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Viajes

El otoño de los miniviajes

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Caminar entre helechos por la laurisilva tinerfeña, descubrir el nuevo museo de arte contemporáneo de Toledo, recoger setas en los bosques navarros, revivir las leyendas de un diminuto pueblo de Tarragona y celebrar los 25 años del Albaicín como patrimonio mundial. Veinte escapadas de fin de semana.

El bosque de Artikutza, en Navarra, un paraíso para buscadores de setas.
El bosque de Artikutza, en Navarra, un paraíso para buscadores de setas.

01 Un bosque

Ultzama y Orgi (Navarra)

Los robledales de Ultzama, Basaburúa y Artikutza, al norte de Navarra, son un paraíso para los buscadores de setas. Para regular la recolección se constituyó en 2007 el Parque Micológico Ultzama: 5.566 hectáreas de bosques donde existe un sistema de permisos diarios (siete euros) y buenas prácticas, que incluyen el empleo de cesta para que las esporas se cuelen y se siembren de nuevo y una cantidad máxima de setas recolectadas por persona y día. El parque ofrece aparcamiento y los servicios de un micólogo que examina si las setas recolectadas son o no comestibles. Se accede desde Lizaso, a 25 kilómetros de Pamplona. Desde ese mismo pueblo se entra igualmente al bosque de Orgi, un robledal de 80 hectáreas con paseos señalizados que sirvió de escenario de la pe­lícu­la Robin y Marian, dirigida por Richard Lester en 1976 y protagonizada por Audrey Hepburn y Sean Connery. Opciones de alojamiento son las seis ecocabañas sobre los árboles de Basoa Suites (entre 90 y 190 euros) o la casa rural Kaaño Etxea.

La Alhambra de Granada desde el barrio del Albaicín.
La Alhambra de Granada desde el barrio del Albaicín.

02 Un barrio

Albaicín (Granada)

El 17 de diciembre se cumplen 25 años del reconocimiento del Albaicín como patrimonio mundial por la Unesco, un aniversario que inspira el proyecto Albaicín-25, con propuestas como las rutas turísticas por el barrio guiadas por los vecinos. El Albaicín también figura en la ruta Granada Ciudad del Rock, con locales como Pata Palo (Naranjos, 2), La Porrona (plaza Larga, 4), donde se gestó el disco Omega, de Lagartija Nick y Enrique Morente, y la propia casa natal de Morente (cuesta de San Gregorio, 9). Otros rincones secretos de la ciudad por descubrir pueden ser la alhóndiga nazarí Corral del Carbón (Mariana Pineda, s/n); el Cuarto Real de Santo Domingo (plaza de los Campos, 6), un pequeño palacio del siglo XIII en el barrio del Realejo que fue residencia de la reina Aixa, la madre del rey Boabdil; la Casa de Zafra (Portería de la Concepción, 8), magnífico ejemplo de arquitectura doméstica nazarí que alberga el Centro de Interpretación del Albaicín, o el carmen de la Fundación Rodríguez-Acosta (Callejón Niño del Royo, 8), donde el estilo modernista convive con la arquitectura islámica.

El Mar menor, en Murcia, cuyas encañizadas trazan una ruta de agua y aves.
El Mar menor, en Murcia, cuyas encañizadas trazan una ruta de agua y aves.

03 Una curiosidad

Las encañizadas (Murcia)

Se conoce como encañizadas a una red laberíntica de cañas y escolleras de origen medieval que los pescadores murcianos colocaban en las golas (canales) que unen el Mar Menor y el Mediterráneo, una compleja trampa para los mújoles, doradas, lubinas y magres que van y vienen entre ambos mares para desovar. Hoy, de las cinco encañizadas que a comienzos del siglo XX existían en el Mar Menor (Ventorrillo, La Torre, El Charco, El Estacio y Marchamalo), solo sigue en funcionamiento la encañizada de La Torre, situada en el vértice norte de La Manga, junto al parque regional de los Arenales y Salinas de San Pedro del Pinatar. El sendero de Las Encañizadas, una ruta circular de unos 12 kilómetros que parte del paseo del Molino de Lopagán, recorre este espacio protegido, un ecosistema de 856 hectáreas entre los municipios de San Pedro y San Javier, con salineras donde anidan garzas reales, avocetas y flamencos, y un paisaje de dunas y playas semisalvajes.

Mirador de la Peña, proyectado por César Manrique en la isla canaria de El Hierro.
Mirador de la Peña, proyectado por César Manrique en la isla canaria de El Hierro.

04 Un panorama

Mirador de la Peña (El Hierro)

Por el norte de la isla canaria de El Hierro se extiende el valle de El Golfo, una llanura volcánica de viñedos y frutales con forma de media luna que llega hasta el Atlántico. Un semicírculo de 25 kilómetros de diámetro resguardado de las nubes por riscos de más de 1.000 metros por los que antaño los pastores herreños se movían con soltura con la ayuda de una pértiga. Por el borde de este tajo vertical, producido por el colapso del cráter de un antiguo volcán hace más de 40.000 años, se reparte un rosario de vertiginosos miradores. Un arco que va del mirador de la Peña —proyectado por César Manrique—, en Guarazoca, al de Bascos, pasando por los miradores de Jinama e Izique, y por el del pico de Malpaso, que con sus 1.501 metros es la cota más alta de la isla.

