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La Airef alerta del descontrol y la opacidad de 14.000 millones de euros en subvenciones

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La Autoridad Fiscal ha presentado el día de ayer el primero de varios estudios para evaluar la eficiencia y eficacia del gasto público en ámbitos tan diversos como los medicamentos o las becas universitarias. Las subvenciones públicas han sido la primera partida en pasar el examen, y la institución ha detectado «deficiencias de los procedimientos de control, reintegro y (régimen) sancionador». El descontrol no es legal sino en cuanto que estas ayudas no cumplen los objetivos de políticas públicas que deberían perseguir.

La Airef cree que existen hasta 30.000 millones de euros destinados en convocatorias de subvenciones, aunque admite que «no es posible determinar el volumen de gasto total». Así, su análisis se centra en unos 14.000 millones de euros concedidos finalmente por Estado (3.000 millones), comunidades autónomas (donde se concentran 9.700 millones) y entidades locales (1.600), de acuerdo a las ayudas que recoge la Base de Datos Nacional de Subvenciones (no todas, pero sí de las que se dispone de más información y han sido objeto de un marcaje más estrecho). Bajo los tres prismas que ha utilizado (planificación estratégica, mecanismos de coordinación y análisis de procedimiento), la Airef constata que «falta transparencia» en todos los procesos.

En concreto, el Estado es la administración que suspende con claridad en la planificación estratégica ya que hasta 2017 no empezó a hacerla –en la actualidad todos los ministerios menos dos elaboran planes estratégicos–, mientras que las CC.AA. y los entes locales sí la realizaban.

En este sentido, hay mucha heterogeneidad, con administraciones que lo hacen mal y otras bien. Murcia, Navarra y Cataluña destacan por su buen hacer mientras que en la Administración del Estado, la Airef valora el trabajo del Ministerio de I+D+i y tira de las orejas a Justicia, que aún es de los escasos dos ministerios que no cuenta ni con planes estratégicos.

Pero las reprimendas de la Airef también salpican a las administraciones que elaboran planes estratégicos para las subvenciones, ya que en la mayor parte de los casos los entes públicos ven cumplidos sus objetivos simplemente si se gasta todo el dinero presupuestado o si se beneficia a un número fijado de personas, sin hacer un seguimiento de las subvenciones que la Airef constata «van a fondo perdido». En algunos casos no se puede ni saber si hay solapamientos y duplicidades por la opacidad de los procedimientos.

Las administraciones también suspenden en cuanto a la coordinación de las subvenciones. Pese a que se celebran cuarenta conferencias sectoriales, la Airef detecta «un enfoque centralista», de forma que solo la mitad tienen grupos de trabajo por lo que, a su entender, son reuniones políticas donde no se evalúan los criterios de reparto, que datan del momento en que se creó la conferencia en cuestión bajo enfoques arbitrarios y discrecionales.

Ahora es el ministro en cuestión el que preside cada una de estas mesas y fija el orden del día, por lo que la Airef detecta una profusión de «negociaciones bilaterales». Como ejemplo, los 300 millones de euros anuales de subvenciones en vivienda se reparten en base a criterios arbitrarios que datan de 1992 y que desde entonces no se han actualizado. La Airef reclama que sea la intervención general la que realice un control interno y el Tribunal de Cuentas, un control externo.

Evaluación independiente

Para evaluar los resultados y hacen un marcaje más intenso, proponen la creación de una institución independiente de evaluación de políticas públicas. Y que haya grupos de trabajo, fijación de estrategias comunes, conferencias multisectoriales y un secretariado técnico de estos órganos para hilar la relación entre Estado y comunidades, en el que deberían participar también los grandes ayuntamientos, según la Airef.

También reclama la Airef reformar la ley del ramo, en primer lugar, para clarificar qué es una subvención: esta cuestión es importante, ya que de acuerdo a la metodología de contabilidad nacional, hay 12.000 millones de euros en subvenciones (si se consideran solo las concedidas a empresas), mientras que bajo el enfoque de la Autoridad Fiscal, ascienden a 27.791 millones las convocatorias de las que, finalmente, se conceden 14.299 si se atiende al registro de la Base de Datos Nacional de Subvenciones.

