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Un nuevo París a orillas del Sena

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Hace un par de años tuvo lugar en el noreste de París un acontecimiento que pudo parecer anecdótico, pero que sin duda fue intencionado. En las aguas del Bassin de la Villette se puso en marcha el experimento de una piscina natural. Los vecinos del XIX arrondissement —y de más allá— disfrutaron de esta nueva zona de baño que une el canal de Saint-Martin y el canal de l’Ourcq. El resultado fue una fiesta. Tras la prueba se escondía el deseo de la alcaldía de hacer del río Sena, algún día no lejano, una piscina “bañable”. Con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de 2024, París recupera ahora los muelles para sus habitantes y continúa el proceso de reinvención de sus canales y de un río cuyos márgenes, hoy día, después de peatonalizar muchos kilómetros, son más accesibles que nunca.

El Sena, más que el río matriz de la ciudad que transporta a ocho millones de turistas al año en sus eternos bateaux mouches y un vanguardista eje fluvial de transporte y de reparto ecológico, es en la actualidad un laboratorio en el que caben jardines flotantes, actividades deportivas al aire libre (del remo al paddle), diferentes opciones de movilidad (ciclistas, patinadores…), centros de arte, festivas guinguettes (merenderos, chiringuitos o tabernas junto al agua, conviene memorizar esa palabra), bancos en los que improvisar un pícnic (pocas cosas ama más el parisiense), barcazas reconvertidas en cafés y restaurantes asomados al caudal. Así se ha transformado en espacio de bonheur (felicidad) para flâneurs (paseantes sin rumbo) que transitan ociosamente por vías hasta hace poco inaccesibles y, sobre todo, en el epicentro de la ciudad del futuro, que busca ser a un mismo tiempo sostenible, ecológica, inclusiva y resiliente.

A su paso por París, el Sena se cruza por 37 puentes. Si seguimos su curso, a pie o en bicicleta, de este a oeste, desde Charenton hasta Javel, en las inmediaciones de Boulogne-Billancourt, podremos descubrir la capital francesa de un modo transversal y disfrutar de las 10 nuevas hectáreas abiertas a la circulación y al paseo que le han hecho recuperar un papel central en la estructura de la ciudad. El camino es largo, pero no solitario.

Entrada a la Cinémathèque Française, un edificio proyectado por Frank Gehry en el parque de Bercy de París.

1 Libros y películas

En el Quai François-Mauriac siempre es agradable apreciar los cuatro libros abiertos que concibió en 1995 el arquitecto Dominique Perrault para dar forma a la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), premio Mies van der Rohe 1996. Esta gran biblioteca, separada en cuatro tomos (edificios) de lenguaje minimalista y cuyos principales protagonistas son el cristal y el acero, es una metáfora del pensamiento, y en sus 400 kilómetros de estanterías alberga 20 millones de volúmenes, el mayor depósito de libros del país.

Desde ahí, la estupenda pasarela Simone de Beauvoir (diseñada por Dietmar Feichtinger) conecta con el parque de Bercy, donde hay un coqueto y sinuoso edificio de Frank Gehry, la Cinémathèque Française (institución creada en 1936 por el visionario Henri Langlois y ubicada aquí desde 2005). Gehry describió el edificio “como una bailarina que levanta su vestido para invitar a la gente a entrar”.

La piscina Joséphine Baker, una estructura flotante sobre el Sena.

Hablando de bailarinas y de cine, de regreso al Sena, en la rive gauche (la margen izquierda) espera la piscina Joséphine Baker, llamada así en honor a la actriz, bailarina y cantante que revolucionó en la década de 1920 el cabaré Folies Bergère. Reconocible por su estructura de cristal, es una piscina flotante muy acorde con el espíritu del plan Paris Plages, que fomenta la creación de playas artificiales en verano. Cuando declina el día, Barapapa o La Démesure sur Seine son dos simpáticas guinguettes a tener en cuenta. Y para quien no pueda resistirlo y quiera vivir una experiencia puramente acuática, puede reservar en el hotel OFF, que verá en mitad del río; es el primer hotel flotante de París. No es poca cosa: 54 habitaciones, 4 suites, piscina y puerto deportivo. Le grand luxe.

Terraza del Barapapa con la Cité de la Mode et du Design al fondo.