El meandro del Melero, donde el río Alagón traza una curva cerrada alrededor de la isla de Romerosa, en los límites de la provincia de Salamanca con la de Cáceres.
El meandro del Melero, donde el río Alagón traza una curva cerrada alrededor de la isla de Romerosa, en los límites de la provincia de Salamanca con la de Cáceres.

05 Un paisaje

Meandro de Melero (Salamanca y Cáceres)

Las agrestes montañas en los límites de Cáceres con las tierras salmantinas de Las Batuecas enmarcan la comarca extremeña de Las Hurdes, un abanico de valles punteados de alquerías como Asegur, Carabusino, El Gasco, Riomalo de Arriba, Las Herías, La Horcajada, La Batuequilla, El Cerezal o Las Mestas que conservan su tradicional arquitectura de piedra y pizarra. La Mancomunidad de Las Hurdes agrupa en su web una treintena de rutas senderistas que serpentean por parajes como el valle de los Tejos, en El Cerezal; el Chorro de la Miacera, en El Gasco, o panorámicas como el meandro del Melero, donde el río Alagón traza una curva cerrada alrededor de la isla de Romerosa, en los límites de la provincia de Salamanca con la de Cáceres (la mejor vista es la del mirador de La Antigua). Las Mestas cuenta con alojamientos rurales como la Hospedería Hurdes Reales o Las Cabañas de Mestas, y una de las mejores piscinas naturales de Extremadura, el Charco de la Olla.

06 Un sabor

Restaurante Lera (Zamora)

El otoño es la mejor época para degustar las recetas de Luis Alberto Lera, basadas en los productos de cercanía y las piezas cinegéticas de Tierra de Campos. Desde su restaurante en la localidad zamorana de Castro Verde de Campos, el chef propone un menú basado en escabeches, setas y potentes platos de caza elaborados con liebres, patos azulones, codornices, conejos de campo y cercetas, así como los pichones que se crían en los palomares de la zona. Los sabores montaraces del otoño también se disfrutan en restaurantes como Ca l’Enric, un antiguo hostal en La Vall de Bianya, en plena comarca de la Garrotxa (Girona), con una despensa que varía al ritmo de las estaciones y especialidades otoñales como las trufas negras o las becadas maduradas en faisandage, o La Lobita, el restaurante con una estrella Michelin y especializado en setas de temporada que Elena Lucas tiene en la localidad de Navaleno (Soria).

Atardecer en la playa de Campelo, en A Coruña.
Atardecer en la playa de Campelo, en A Coruña.

07 Una playa

Campelo (Valdoviño, A Coruña)

Por el tramo de costa atlántica entre Valdoviño y Cedeira, en A Coruña, se reparten algunas de las playas más bonitas y salvajes de Galicia. Playas fotogénicas y de aguas bravías como la de Campelo, en la que los surfistas buscan su potente ola izquierda y los fotógrafos la mejor luz para retratar en la bajamar sus vistosos bolos rocosos y farallones; arenales como A Frouxeira o Vilarrube que se prestan a largos paseos junto a las dunas, o surferos como Rodo, en Pantín, con olas garantizadas 320 días al año y acantilados que lo protegen de los vientos laterales.

08 Un espacio natural

Humedal de Joyel y ría de Quejo (Cantabria)

El humedal de Joyel y la ría de Quejo constituyen, junto al resto de la reserva natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, una importante zona húmeda. Cada año en otoño llegan hasta aquí aves migratorias procedentes del norte y centro de Europa. El flujo comienza en septiembre, con la llegada de garzas y limícolas. En octubre y noviembre es el turno de colimbos, patos y gansos. Tres rutas señalizadas e ilustradas con paneles explicativos recorren marismas y conectan cinco miradores situados en posiciones estratégicas para contemplar la avifauna. El parque natural se extiende por 11 municipios y recoge los humedales formados por los ríos Clarín, Asón, Limpias y Roda, que confluyen en la ría de Treto, entre Santoña y Laredo. Junto a la playa de Berria, la Posada de las Garzas ofrece alojamiento en el corazón de la reserva, donde los movimientos mareales crean un paisaje en continua transformación.

09 Un paseo

Sendero del Bosque Encantado (Tenerife)

Las húmedas brumas que los alisios arrastran hasta el macizo de Anaga, en el noreste de Tenerife, crean el hábitat ideal para la píjara (Woodwardia radicans), una especie de helecho que crea tupidas alfombras verdes entre el boscaje de laurisilva, el tipo de vegetación subtropical que cubría Europa hace 20 millones de años y que en Canarias ha quedado en forma de bosques relictos. Sus enormes frondes (hojas), de hasta dos metros de longitud, cubren el suelo y le dan un aspecto selvático y misterioso. Varias rutas permiten recorrerlos a pie; una de las más bonitas es la que se adentra por la reserva de El Pijaral. Se conoce como la Ruta del Bosque Encantado, un sendero circular de 6,7 kilómetros entre La Ensillada y el Cabezo del Tejo, que se puede completar en unas tres horas. Los itinerarios discurren por el monteverde del parque rural de Anaga. Al tratarse de un espacio protegido, las visitas están restringidas a un máximo de 45 personas al día (centralreservas.tenerife.es).