Esta clarificación es especialmente urgente para las subvenciones sociales y las directas (es decir, aquellas que no precisan un concurso acreditando requisitos sino que se abonan automáticamente). Asimismo, la Airef pide reformar la Ley de Subvenciones para adaptarla a la Ley de Concursos Públicos y la Ley Genera Tributaria, que han tenido cambios de calado en los últimos años.

Perseguir a los subvencionados indebidamente

Otra de las peticiones de la Airef es que se fomente un régimen sancionador como ocurre con el sistema tributario: ahora mismo, si alguno del millón de beneficiarios de estos 14.000 millones anuales de subvenciones ha recibido esta ayuda sin cumplir los requisitos o sin desarrollar los resultados que perseguía, no hay sanción y, en muchos casos, tampoco hay reembolso.

La Airef urge a penalizar a los que reciben subvenciones de forma indebida, algo que ahora no ocurre. Fuentes del organismo señalan que hay patrones de beneficiarios que cobran varias subvenciones de varios niveles administrativos, para las que el seguimiento es insuficiente. También urge la institución a seguir el dinero concedido y evaluarlo, ya que en un 8% de los casos ni siquiera hay consignación financiera.

Hasta un 10% se pierde en cargas administrativas

Otro «debe» del sistema es que tiene una gestión ineficiente, que absorbe entre un 5 y un 10% del dinero consignado a las subvenciones, que en vez de ayudar a más beneficiarios potenciales se pierde en cargas administrativas. «Las subvenciones suponen una elevada carga administrativa tanto para los gestores como para los beneficiarios, sin que las iniciativas de simplificación hayan dado los frutos esperados», concluye el informe.

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“La escuela tradicional no responde al funcionamiento del cerebro”

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Si algo tiene claro Salman Khan (Nueva Orleans, 43 años) es que no hay que limitar a los niños con nuestro propio aprendizaje. Han nacido en otro tiempo. Khan, matemático, ingeniero eléctrico e informático formado en Harvard y el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) se estrujó el cerebro para dar con una nueva pedagogía que ayudara a una de sus sobrinasprimas de 12 años a entender las matemáticas. Lo consiguió. “Sin prejuicios ni hábitos adquiridos”, cuenta, porque él nunca había sido docente. Descubrió que la clave era buscar las conexiones con otras áreas, todo eso día tras día en conversaciones desde Boston —donde él residía— a Nueva Orleans. Así identificó el “gran fallo” de la escuela tradicional: el contenido se imparte fragmentado, en temas autoconclusivos. Con todas las conexiones cortadas.

Khan, que ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación 2019, ha conseguido convulsionar el panorama educativo. Desde que creó en 2009 la Academia Khan, una plataforma online gratuita de aprendizaje y sin publicidad (sin ánimo de lucro), más de 72 millones de personas de todo el mundo han seguido alguna de sus 7.000 lecciones en vídeo, unas 100 horas de contenidos que abarcan desde la aritmética básica a la Revolución Francesa. Son distintivos de su modelo pedagógico los llamados mapas de contenidos, un software que encuentra conexiones entre los temas y genera ejercicios de forma automática.

“Es más fácil entender una idea si la puedes relacionar con otra que ya conoces”, explica Khan sentado en uno de los sillones del Hotel de la Reconquista, en Oviedo, tratando de acortar al máximo las respuestas, ya que tiene que atender muchas entrevistas. Pone un ejemplo; la genética se estudia en Biología y el cálculo de probabilidades en Matemáticas, cuando las dos están estrechamente relacionadas. “Son divisiones que limitan la comprensión y dan una imagen errónea de cómo funciona el universo”, dice en alusión a su libro La escuela del mundo, una revolución educativa (Ariel), donde hace una crítica feroz del sistema educativo.

En su opinión, esa forma de enseñar marca la diferencia entre memorizar una fórmula para un examen —lo que sucede hoy en la escuela— o interiorizar la información y ser capaz de aplicarla una década más tarde.