2 Un nuevo barrio

Tras el chapuzón, la mirada del viajero da con la Cité de la Mode et du Design, identificable por la estructura exterior de color verde chillón y el aura industrial. Las terrazas de sus restaurantes (atención a Moon Roof) con vistas al Sena son un lugar más que apetecible. En 2005, los arquitectos Dominique Jakob y Brendan MacFarlane reconvirtieron unos antiguos almacenes en un espacio contemporáneo conservando el esqueleto de hormigón armado, pero recubriéndolo de una piel de metal y hierro serigrafiado a la que llamaron plug-over, inspirada por el movimiento del río, en la que se refleja irremediablemente. Arquitectura viva, orgánica y ligada al tejido urbano. Por las noches, los juegos de luz concebidos por Yann Kersalé animan la fachada. La Cité incluye el Wanderlust: bar, restaurante, club y espacio artístico muy frecuentado al caer el sol.

Un crucero por el río Sena, en París, entre el Pont Neuf y el puente de las Artes.

Cerca de ahí se encuentra la Gare d’Austerlitz. A pesar de retener el peso de su mito, parece preparada para la renovación que está llevando a cabo el estudio de Jean Nouvel y que concluirá (en principio) en 2020. El arquitecto, consciente de que esta estación será parte fundamental de un nuevo barrio llamado Seine Rive Gauche, expresó en una carta abierta en su web el deseo de construir un nuevo distrito basado en el equilibrio, el reequilibrio y las conexiones entre densidad y espacios verdes, para dotar de un nuevo estatus urbano a los muelles, a los edificios próximos a las orillas y a las estaciones.

Austerlitz es un buen preámbulo para el imprescindible Jardin des Plantes, el jardín botánico fundado en 1635 como parque medicinal del rey Luis XIII y que desde entonces ha servido para recreo del visitante y para investigaciones de botánicos y médicos. El escultor Fagel concibió una estatua a uno de ellos, Jean-Baptiste Lamarck, quien además da nombre a una conocida calle de Montmartre. Lamarck, naturalista que vivió de 1744 a 1829, fue el primero en crear una teoría evolucionista con la que se superó el fijismo imperante hasta entonces. En 1802 acuñó el término “biología” para designar la ciencia que estudia los seres vivos, y se le respeta como fundador de la paleontología de los invertebrados.

Interior de la Cité de la Mode et du Design, en París.

3 Laboratorio urbanístico

El pedaleo por este margen del río permite superar el Jardin Tino-Rossi y vislumbrar el perfil del edificio que impulsó a Jean Nouvel en 1987: el Instituto del Mundo Árabe, un centro cívico donde se difunde la cultura árabe y su relación con la francesa.

Fluctuart es el nuevo templo flotante del street art de París: 1.000 metros cuadrados de acceso gratuito

Enfrente, basta atravesar el puente de Sully y buscar el 21 del Boulevard Morland para dar con el Pavillon de l’Arsenal, el centro de arquitectura y urbanismo de París, un recinto dedicado a la planificación urbana determinante para entender esa tradición francesa de laboratorio urbanístico. Hasta el 13 de octubre, la estupenda exposición Grand Paris’ Roadways of the Future habla de las transformaciones que precisa la ciudad para reducir la contaminación, de cómo aumentar la movilidad e integrar la red vial en su entorno. Se exhiben las innovadoras propuestas de cuatro equipos multidisciplinares compuestos de arquitectos, urbanistas y expertos en movilidad: L’Atelier des Mobilités (D&A Devillers & Associés), Collectif Holos (Richez Associés), New Deal pour les Voies du Grand Paris (Seura Architectes) y Shared Utility Networks – SUN (Rogers Stirk Harbour & Partners). Sus investigaciones se han focalizado en un sistema de transporte público conectado con el uso de bicicletas y coches compartidos. Además, se muestran los proyectos premiados por la plataforma FAIRE, que desde 2017 invita a presentar programas para afrontar grandes retos urbanos como el clima, las nuevas tecnologías, la solidaridad, la limpieza y la movilidad.

Vista del Pont Neuf, en París.

A estas alturas, ya cerca de l’Île Saint-Louis se dejan ver los primeros bouquinistes, esos célebres vendedores de libros antiguos gracias a los cuales consideramos el Sena como el único río del mundo que transita entre libros. No hay oficio con horario más anárquico, por lo que cada cual abre su cofre metálico cuando le da la gana. Por aquí París se transforma en imaginario y, ante los bouquinistes, a la mente acuden escenas de películas de la nouvelle vague, con la mirada como una cámara ligera, sin otra luz que la natural; o de los cuadros impresionistas de Pissarro o Caillebotte, donde las mujeres y los hombres cruzaban las calles como si quebrantaran normas.

