareja, buscar nuevas actividades, ampliar el abanico de amistades y compartir tiempo con familia y amigos». En definitiva, mostrar orgullo y felicidad por el ansiado despegue filial.

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