10 Una comarca

Valle del Genal (Málaga)

El Genal brota desde una cueva en el pueblo malagueño de Igualeja, a unos 30 kilómetros de la Costa del Sol, para dar forma a un atípico valle cubierto de castaños que mantienen sus hojas rojizas hasta diciembre. En su recorrido por la serranía de Ronda, el río enhebra una quincena de pueblos blancos de origen morisco —Igualeja, Pujerra, Parauta, Cartajima, Júzcar, Faraján, Alpandeire, Atajate, Benadalid, Benalauría, Algatocín, Benarrabá, Gaucín, Jubrique y Genalguacil— y permite descubrir paisajes singulares como los Riscos de Cartajima, imponentes farallones kársticos que asoman por encima del bosque, o los cercanos pinsapares del paraje natural Los Reales de Sierra Bermeja. En Júzcar, una agencia de publicidad pintó en junio de 2011 las casas de color azul piscina para un vídeo promocional de la película Los Pitufos 3D. Tras el éxito de visitantes, los vecinos del pueblo decidieron por votación mantener el color azul de las fachadas.

La obra ‘Red Roosenary’ (2008), de la artista holandesa Maria Roosen, en una de las salas de la nueva sede de la Colección Roberto Polo en Toledo.
La obra ‘Red Roosenary’ (2008), de la artista holandesa Maria Roosen, en una de las salas de la nueva sede de la Colección Roberto Polo en Toledo.

11 Una novedad

Museo CORPO (Toledo)

Los restos de la arquería, decorada con escenas de caza y motivos vegetales en lapislázuli, del antiguo palacio del rey de la taifa de Toledo Al-Mamún (siglos IX a XI) enmarcan el lienzo The Entry of Christ in New York (1993-2006), del estadounidense Paul Manes, una de las 250 obras de la colección del filántropo y coleccionista cubano-estadounidense Roberto Polo que se exhiben en el nuevo Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha, un proyecto museístico del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade y el experto en arte Rafael Sierra inaugurado el pasado 27 de marzo en el convento de Santa Fe de Toledo. Tras 15 años de restauración, el antiguo palacio taifa y más tarde convento de las Comendadoras de Santiago ha recuperado la antigua qubba califal, de la que se conservan los arcos polilobulados de la bóveda. El centro cuenta también con una sala de exposiciones temporales, que comparte con el Museo de Santa Cruz. El acuerdo de cesión de las obras incluye la apertura de otra sede en el antiguo Tribunal de la Inquisición de Cuenca, un edificio del siglo XVI que albergará el resto de la colección —475 obras de 171 artistas, con predominio de las vanguardias flamencas y del norte de Europa— y cuya rehabilitación estará terminada en 2023.

12 Una ruta

La Senda del Duero

Desde el nacimiento del Duero, en la sierra de Urbión, hasta Vega Terrón, en la frontera portuguesa, la Senda del Duero (GR-14) recorre 750 kilómetros. Un proyecto integrado en la red de Caminos Naturales que aprovecha las veredas y caminos tradicionales. En otoño, la caminata ofrece el espectáculo cromático de los bosques que flanquean los márgenes del río, que discurre durante 115 kilómetros por la comarca vinícola de Ribera del Duero entre alisos, fresnos, sauces, chopos, bodegas, castillos y viñedos.

Actuación de Horoaki Umeda durante el Festival L.E.V de Gijón.
Actuación de Horoaki Umeda durante el Festival L.E.V de Gijón.

13 Una cita urbana

Otoño cultural (Barcelona y Madrid)

La arquitectura será protagonista del otoño barcelonés durante el 48H Open House BCN (26 y 27 de octubre), un fin de semana de puertas abiertas a más de 150 edificios singulares, como la Casa Bloc, de Josep Lluís Sert, Joan Baptista Subirana y Josep Torres Clavé; el bloque de viviendas económicas del Instituto Social de la Marina, de Josep Antoni Coderch, o la modernista Casa Sayrach, de Manuel Sayrach i Carreras. La Open House, que en Barcelona va por su décima temporada, nació en 1992 en Londres como una iniciativa para dar a conocer entre el público la arquitectura londinense y sus edificios más significativos. El modelo ha sido copiado en otras 30 ciudades del mundo, entre ellas Madrid, que celebra su Semana de la Arquitectura hasta el lunes 7 de octubre y, del 18 al 20 de octubre, MOM Madrid Otra Mirada, una iniciativa para dar a conocer el patrimonio oculto de la ciudad. Tras su paso en primavera por la Laboral de Gijón, el Festival de creación audiovisual L.E.V. debuta en su sede de Matadero Madrid (del 17 al 20 de octubre), un espacio cultural que prolonga hacia el sur el eje museístico Atocha-Prado-Recoletos que, junto al parque del Retiro, aspira a ser reconocido como patrimonio mundial por la Unesco.