Superado el Pont de la Tournelle, nos aproximamos a l’Île de la Cité y a uno de los puentes más pequeños y fotografiados del Sena, el del Archevêché, que da al ábside de la catedral gótica más famosa del mundo: Notre Dame, sobre la que poco se puede añadir.

El Pont Neuf es el último que une la rive gauche con la Cité. Cuesta no evocar a los desolados personajes convencidos de vivir allí de la película de Carax Los amantes del Pont Neuf, que trastocó la razón de tantos jóvenes al inicio de los pasados años noventa. Y por consiguiente, también el conflictivo proyecto (o más bien desafío) que presentó el arquitecto Stéphane Malka en su libro Le Petit Pari(s), en el que, entre otras ideas, proponía, rozando la provocación, convertir el puente en un espacio habitacional.

En los quais de la rive droite, en esos siete kilómetros llamados Parc Rives de Seine, se amontona la gente para recibir el brillo del sol al borde del agua, conscientes de que es un placer gozar tanto de la movilidad como del reposo.

Fluctuart, nuevo centro de arte urbano en París.

4 Un bosque flotante

Frente a las Tullerías, una vez superado el Musée d’Orsay, amarrado a pocos metros del puente de Alexandre III siempre es tentadora la guinguette Rosa Bonheur, dispuesta en un paquebote de madera y cristal. Así entramos en el espacio más renovado en cuanto a políticas urbanas se refiere. Entre el puente de Alexandre III y el de l’Alma se hallan los nuevos jardines flotantes Niki de Saint Phalle, una suerte de bosque en medio de la ciudad de 1.800 metros cuadrados compuesto de cinco islas unidas por pasarelas, un armónico refugio vegetal que explica muy bien la reordenación territorial pretendida desde la alcaldía. Cada una de las islas representa un paisaje: la central, con predominio mineral; la isla Pradera, frondosamente plantada; la isla Vergel, con manzanos decorativos, o la isla de los Pájaros, la más salvaje.

Al lado está Fluctuart, el nuevo templo flotante del street art que tiene previsto abrir sus puertas el 4 de julio. Este centro urbano de 1.000 metros cuadrados y tres niveles, gratuito, vibrante y accesible, promete acercar aún más el arte a la calle, otra idea que cuadra plenamente con el espíritu dinámico de París. La apertura trae consigo una exposición del artista americano Swoon, y este julio incluye proyecciones nocturnas sobre el puente de los Inválidos (una monumental instalación cinematográfica; de 21.30 a 24.00). El proyecto se hizo con el premio Réinventer la Seine que lanzó el Gobierno local en 2017. Al otro lado del río queda el Jardin d’Erivan, por el que las bicicletas pasan como por una utopía.

Una guinguette cerca de la estación de Lyon, en París.

Tras otro gran edificio de Nouvel que alberga el museo etnológico francés, el Musée du Quai Branly, llegamos a la Torre Eiffel. Subir a este monumento total (que cambió la manera de mirar y alumbró nuevas perspectivas en la estética al romper con la idea de que los edificios bellos debían ser de piedra y funcionales), como decía Roland Barthes, “un signo puro porque quiere decirlo todo”, permite observar el horizonte urbano por el que caminan los hombres y las mujeres en un pulular que convierte la ciudad en paisaje. Desde la altura, el Sena es una tira azul que invita a recordar a Rastignac, personaje de Balzac, codicioso joven de la novela Papá Goriot (1834), que concluía así: “Al quedar solo, Rastignac dio unos pasos hacia lo alto del cementerio y contempló París, tortuosamente extendido a lo largo de las dos orillas del Sena, en el que comenzaban a brillar las luces. Lanzó sobre aquella zumbante colmena una mirada que parecía extraer su miel por anticipado y pronunció estas grandiosas palabras: ¡Ahora nos veremos las caras!”.

El río Sena a su paso por el puente de las Artes, en París.