Si los estudiantes no aprenden a su ritmo, acumulan vacíos

“La escuela tradicional no responde al funcionamiento del cerebro, las redes neuronales funcionan con la asociación de ideas, no con temas estancos”, recalca. Mientras enseñaba matemáticas a su prima Nadia en 2004, dedujo que esta se había perdido la clase en la que se explicó la conversión a unidades. Desde ahí, la niña no levantó cabeza en la asignatura. “Ese es otro de los problemas del aula actual, la mentalidad de que hay que seguir con el temario, respetar el calendario. La repetición es básica para el aprendizaje y en un aula normal no se retrocede hasta que todos los alumnos comprenden; algunos se quedan por el camino”. Porque cada uno, afirma, tiene un ritmo de aprendizaje distinto. “Y si no aprenden a su ritmo, acumulan vacíos”. Le ocurrió a su prima hasta que él comenzó a impartirle lecciones por teléfono y a volver una y otra vez sobre los conceptos que se le resistían y le impedían continuar aprendiendo conceptos matemáticos. Visto el éxito, otros familiares le pidieron ayuda. El teléfono ya no era útil así que empezó a hacer vídeos que colgaba en Internet y que son el germen de esta escuela mundial donde la pizarra con los ejercicios no se borra, está siempre en la nube disponible para el alumno.

Donaciones millonarias

“A veces cuando tienes una gran idea, el universo conspira para hacerla posible”, cuenta el matemático. En su caso, sucedió así. En 2009 decidió dejar su puesto como analítico financiero en Silicon Valley para dedicarse por completo a su proyecto educativo, al que destinó todos sus ahorros. Tiempo después, el éxito y la viralidad de sus clips, en los que se escucha su voz pero su imagen no aparece por una cuestión de “austeridad” —“no tenía una cámara profesional para grabarme ni presupuesto para comprar una”— empezaron a llegarle donaciones millonarias de los grandes de la tecnología. Los 1,5 millones de la Fundación Bill y Melinda Gates o dos millones de Google, a los que se sumarían otras cantidades de magnates como el mexicano Carlos Slim. En 2012, Khan era una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time.

El pensamiento analítico es necesario para sobrevivir

Su diagnóstico es que la humanidad está viviendo un punto de inflexión que solo se produce cada 1.000 años, circunstancia que debe propiciar el surgimiento de nuevos modelos educativos sobre una base científica: los “mejores teóricos” de la educación han concluido que la capacidad de atención de los estudiantes oscila entre los 10 y los 18 minutos. Las clases continúan siendo de más de 50 minutos. “¿Por qué esos hallazgos no se han aplicado? El sistema tiende a no hacer caso a hechos biológicos indudables”, remarca en su libro.

¿A qué época se remonta el actual sistema educativo que tanto se resiste al cambio? Khan no duda en su respuesta. El origen de los estándares actuales, “que potencian un aprendizaje pasivo basado en la escucha”, se instauraron en la Prusia del siglo XVIII, con el propósito de formar “ciudadanos leales y dóciles” que aprendieran a someterse a la autoridad de los profesores, los progenitores, la Iglesia y el rey. “Se perseguía acortar el pensamiento independiente, pero ahora vivimos una revolución sin precedentes de la información y esa fórmula ya no vale: el pensamiento analítico es necesario para sobrevivir”.

Para Khan otro de los grandes problemas es que las familias buscan la mejor educación para sus hijos y, en muchas ocasiones, se olvidan del interés y el bienestar de los niños del bloque de enfrente. “Ser egoísta es inherente a la naturaleza humana, pero no es aceptable que solo el 1% de la población entienda lo que está pasando y tenga las herramientas para sobrevivir. Si no perseguimos la educación del vecino, el sistema democrático no funcionará y estaremos permitiendo que surjan los extremos”, concluye.

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Zara mezcla lo british con el rockabilly y consigue el look perfecto para este otoño 2019

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Zara lanza una nueva campaña para este otoño 2019 y esta vez decide olvidar las tendencias para mostrarnos un estilo atemporal pero con mucha personalidad. Mezclando lo mejor del estilo british y añadiéndole un toque rockabilly que lo hace más juvenil y apetecible.

Si quieres un jersey nuevo, elige uno de rombos, que no tiene porque resultar demasiado estricto si los combinas con jeans o pantalones de cuero.

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Este lookbook de Zara hombre también nos muestra que no hay que temer a los estampados animales o a los print de serpiente. Combinados con negro quedan de lo más interesantes.

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En cuanto a los abrigos, Zara apuesta por lo oversize en diseños clásicos, o incluso por abrigos de cuero y gabardinas largas. El toque elegante lo ponen los mocasines en los pies y las camisas abotonadas hasta arriba.