14 Una cueva

Tito Bustillo (Asturias)

En 1968, un grupo de jóvenes espeleólogos se descolgaron por una sima conocida como el Pozu’l Ramu, en el macizo de Ardines, cerca de Ribadesella (Asturias). Con un equipo precario, se adentraron por las galerías de la cueva, en la que hallaron uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes de Europa, con pinturas y grabados del Premagdaleniense y Magdaleniense (22000-10000 antes de Cristo). Un par de semanas después, Celestino Fernández, Tito Bustillo, uno de los descubridores, fallecía en un accidente de montaña. En homenaje, la cueva fue bautizada con su nombre. En 2008, la cueva de Tito Bustillo fue declarada patrimonio mundial por la Unesco. Las pinturas muestran una gran variedad de animales —ciervos, caballos, cabras, toros, osos, bisontes, uros e incluso una ballena—, además de signos geométricos y figuras antropomorfas. En las inmediaciones se halla el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, donde se explican, además del Panel Principal (la única sala de la cueva que se puede visitar), otros conjuntos de difícil acceso, como el Camarín de las Vulvas, en cuyas paredes hay pintados sexos femeninos; la galería de los Caballos, o la recóndita galería de los Antropomorfos. La visita a la cueva está limitada a 150 personas al día en grupos de 15, por eso hay que reservar con antelación (centrotitobustillo.com). A media hora de allí, el Centro de Interpretación de la Fauna Glacial de la Cuevona, en Avín, muestra reproducciones a tamaño real de la fauna del Pleistoceno. Y en la vecina cueva de La Peruyal, también en Avín, se ve el esqueleto fosilizado de una cría de rinoceronte atrapada hace 40.000 años.

Detalle del mosaico de la villa romana de Noheda (Guadalajara) que representa a Helena de Troya en el momento de ser raptada por Paris.
Detalle del mosaico de la villa romana de Noheda (Guadalajara) que representa a Helena de Troya en el momento de ser raptada por Paris. R. G.

15 Un tesoro

Mosaicos de Noheda (Cuenca)

En 1984, una excavadora que realizaba labores agrícolas en una finca cerca de Noheda, una pedanía de 12 habitantes en el término municipal de Villar de Domingo García (Cuenca), sacó a la luz cientos de piedrecitas de colores: las teselas de uno de los mayores mosaicos figurativos conocidos del Imperio Romano, 291 metros cuadrados de escenas mitológicas, como el juicio del príncipe troyano Paris o el rapto de Helena, que adornaban la ostentosa villa de un acaudalado terrateniente (dominus) que se hizo traer mármoles y esculturas de todo el mundo conocido en la época. En 2005 comenzaron las primeras excavaciones, y el pasado mes de julio, 35 años después del descubrimiento por José Luis Lledó, el entonces propietario de la finca, se abrió al público. La presencia romana en Cuenca se extiende a otros yacimientos visitables como Segóbriga y sus minas de lapis specularis (selenita, una variedad de yeso traslúcido), Ercávica o Valeria.

16 Un pueblo

Siurana (Tarragona)

La comarca vinícola del Priorat (Tarragona) atesora joyas como Siurana, minúsculo pueblo de callejuelas de piedra que se alza sobre la punta de un promontorio calizo. A comienzos del siglo XII, Siurana era el centro de uno de los últimos reductos musulmanes en la zona, reconquistado en 1154 por las tropas de Ramón Berenguer IV. De aquella época quedan las ruinas de la alcazaba, a la entrada del pueblo; la iglesia románica de Santa María, construida en los siglos XII y XIII, y una leyenda que cuenta que la princesa Abdelazia, hija de último valí de Siurana, prefirió lanzarse al vacío a lomos de su caballo blanco antes que caer cautiva de Bertran de Castellet (o de Amat de Claramunt, según otra versión de la historia), caballero enviado por el conde de Barcelona para tomar la fortaleza. La ruta por la comarca puede continuar por viñedos históricos como Scala Dei, junto a las ruinas de un monasterio fundado en 1163 en el parque natural del Montsant. La web Montañas de la Costa Dorada propone rutas senderistas por el Baix Camp, entre el Montsant y la costa.

17 Un sonido

Monkey Week (Sevilla)

La temporada de festivales se extiende más allá del verano con propuestas como la Monkey Week (del 20 al 23 de noviembre) de Sevilla, una plataforma para nuevos grupos españoles de música independiente. En la agenda musical del otoño también están el Deleste Festival (9 de noviembre) de Valencia y el BIME Live (el 1 y 2 de noviembre) de Bilbao.

Colores del otoño en el bosque del Betato en Piedrafita de Jaca.  Jesús Arranz AGE Fotostock
Colores del otoño en el bosque del Betato en Piedrafita de Jaca.

18 Una montaña

Glaciar del Infierno (Huesca)

Desde Baños de Panticosa, en la cabecera del río Gállego, parten los senderos que llevan hasta el macizo del Infierno, tres picos de más de 3.000 metros —la cota más alta del valle oscense de Tena— separados por una escarpada cresta rocosa. Allí sobrevive, al amparo de las umbrías de la desafiante cara norte de los Infiernos, el glaciar más occidental de los Pirineos. Un paisaje imponente cuyo misterio se acentúa por las grandes vetas de mármol blanco que decoran las laderas de la montaña. Cerca de allí, el parque faunístico Lacuniacha ocupa un bosque de 30 hectáreas de pinos, hayas, cerezos, abedules y robles a dos kilómetros de Piedrafita de Jaca. En su interior, repartidos por seis zonas acotadas, viven en semilibertad 60 ejemplares de lobos, gamos, rebecos, ciervos, bisontes europeos, caballos de Przewalski, uros, linces, renos, corzos y cabras montesas. Una opción de alojamiento es el romántico hotel Viñas de Lárrede (desde 124 euros la noche).