Lo que resulta inevitable ante la torre es no mirar también al futuro y recordar que en breve sus alrededores serán transformados. Y, al igual que tantas cosas, serán devueltos a los parisienses, que hoy tienen la sensación de que solo pertenece a los turistas. Porque a partir de 2024, 54 hectáreas se extenderán entre Trocadero y École Militaire gracias a los paisajistas británicos Gustafson, Porter y Bowman, que acaban de ganar el concurso organizado por la Ville de Paris para renovar este enclave. El proyecto se llama ONE y pretende unificar un lugar hoy dividido en pequeñas porciones que aportan muy poco al conjunto, para restaurar así una unidad estética y verde. El elemento más impactante será la plantación en el Pont d’Iéna de una línea de árboles y una capa de césped, algo jamás visto en un puente, que también será peatonal (salvo autobuses y vehículos de urgencia). En una reciente entrevista en Libération preguntaron a la alcaldesa, Anne Hidalgo, si se pretendía crear un Central Park bajo la torre, y respondió: “Quizá no, pero una isla de oxígeno sí, sin duda, y muy rápido, porque hay que transformar esta ciudad para responder al cambio climático”.

Para terminar el día en armonía con lo visto, es conveniente acudir a otra guinguette, en este caso La Javelle, situada a dos pasos del Parc André Citroën. En el revivido quai Javel es el momento de sentarse en una de sus hamacas mecedoras, observar el oleaje del Sena, por ejemplo con una cerveza en la mano bajo las guirnaldas luminosas y envuelto por el frescor de los árboles. Entonces solo falta el sonido de una orquesta cercana para que por fin París sea una megaaldea verde.

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OD Barcelona, un oasis verde en pleno Eixample

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Miami inspiró la renovación de un hotel ecléctico que había en la Marina Botafoch de Ibiza, el Ocean Drive. Siglas que después dieron nombre a la cadena hotelera OD, cuyo fundador es el empresario ibicenco Marc Rahola Matutes. Sus establecimientos en Ibiza, Mallorca y Barcelona —con aperturas previstas próximamente en Miami, Saint-Tropez y Madrid— resumen la experiencia de una saga de hoteleros especializada en turismo vacacional que ahora aterriza en la ciudad catalana.

OD Barcelona está situado en pleno Eixample, no muy lejos de la gaudiana Casa Batlló y de los llamativos escaparates del paseo de Gràcia. Su fachada rompe con todo lo que tiene a su alrededor, desde los edificios señoriales de principios del siglo XX hasta los impersonales acristalamientos de los años setenta. Es una retícula purista, articulada con el mejor estilo Bauhaus, que el arquitecto Víctor Rahola (padre del empresario) tuvo que respetar aportando una quiebra volumétrica en dos niveles para configurar una terraza ajardinada con piscina y sky bar, así como una fachada vegetal interior que proporciona ventilación cruzada y aislamiento térmico y acústico, entre otros criterios bioclimáticos. En este oasis verde apetece almorzar y, aún más, quedarse toda la tarde de relax contemplativo, mientras se disfruta de deliciosos cócteles imaginativos.

Una habitación del hotel OD Barcelona.
Una habitación del hotel OD Barcelona.

Ayuda a filtrar la luz exterior el revestimiento en madera instalado en las habitaciones, junto a un corrimiento de alta atenuación acústica, obra de la diseñadora de interiores Mayte Matutes, madre de Marc Rahola. Como se ve, todo queda en casa. La atmósfera lograda es pulcra, íntima, con baños abiertos a la alcoba y un detalle floral sobre la repisa del lavabo. En la categoría Loft se incluyen unos altavoces de la marca Bowers & Wilkins conectables al móvil. Y quien tenga la posibilidad de alojarse en la grand suite, allí una piscina privada aguarda en ángulo sobre la fachada oeste, la más expuesta al sol.

En línea con el programa experiencial diseñado para los hoteles de la cadena, el OD barcelonés organiza los domingos a mediodía un animado brunch por 25 euros. Y eventualmente, conciertos de bossa nova o alguna fiesta privada que el hotel siempre anuncia en la revista OD Mag.

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Ibiza, plácido y delicioso ritmo pitiuso

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Ibiza tiene 571 kilómetros cuadrados. Se recorre de punta a punta en poco más de una hora en coche. Es el destino playero cool y recibe más de tres millones de visitantes al año. A estas alturas ya no quedan calas escondidas ni lugares secretos que solo conozcan unos cuantos lugareños. Pero aunque parezca imposible en la era de Internet y las redes sociales, sí existe un pedazo de tierra que se parece a la Ibiza original, a la que hoy solo aparece en postales vintage del mercadillo hippy de Las Dalias o en fotografías que acumulan polvo en establecimientos centenarios. Es el norte de la isla balear, que escapa a estereotipos y discotecas. Donde las bacheadas carreteras se pierden entre densos pinares, con sus cunetas salpicadas de las plantas que obran el milagro de convertir el anís en hierbas ibicencas. Es el rincón ideal para perderse durante el otoño, porque al norte de Ibiza la vida siempre es domingo, todo marcha a una velocidad menor y el turismo de masas es solo un rumor.