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Los trajes también se inspiran en el estilo inglés, con raya diplomática y estampado de cuadros.

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El dinero digital sigue sin acuñar confianza

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Es imposible saber si las criptomonedas son una moda o están llamadas a hacer saltar por los aires el dinero tal y como lo conocemos hoy día. Lo que sí parece claro es que las monedas cibernéticas siguen arrastrando una desconfianza que dificulta su implantación. Así lo pone de relieve una encuesta de ING sobre nuevas tecnologías. El informe señala que, aunque hay un firme segmento de consumidores que creen fervientemente en ellas, la mayoría del público sigue sintiendo recelo. Y, quizá más alarmante, cuanto mejor informados están los consumidores, menos se fían.

“En general, las actitudes no han cambiado de forma drástica respecto al año anterior y los europeos no tienen una opinión precisamente unánime sobre la necesidad de poseer criptomonedas o ni siquiera saber lo que son. Pero está por ver si la gente se va a decantar por ellas, si las considera útiles”, explica Jessica Exton, una experta en ciencias del comportamiento de ING. “En Europa estamos claramente divididos entre quienes las ven de cara al futuro como algo positivo (32%), negativo (33%) o neutral (35%) para las compras online, y eso es algo que no ha cambiado mucho a lo largo del último año”, añade. “Nuestro estudio muestra que hay pequeños grupos entusiastas sobre el futuro de las criptomonedas, pero que su relevancia en la vida diaria y el hecho de que se demuestre su utilidad van a ser factores clave para convertir esa curiosidad en una auténtica revolución en el dinero”, asegura Exton.

Sin embargo, solo a un 22% de europeos y un 18% de americanos les gustaría que dejara de existir el dinero en efectivo, frente a un 54% de los encuestados que se oponen a esa opción. “Eso, por supuesto, no significa que prefieran el efectivo frente a las nuevas técnicas de pago. Significa que quieren que siga existiendo la opción de pagar en efectivo”, puntualiza el estudio.

Las redes sociales no acaban de despegar como plataforma para pagos en la Red. Incluso en Turquía, a mucha distancia el país más entusiasta del dinero digital entre los 15 que participan en la encuesta, el público está dividido entre quienes dicen que enviarían dinero a amigos o familiares a través de las redes sociales, con un 43% a favor y un 40% en contra. La media europea es de un 17% a favor y un 66% en contra, con la reticente Austria a la cabeza de los opositores (82% en contra y solo 6% a favor). En España, el 67% de los encuestados se declaran en contra y el 16% a favor.

Teunis Brosens, economista de finanzas digitales y regulación de ING, opina que para que las criptomonedas se conviertan en algo normal hacen falta mejoras técnicas, “pero para ganar la confianza y la aceptación más allá de un núcleo de entusiastas, sería de gran ayuda que hubiera una asociación con marcas conocidas”. “En síntesis, las criptomonedas tienen que presentarse a sí mismas ante sus potenciales usuarios futuros como algo que forma parte del marco financiero existente, en lugar de presentarse como algo externo a ese marco”, opina. Brosens parece apuntar a modelos híbridos o a proyectos como Libra, de Facebook, que pretende utilizar inicialmente el sistema centralizado, pero solo como mecanismo de transición hacia una moneda completamente descentralizada en el futuro.

Miedo

Glenn Goodman, que dejó su trabajo de reportero de la cadena de televisión ITV para convertirse en gurú de las criptomonedas, cree que el público desconfía de ellas “porque, en los primeros tiempos de Internet, los criminales y los estafadores fueron los primeros en aprovechar la tecnología en su beneficio con objetivos ilegales”. “El aspecto de pura moneda es solo una parte de todo esto. Sí, puede acabar revolucionando la industria financiera, pero la tecnología tiene el potencial de hacer mucho más que eso: puede acabar con los intermediarios en muchas industrias y ahorrar a los consumidores miles de millones de euros”, añade. “¿Se imagina una economía descentralizada con redes de taxis sin que haya compañías de taxis, pólizas de seguros sin aseguradoras, contratos hechos y aplicados sin la necesidad de abogados? De eso es de lo que en realidad van las cadenas de bloques y las criptomonedas: utilizar la tecnología para conectar a compradores y vendedores y suprimir al intermediario”, concluye.

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