19 Una cata

Bodega Contador (San Vicente de la Sonsierra, La Rioja)

“Y llegó el otoño, y (…) flota dulce en el aire el aroma de la uva caída en el mantillo de las hojas, vino nuevo”. La cita de Truman Capote describe el oloroso paisaje que deja la vendimia a finales de septiembre, cuando las bodegas lanzan sus nuevos programas de visitas guiadas, degustaciones y catas. En La Rioja, más allá de las archifamosas bodegas del barrio de La Estación de Haro o del Museo Vivanco de la Cultura del Vino, en Briones, existen pequeñas y exquisitas bodegas como Contador, en San Vicente de la Sonsierra, donde el enólogo Benjamín Romeo, que pertenece al exclusivo grupo de españoles que ha recibido del crítico estadounidense Robert Parker la calificación de 100 puntos, elabora vinos “de garaje”, de alta calidad y escasa producción. Existen tres opciones para visitar Bodega Contador: la visita básica dura una hora y media e incluye la degustación de un vino blanco y otro tinto; la de media jornada con visita a la bodega, a las cuevas y a una selección de viñas, y cata de cuatro vinos, y recorridos a la carta, de un día completo y con degustación de todos los vinos de la bodega y actividades como paseos en globo o almuerzo campestre. A 19 minutos en coche de allí, la localidad riojana de Cenicero organiza cada otoño (este año el 27 de octubre) su carrera entre viñedos (carreraentrevinedos.com), de unos 12 kilómetros.

20 Una noche de fiesta

Jarandilla de la Vera (Cáceres) y Aracena (Huelva)

La noche del 7 de diciembre (víspera de la Inmaculada), en Jarandilla de la Vera y Torrejoncillo (Cáceres) se celebran dos de las fiestas más interesantes del otoño: Los escobazos y La Encamisá. En el primer festejo, los vecinos recorren el pueblo portando grandes escobas encendidas; en el segundo participan cientos de jinetes cubiertos con sábanas que disparan armas de fogueo. El fuego es también protagonista de las fiestas de las hogueras que se celebran en varios pueblos de la serranía de Huelva: en Aracena, los niños preparan rehiletes (banderillas) ensartando hojas secas de castaño en finas varas de olivo para después pegarles fuego haciéndolos girar hasta que se consumen; en la Noche de las Candelas de Zufre se prenden hogueras de romero que, una vez en ascuas, se usan para asar chorizos ibéricos y otras viandas, y en Bollullos y Alosno se prenden teas de gamones, una planta silvestre, y haces de palos secos.

Viajes

Tanzania para principiantes

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Tanzania es un destino deseado para hacer un safari y donde disfrutar de playas de ensueño. Pero aquí hay mucho más, como una naturaleza apabullante y ciudades que merecen la pena ser descubiertas. Este país del África subsahariana, situado frente al océano Índico, se ha puesto de moda entre los viajeros —la llegada de turistas aumentó un 7% en 2017—; es una democracia estable y, aunque sigue perteneciendo al grupo de países con ingresos bajos, no deja de desarrollarse. Hoy ya es posible organizar una ruta para principiantes, por libre y saliéndose del circuito más habitual.

En busca de los big five

Tanzania ha asignado más del 25% de su territorio para la conservación de la vida silvestre. En esa vastísima extensión es posible realizar safaris de toda clase, duración y para todos los bolsillos. Los parques nacionales del Serengueti, Tarangire y el lago Manyara y la zona de conservación de Ngorongoro son las zonas preferidas, pues se encuentran en el norte, a un par de horas en coche desde el aeropuerto internacional de Arusha.

Cebras y flamencos forman parte del paisaje habitual en el parque nacional del lago Manyara, en el norte de Tanzania.
Cebras y flamencos forman parte del paisaje habitual en el parque nacional del lago Manyara, en el norte de Tanzania.

Cualquier época es buena para visitar estas tierras, pero quizá el mejor momento sea en temporada seca (de agosto a octubre), cuando los animales abandonan sus guaridas para buscar agua, y también cuando se produce la gran migración de cientos de miles de ñus y cebras. En la mayoría de sus parques habitan los llamados big five (cinco grandes, en inglés). Son el león, el rinoceronte, el elefante, el leopardo y el búfalo, y el término fue acuñado por exploradores colonos en el siglo XIX para referirse a los mamíferos que eran más difíciles de cazar. Eso sí, hoy nada asegura que se dejen ver. Es una cuestión de paciencia y suerte.

Tanzania para principiantes
COVA FERNÁNDEZ

El archipiélago de Zanzíbar

Quien tenga curiosidad por conocer los estragos de la esclavitud debería visitar el archipiélago de Zanzíbar. Aunque lo primero con lo que se asocian estas islas tanzanas es con playas de transparentes aguas turquesas y turismo de bienestar, existe un pasado oscuro que se resume con un dato: Stone Town, la parte antigua de la capital, Ciudad de Zanzíbar, ostenta el dudoso honor de haber sido el mayor puerto comercial de esclavos de África oriental en el siglo XIX: hasta 20.000 personas pasaron por aquí para ser entregados a amos tanto árabes como europeos. Eran capturados en el continente africano y trasladados en pésimas condiciones por rutas que duraban hasta 80 días y en las que miles morían. El fin de esta práctica llegó en 1873, y hoy las mazmorras de la catedral anglicana, donde también hay un museo, dan testimonio de las penalidades que sufrieron.