La capitalidad de esta calma septentrional la ejerce Sant Joan de Labritja, término municipal con apenas 5.500 habitantes en más de 100 kilómetros cuadrados. La localidad homónima —una de sus cuatro parroquias, junto con Sant MiquelSant Vicent y Sant Llorenç— es toda una delicia. Se expande apenas dos calles alrededor de la iglesia. Su pausada vida solo se quiebra los domingos, que amanecen con un coqueto mercadillo con música en directo, puestos de moda, joyería y comida. Más tarde, los visitantes se desplazan a la cercana Benirràs, al son de los tambores, ante los que muchos lugareños fruncen el ceño. Los habitantes de esta zona prefieren una vida tranquila, de huertas y casas payesas rodeadas de almendros, algarrobos y olivos centenarios, bajo los que picotea un ejército invasor de palomas torcaz. La tierra naranja que pisan estas aves domina un paisaje que guarda pequeños nirvanas de aguas turquesas donde el turismo no es tan masivo porque no cabe. El norte lo tiene claro: no quiere parecerse al sur insular.

Ibiza, plácido y delicioso ritmo pitiuso
COVA FERNÁNDEZ

Algunas playas mínimas se descubren circulando por la carretera E-10. La primera es cala Xarraca, donde pescan los cormoranes. En los arenales que la siguen, S’Illot des Renclí y cala Xuclar, ambos diminutos, caben apenas un puñado de personas. Entre los pinos también hay embarcaderos para sentarse al sol otoñal cual lagartijas pitiusas. Superando Portinatx se llega a la cala d’en Serra. Los socavones del camino lo convierten en un acceso solo apto para conductores valientes; así que mejor aparcar y disfrutar de una corta y sencilla ruta senderista hasta la playa. Quizás esta época del año no sea momento para el baño, pero el buceo es toda una experiencia mecidos por el lento bamboleo de las praderas de posidonia.

Vistas a Tagomago

La carretera vieja de Portinatx sigue su camino entre curvas cerradas y baches hasta Sant Joan de Labritja, y la PM-811 toma entonces rumbo hacia Sant Vicent de Sa Cala por una de las zonas más boscosas en una isla de bosques. La caída del sol es el mejor momento para acercarse a los muelles de Pou des Lleó, desde donde parte una senda de tierra por la que pasear poco más de un kilómetro hasta la torre de Campanitx; allí aguardan preciosas vistas hacia el perfil ondulado del islote de Tagomago. Siguiendo la costa, otra estrechísima, serpenteante y solitaria lengua de asfalto se adentra entre pinos y viñedos hacia el sur, casi olvidándose de cala Mastella, un rincón que pasa inadvertido salvo para quienes buscan el silencio o los sabores de El Bigotes (650 79 76 33). Creado a partir de una caseta de pescadores, este restaurante está siempre a reventar en sus dos turnos. El de mediodía ofrece pescado a la plancha; el de las dos de la tarde, bullit de peix a partir de las capturas pesqueras del día, en mesas compartidas. Sirvia, raya, corvina, cabracho o gallo San Pedro son servidos con patatas guisadas para arrancar un menú culminado con un exquisito arroz caldoso. Cocinado con leña, el doble plato se borda en esta casa desde hace décadas. Como el flaó — postre tradicional ibicenco— y el café caleta, que a base de agua, brandi, canela y piel de limón propone una dulce sobremesa que cuesta abandonar. Alejado de lujos y comodidades, proporciona un momento único, igual que sentarse a la mesa del Bar Anita, en el cercano pueblo de Sant Carles de Peralta, que aún ejerce de casa de postas con más de 600 buzones de las viviendas diseminadas de toda la zona para que las cartas no se pierdan entre caminos de tierra y veredas.

El bar Can Xicu, en Sant Miquel de Balansat.
El bar Can Xicu, en Sant Miquel de Balansat.

A 16 kilómetros hacia el interior de la isla, el estanco de Sant Miquel de Balansat también fue centro de comunicaciones. Allí iban los jóvenes de Estados Unidos en la década de 1960 para recoger los giros postales que sus familias enviaban desde el otro lado del Atlántico. Este rinconcito ubicado en una casa con cuatro siglos de antigüedad también es el bar Can Xicu. La actriz Tita Planells mantiene hoy, con pulso firme, este negocio familiar, epicentro para el café de la mañana o la primera cerveza vespertina. Unos pasos más abajo, La Casita del Sol (971 33 46 49) sirve pan casero de cacao y naranja, costilla de ternera o huevos rotos en sus terrazas ajardinadas. “Nosotros no cocinamos, solo transformamos: el horno de piedra hace todo”, subraya uno de sus chefs, Daniel Díez, que dirige el lugar junto a su hermano Adrián desde mayo de 2018. El tándem también lidera exitosamente La Luna Nell’Orto, a escasos 50 metros.

El recorrido gastronómico se puede cerrar en La Paloma. Ubicado en una casa payesa de Sant Llorenç, un gran algarrobo domina el patio principal rodeado de naranjos y huertas. Con productos orgánicos y cocina internacional, se ha ganado el corazón del turismo foráneo, que en las frescas noches se acerca a la chimenea del interior de la vivienda. El otoño es otra cosa en Ibiza.

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20 viajes para despedir el año

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Quedan tres semanas para la Nochevieja. Y la llegada de 2020 bien merece 20 escapadas a lugares muy especiales. Si aún no sabe cómo festejarlo, aquí tiene algunas ideas para hacerlo fuera de casa. Con uvas o sin ellas; en la nieve o en la playa; cerca o muy lejos; de esmoquin o en bañador. Porque, como escribió san Agustín, “hacer el loco una vez al año es cosa tolerable”.

Sexo en Nueva York

Más allá de las Rockettes, Santa Claus o el Ice Rink del Rockefeller Center, la Gran Manzana invita a morder planes más irreverentes, como Super Funland, la nueva instalación lúdica e interactiva del Museum of Sex o ­MoSex, en Manhattan. No es el único museo del sexo, pero sí uno de los que abordan el tema con más elegancia y seriedad. Otra de las celebraciones que más expectativas despierta es la de Times Square, donde miles de personas esperarán el descenso de la gran esfera luminosa cubierta con 504 triángulos de cristal —el ball drop— que marcará el cambio de año. Viajes El Corte Inglés dispone de combinados de vuelos y nueve noches de hotel desde 1.023 euros por persona.

Times Square, epicentro de la fiesta de Nochevieja en Nueva York.
Times Square, epicentro de la fiesta de Nochevieja en Nueva York.

En clave verde

Muy lejos del bullicio de Nueva York, el complejo rural Tierra del Agua, ubicado en el parque natural de Redes (Asturias), invita a despedir 2019 con caminatas por la montaña, comidas en una cabaña, películas a la luz de las velas y catas en un llagar. Estancia de dos a cinco noches con desayunos, cena y fiesta de Nochevieja y sopas de ajo de madrugada (para entonar el cuerpo), entre 249 y 357 euros por persona.

Aventuras en la nieve

Del 27 diciembre al 1 enero, la agencia Montañas del Mundo organiza cursos de iniciación de raquetas de nieve en Canfranc (Huesca) y el valle de Aspe, en el Pirineo francés. El precio, 475 euros por persona, incluye cinco días de excursiones por la nieve, alojamiento en Canfranc, media pensión, cena de Nochevieja y equipación.

Dos niños con trineos de nieve en Laponia.
Dos niños con trineos de nieve en Laponia.

Auroras en el Ártico

Recorrer la tundra helada en un safari nocturno en motos de nieve, contemplar las auroras boreales en el punto más septentrional de Europa o brindar por 2020 con un “godt nyttår” (feliz año nuevo, en noruego) son algunas de las posibilidades de los cruceros de fin de año de la naviera Hurtigruten. Los precios de la travesía de siete noches entre Bergen y Kirkenes (Noruega), con alojamiento en camarote doble interior y pensión completa, parten de 764 euros por persona, sin incluir los vuelos. Las travesías llevan la garantía Northern Light Promise, que avala con un crucero gratuito al pasajero si no se consigue ver al menos una vez la aurora boreal debido a las condiciones climatológicas. Catai, por su parte, programa viajes de seis días a la Laponia finlandesa desde 2.085 euros por persona.

Planeta de hielo

Hasta el 1 de marzo, la ciudad holandesa de Zwolle, a una hora en coche de Ámsterdam, celebra el festival internacional de esculturas de hielo, con más de un centenar de figuras de hasta seis metros de altura con los viajes en el tiempo como tema. En su construcción se han empleado 275.000 kilos de hielo y otros tantos de nieve. En Expedia se encuentra un combinado de vuelos desde España (salida el 30 de diciembre) y dos o más noches de hotel en la capital de los Países Bajos a partir de 358 euros por persona (precio para las salidas de Barcelona).