Stone Town bien merece una estancia para maravillarse con la belleza decadente de una ciudad tan hermosa y evocadora que es patrimonio mundial de la Unesco desde el año 2000. Lo más entretenido es perderse por sus estrechas callejuelas y observar las rutinas de los vecinos, el trasiego del mercado de Darajani y su maravillosa artesanía, patente sobre todo en sus famosas puertas de madera tallada. Aquí hay multitud de hoteles, restaurantes, comercios (atención a la posibilidad de comprar tanzanitas, piedra preciosa que solo se extrae en este país) y actividades guiadas: desde excursiones urbanas hasta escapadas a la cercana Prison Island, donde viven tortugas de más de 150 años.

Una caya en la ciudad de Bagamoyo.
Una caya en la ciudad de Bagamoyo.

Colonial Bagamoyo

Para saber más de la Tanzania colonial hay que visitar Bagamoyo, una ciudad a orillas del Índico candidata a patrimonio mundial y donde la esclavitud también dejó huella. Su nombre proviene de la expresión suajili “bwga moyo” o “tirar el corazón”, en referencia a la desesperanza de las personas capturadas y esclavizadas. Bagamoyo es accesible en taxi o autobús desde Dar es-Salam, la ciudad más poblada del país, que se encuentra unos 70 kilómetros al sur. La antigua capital del África oriental alemana es hoy un rincón tranquilo sin apenas turismo, con un fuerte rehabilitado, una lonja de pescado muy colorida y unos vecinos inmersos en su día a día que apenas prestan atención al visitante.

Por el bosque de Amani

Tanzania también ofrece muchas opciones para los amantes del senderismo y la montaña. La más famosa es un ascenso a la cúspide del Kilimanjaro, el monte más alto de África (5.895 metros). Es posible llegar a la cima sin ser un escalador experimentado gracias a multitud de agencias locales que organizan la excursión con todo lo necesario para pernoctar y alimentarse durante la ruta. Tan solo hace falta estar en buena forma física.

Una alternativa menos conocida es Amani, una reserva natural situada en el noreste del país, entre las montañas Usambara, protegida en 1997 por su flora y fauna únicas. Es posible visitarla por libre viajando en taxi desde Muheza, la localidad más cercana (unos 20 kilómetros), y alojándose en una casa rural. Está permitido adentrarse en el bosque de Amani por cuenta propia, pero dado que las rutas no están bien señalizadas es mejor ir con un guía local que marque el rumbo hacia lo más alto de las montañas, donde la vista de un África selvática y misteriosa premia el esfuerzo del paseo.

Tranquilidad en el Índico

Resulta imperdonable viajar a Tanzania y no relajarse unos días en sus playas. Las más conocidas son las del archipiélago de Zanzíbar: Jambiani y toda la costa este disfrutan de mayor tranquilidad. Hacia el norte, Pongwe y Nungwi presumen de las arenas más blancas y las aguas más cristalinas, pero en ellas hay más turistas. Quienes busquen soledad, pueden dirigirse a la vecina isla de Pemba, en el norte. O bien quedarse en el continente: en el noreste del país existen poblaciones que viven de cara al mar, como Kigombe, donde uno puede alojarse en una cabaña rústica con todas las comodidades para pasar unos días de desconexión.

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Viajes

15 grandes viajes en tren que tal vez no conozcas

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1. A través de Irán

De Andimeshk a Dorud

Serpenteante como una caravana de la Ruta de la Seda, esta ruta ferroviaria se asoma al montañoso corazón de la antigua Persia y, sobre todo, invita a convivir con la hospitalaria población local (rara vez viajaremos con turistas). El transiraní, que circula desde Andimeshk, en el sur, hasta Dorud, al norte, es un prodigio de la ingeniería: construido a base de explosivos en los impresionantes montes Zagros, se aferra a las vertientes de remotos valles fluviales, pasa bajo inmensos picos, cruza enormes desfiladeros y discurre junto a cascadas, envuelto por un paisaje inhóspito e inolvidable, como el que se contempla durante el ascenso desde la planicie de Juzestán hasta la alta meseta del mítico Lorestán. Encargado por el Sha en la década de 1930 y trazado por ingenieros europeos, su sistema de túneles, viaductos y espirales superpuestas fue propuesto para la lista patrimonio mundial de la Unesco.

Un tren a su paso por el puente de Bisheh, en Irán.
Un tren a su paso por el puente de Bisheh, en Irán.

Cómo viajar: suele haber un único trayecto diario (209 kilómetros; 5-7 horas de trayecto) y los horarios cambian con frecuencia. Pueden reservarse plazas con antelación (en agencias de viaje locales y en cualquier estación) y es preferible evitar los jueves y viernes (fin de semana en Irán) y el Nowruz (Año Nuevo iraní, en marzo). Se recomienda llevar comida (y compartirla), y no fotografiar infraestructuras (estaciones, puentes, vías).

El tren Tazara que conecta Tanzania y Zambia en la estación tanzana de Mbeya.
El tren Tazara que conecta Tanzania y Zambia en la estación tanzana de Mbeya. G

2. Tren Tazara, safari sobre raíles

De Dar es Salaam (Tanzania) a Kapiri Mposhi (Zambia)

El trayecto del Tazara (Tanzania and Zambia Railway Authority) se acompasa al pausado ritmo de vida africano: 46 horas (que pueden alargarse) para recorrer 1.860 kilómetros, desde Dar es-Salaam, portuaria ciudad de Tanzania, hasta New Kapiri Mposhi, en Zambia. Eso sí: ofrece la posibilidad de observar grandes animales desde la ventanilla. También la vida cotidiana, el clamor y el caos que se desatan cuando el tren llega a una parada (prevista o imprevista). La experiencia de subir al Mukuba Express merece la pena: desde la estación Tazara de Dar es Salaam, construida, como el resto de la línea, por ingenieros chinos en la década de 1970, los alegres bandazos del Mukuba Express —que originalmente facilitaban el transporte de cobre desde Zambia hasta el mar— discurre primero por la llanura costera y atraviesa después cientos de kilómetros de sabanas de ensueño. Los sonidos, los olores y el calor de la Tanzania meridional se cuelan por la ventanilla. Y cuando el tren pasa por la reserva de Selous (la primera noche del trayecto) llega la oportunidad de avistar jirafas, elefantes y otros grandes ejemplares de la fauna africana.

Cómo viajar: hay dos trenes semanales en cada sentido; el Mukuba Express desde Dar es-Salaam (ida los viernes, regreso los martes) y el Kilimanjaro Ordinary desde New Kapiri Mposhi. No se pueden sacar billetes online (por teléfono o en la estación) pero sí obtener información en www.seat61.com (teléfonos, agencias de viaje y detalles sobre ambos trenes) y tazarasite.com. Se puede reservar desde un asiento simple a coches cama (limpios y cómodos) con compartimentos de cuatro o seis literas unisex.

Un convoy Superliner a su paso por Texas (EE UU).
Un convoy Superliner a su paso por Texas (EE UU).

3. Sunset Limited, la Ruta 66 ferroviaria

De Nueva Orleans a Los Ángeles (Estados Unidos)

Desde los bares del Barrio Francés de Nueva Orleans hasta las olas del Pacífico, el Sunset Limited es la opción perfecta para quien haya soñado atravesar Estados Unidos alguna vez pero no tenga muchas ganas de pasar dos semanas conduciendo un coche. Lo único que hay que hacer es relajarse en el asiento y ver pasar los paisajes: los pantanos de Luisiana, los rascacielos de Houston, los desiertos de Texas y Arizona, las colinas de California y, finalmente, las playas doradas de Los Ángeles. Inaugurado en 1894 como Sunset Express, fue la segunda línea ferroviaria estadounidense de costa a costa (la Pacific Railroad, de 1869, fue la primera), abrió al comercio las ricas plantaciones del sur y revolucionó el tiempo del trayecto transcontinental de pasajeros: de varias semanas a varios días. Rebautizada como Sunset Limited, actualmente circula tres veces por semana y completa su recorrido (3.211 kilómetros) en dos días. Equipado con coches cama, el viaje puede hacerse íntegramente a bordo o, si se quiere, apearse en cualquier parada para pernoctar y volver a subir en el siguiente tren que pase por la ciudad —Houston, El Paso, Palm Springs— al cabo de un par de días (aunque supone un incremento del precio, con tarifas aparte). Algo así como la versión ferroviaria de la Ruta 66.

Cómo viajar: hay dos opciones al reservar una cabina en coche cama; Superliner Roomette (dos asientos que se abaten formando una litera, más una litera superior plegable y baño compartido en el pasillo) y Superliner Bedroom (más espaciosa y con baño privado). También hay cabinas para familias e incluso servicio de habitaciones. El salón Sightseer, con asientos giratorios y ventanas panorámicas de suelo a techo, ofrece las mejores vistas.

Vista de las Montañas Rocosas canadienses durante el trayecto de la línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert.
Vista de las Montañas Rocosas canadienses durante el trayecto de la línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert.

4. Canadá salvaje a bordo del Rupert Rocket

De Jasper a Prince Rupert

Esta encantadora línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert invita a dos días de travesía (1.160 kilómetros) a bordo de vagones retro con laterales de acero de la década de 1950 que recuerdan la época dorada de los viajes de lujo. El Park Car tiene dos niveles, una cúpula sobre los asientos del nivel superior y un coqueto saloncito debajo. El Rupert Rocket (cohete de Rupert), trazado ya centenario, es una conexión regular entre paisajes impresionantes de las provincias de Alberta y la Columbia Británica, que incluye la posibilidad de avistar fauna salvaje desde la ventanilla: uapitíes rumiando, muflones quietos como estatuas, delicados ciervos y, los más esperados, osos negros y grizzlis. Tras dejar atrás las Montañas Rocosas, la enorme Cadena Costera brinda también escenarios alucinantes, entre una continua sucesión de puentes y túneles. También podremos observar alguna de las pequeñas estaciones de madera con tejados acampanados construidas por Grand Trunk Pacific Railway, como la de McBride, donde el convoy suele detenerse para que los pasajeros puedan hacer fotos y pedir un café para llevar en su acogedora cantina.

Cómo viajar: de junio a septiembre se habilita una clase turística especial a bordo, con espaciosos asientos en el vagón panorámico, comidas de estilo avión y acceso exclusivo al Park Car (la clase económica funciona igualmente). Los trenes salen de Jasper los domingos, miércoles y viernes (todo el año), hacen noche en Prince George (conviene buscar hotel con antelación) y al llegar a Prince Rupert conectan con la línea de BC Ferries a Port Hardy, en la isla de Vancouver, o a las islas de Haida Gwaii. Se pueden reservar los billetes en la web de VIA Rail (www.viarail.ca).