Las uvas en un castillo

La red de Paradores tiene programas especiales para despedir el año: estancias de una, dos o tres noches, con cena de Nochevieja, cotillón y desayunos, desde 170, 260 y 435 euros por persona, respectivamente. Conviene darse prisa en hacer la reserva, ya que algunos hoteles, como el parador de Bielsa (Huesca) o el de Guadalupe (Cáceres), ya han colgado el cartel de completo.

Mascaradas de invierno

Los rituales paganos del solsticio de invierno son el origen de muchas de las fiestas de las últimas semanas del año. En España se reflejan en las mascaradas de invierno, como las que se celebran el 26 de diciembre en varios pueblos de la provincia de Zamora; fiestas como Els Enfarinats de Ibi (Alicante), el 28 de diciembre, inspirada en las saturnales de la antigua Roma, o el Guirria de Beleño, cada 1 de enero en el concejo asturiano de Ponga.

Columnas de mármol del fuerte Amber, en la ciudad india de Jaipur.
Columnas de mármol del fuerte Amber, en la ciudad india de Jaipur.

Como un marajá

Para quienes tengan más días de vacaciones y busquen un destino exótico, Arawak organiza un viaje al norte de la India (del 26 de diciembre al 6 de enero) en el que se visitan las ciudades amuralladas de Rajastán —­Jodhpur, Udaipur, Jaipur y Ranakpur—, además de Delhi, Fa­tehpur Sikri y el Taj Mahal, en Agra. Desde 2.395 euros por persona. Incluye vuelos, transporte en vehículo privado, alojamiento en hoteles de cinco estrellas con pensión completa y cena y fiesta de Nochevieja.

Espectáculo en el mar

La isla portuguesa de Madeira celebra una de las Nocheviejas más fogosas, la que ilumina su capital, Funchal, con uno de los mayores espectáculos pirotécnicos. Durante su crucero de fin de año por Canarias y Madeira (del 28 de diciembre al 4 de enero), el buque Zenith de Pullmantur permanecerá en la ciudad la noche del 31 de diciembre para ver los fuegos artificiales. Desde 746 euros por persona, con régimen todo incluido y tasas (vuelos opcionales aparte).

Jirafas en el parque nacional del Serengueti (Tanzania).
Jirafas en el parque nacional del Serengueti (Tanzania).

Bailando con leones

Para despedir el año, la agencia Tuareg programa un viaje de nueve días en grupo reducido a Tanzania, con safaris por el parque nacional del Serengueti, el cráter del Ngorongoro y el lago Natron. Salida el 27 de diciembre. Desde 2.770 euros (más tasas), con vuelos, traslados en 4×4, alojamiento, comidas y entrada a las reservas naturales del país africano.

Un vals en Viena

El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, dirigida por Christian Thielemann en la Sala Dorada del Musikverein, es una de las grandes citas musicales de la capital austriaca. Para quienes no quieran perdérselo, Nautalia propone un viaje de cuatro días, con alojamiento en hotel de cuatro estrellas, desayunos, una comida, visitas guiadas y entradas para ver el concierto de pie, desde 1.332 euros por persona.

Granada y Sierra Nevada

La agencia Puzzle Viajes se ha especializado en programas para personas sin pareja y con hijos pequeños. Para fin de año proponen una escapada de dos noches a Granada y la estación de esquí de Sierra Nevada (siempre que se forme un grupo mínimo de ocho familias), desde 515 euros para un adulto más un niño de hasta 12 años (cada niño extra, 195 euros). El precio incluye el alojamiento, rutas y actividades, media pensión y cena con fiesta de Nochevieja.

A Roma en barco

Grimaldi Lines organiza un minicrucero de fin de año a Roma (siete días, seis noches), con salida el 28 de diciembre desde Barcelona, desde 399 euros por persona. Una vez allí, los pasajeros tendrán la opción de visitar la capital italiana por libre o con traslados y excursiones concertados (desde 85 euros) durante los cuatro días que el barco permanecerá atracado en el puerto romano de Civitavecchia. Incluye el alojamiento a bordo, pensión completa en los dos días de navegación, media pensión durante el atraque, cena y fiesta de Nochevieja y tasas de embarque. Suplemento por embarque del vehículo, 50 euros. 

Fuegos artificiales durante el Hogmanay de Edimburgo (Escocia).
Fuegos artificiales durante el Hogmanay de Edimburgo (Escocia).

Por los buenos tiempos

Cuatro días y cuatro frenéticas noches de juerga necesita la capital escocesa para despedir el año. El Hogmanay de Edimburgo comienza el 30 de diciembre con la procesión de las antorchas y el festival del fuego, y se prolonga hasta el 2 de enero con tradiciones peculiares, como la de cantar el poema de Robert Burns Auld Lang Syne (Por los buenos tiempos, en gaélico) o darse un chapuzón matutino y gélido en el río Forth. Easyjet vuela sin escalas entre Madrid y Edimburgo; los pasajes para viajar allí en Nochevieja (y volver) cuestan ahora 290 euros. Sin salir de su web, se puede reservar también el alojamiento. Con un precio similar, Vueling, Ryanair e Iberia ofrecen vuelos directos desde Barcelona.

Los más madrugadores

Si quiere ser de los primeros en recibir el próximo año, Japón es su destino. Como curiosidad, en el país del sol naciente se cena en Nochevieja (Omisoka) sopa de fideos (soba), símbolo de longevidad, y en los templos budistas suenan 108 campanadas, un ritual conocido como Joya no kane. Iberia ofrece vuelos directos entre Madrid y Tokio desde 753 euros, ida y vuelta (precio para las fechas de fin de año).

Cerca de 10.000 músicos, bailarines y acróbatas desfilarán en la cabalgata del 1 de enero en Londres

El gran desfile

La gran cita con 2020 en el Reino Unido tiene como escenario las calles de Londres. Cerca de 10.000 músicos, bailarines, acróbatas, cheerleaders y payasos procedentes de 16 países desfilarán en el New Year’s Day Parade, la gran cabalgata del 1 de enero. En su sección de ofertas para fin de año, Viajeros Piratas incluye un combinado de vuelo y dos o más noches de hotel en Londres a partir de 226 euros por persona.

Playa El Paso en Cayo Guillermo (Cuba).
Playa El Paso en Cayo Guillermo (Cuba).

En la playa

Canarias representa el trópico más cercano y asequible, con ofertas como los combinados de vuelos más tres noches (del 29 de diciembre al 1 de enero) que propone Lastminute, con precios desde 345 euros por persona. Y más lejos: cuatro noches en La Habana y seis en Cayo Santa María (Cuba), con vuelos y régimen todo incluido, desde 1.592 euros por persona. 

Bien abrigados

Al grito de “S Novym godom!” (feliz año nuevo, en ruso), miles de moscovitas saludarán 2020 en la inmensa explanada de la Plaza Roja de Moscú cuando el reloj de la torre Spásskaya, en las murallas del Kremlin, marque las doce de la noche. Al norte, en la majestuosa San Petersburgo, aguardan la aguja dorada del Almirantazgo, la animada perspectiva Nevski, la lámina helada del río Neva y la plaza del Palacio, epicentro de las celebraciones en esta ciudad del Báltico. Tourist Forum organiza un viaje de ocho días a Moscú y San Petersburgo, con salida el 29 de diciembre de Barcelona, desde 1.199 euros por persona (vuelos, traslados, alojamiento en hoteles céntricos de cuatro estrellas, billete de tren Sapsan entre ambas ciudades, desayunos, tasas y visado).

Desde hace más de 600 años, los autómatas del reloj astronómico marcan el cambio de año en Praga

Mimos de balneario

Masajes, esencias naturales, tratamientos de belleza y baños calentitos para entrar en 2020 con el cuerpo como nuevo. La cadena Castilla Termal Hoteles tiene ofertas para celebrar la Nochevieja de una forma divertida y saludable en sus balnearios en Olmedo (Valladolid), El Burgo de Osma (Soria), Solares (Cantabria) o el Monasterio de Valbuena (San Bernardo, Valladolid). Estancias de una o dos noches, con desayunos, cena de gala, cotillón y acceso ilimitado a la piscina termal, desde 281 euros por persona.

Mercado de Navidad frente a la iglesia de Tyn, en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga.
Mercado de Navidad frente a la iglesia de Tyn, en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga.

Danza de autómatas

Desde hace más de 600 años, los autómatas del reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga señalan el cambio de año en la plaza de la Ciudad Vieja (Staromestské Námesti), escenario junto a la de Wenceslao de las celebraciones de Nochevieja en la capital checa. En Lastminute hay vuelos más tres noches de hotel desde 340 euros por persona.

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