El llamado Reunification Express Train cruza un puente cerca de la ciudad de Lang Co (Vietnam).
El llamado Reunification Express Train cruza un puente cerca de la ciudad de Lang Co (Vietnam).

5. El expreso de la Reunificación

De Ciudad Ho Chi Mihn a Hanói (Vietnam)

También conocido como el Ferrocarril Norte-Sur, esta popular línea ferroviaria de Vietnam ha sufrido los mismos altibajos que el país que recorre. Más de 1.700 kilómetros en dos días desde Hanói, al norte, hasta Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón), en el sur, que conectan de forma muy evocadora las dos grandes metrópolis vietnamitas, y los tesoros que hay en el camino. El tren nació durante el dominio colonial francés de Indochina, para que comunicara las regiones norte y sur de su territorio, pero pronto quedó atrapado por el tumultuoso devenir de Vietnam durante el siglo XX: fue secuestrada por las fuerzas invasoras japonesas durante la II Guerra Mundial, poco después pasó a ser objetivo bélico durante la I Guerra de Indochina, cuando las guerrillas del Viet Minh atacaban los trenes acorazados que circulaban por ella. Pero el episodio más conocido de su historia llegó durante la Guerra de Vietnam, cuando la línea fue usada para transportar tanques y artillería, algunos tramos fueron dinamitados y se bombardearon muchos de sus puentes. La línea quedó partida en dos entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Algunos años después, cuando volvió a conectar Saigón y Hanói en 1976, el tren se convirtió en un símbolo de la solidaridad y la recuperación del país.

Cómo viajar: circulan varios tipos de trenes con diferentes clases de billete según el grado de confort, y aunque los turistas suelen preferir los compartimentos de seis literas blandas, se pueden reservar vagones privados más lujosos y con aire acondicionado (livitrans.com, violetexpresstrain.com). Hay cuatro o cinco salidas diarias (todo el año) al norte y al sur (generalmente a primera hora de la mañana y última de la tarde) y se puede reservar plaza mediante agencias como Baolau o 12Go Asia; hacer paradas en destinos como como Hué o Danang requiere varias reservas. Una recomendación: sentarse en la ventanilla derecha cuando se viaja hacia el norte para tener las mejores vistas del puerto de las Nubes.

Estación de en Pyin U Lwin, una localidad del interior de Birmania, de la línea Mandalay-Lashio.
Estación de en Pyin U Lwin, una localidad del interior de Birmania, de la línea Mandalay-Lashio.

6. La antigua Birmania en tren

De Mandalay a Lashio (Myanmar)

Puede que los trenes de la época colonial de Myanmar (la antigua Birmania) chirríen por el peso del tiempo, pero es parte de su encanto. El que discurre entre montañas hacia el noreste desde Mandalay hasta Lashio (201 kilómetros, unas 15 horas), el final de la carretera de Birmania durante la guerra, traquetea especialmente al pasar por el precario viaducto de Gokteik, que desafía al paso de los siglos sobre un valle que parece no tener fondo de camino a la colonial estación de montaña de Pyin U Lwin. Transitar por estas vías es hacer un viaje por el tiempo, mientras que los bungalós coloniales, las aldeas de las tribus de montaña y los monasterios en el bosque se ven pasar fugazmente entre el follaje de la selva. Hay puentes de acero que atraviesan profundas gargantas, pero también tramos que permiten relajarse y localizar monasterios y estupas doradas entre bosques y aldeas.

Cómo viajar: las comodidades a bordo del tren (con una salida diaria en ambos sentidos todo el año) son limitadas; merece la pena pagar un poco más por un asiento acolchado de clase superior (incluye un servicio básico de comidas), y es recomendable comprar los billetes (en las estaciones del trayecto) con un par de días de antelación; se requiere el pasaporte).

El Baikal-Amur (BAM) que atraviesa Siberia a su paso por la zona de Buriatia.
El Baikal-Amur (BAM) que atraviesa Siberia a su paso por la zona de Buriatia.

7. Atravesando la estepa siberiana

De Taishet a Sovetskaya Gavan (Rusia)

Esta línea férrea recorre más de 4.320 kilómetros por la estepa siberiana, comunica asentamientos remotos, se concibió como la mayor obra de la historia de la URSS y no es el Transiberiano. El Baikal-Amur (BAM) fue construido casi un siglo después, es más frío y más remoto, atraviesa parajes igualmente espectaculares, pero apenas atrae a turistas. Y es que es un viaje para viajeros curtidos, pues los placeres del BAM, a ojos de algunos, bordean lo perverso: tumbarse acurrucado en un pequeño compartimento durante 36 horas; asomarse por la ventanilla y ver bosques de abedules infinitos sin el más mínimo indicio de presencia humana; apearse en estaciones inhóspitas en las que el frío paralizador del invierno (hasta temperaturas de 60 grados bajo cero) puede congelar el líquido de los globos oculares… Para apreciar esta aventura hay que entender la extraordinaria historia del BAM: las obras empezaron en la década de 1970 para conectar rincones de Siberia, de gran riqueza mineral, y construir una nueva utopía comunista en el virgen territorio del salvaje oriente ruso. Pero la construcción no fue bien: el permafrost deformaba las vías, los obreros voluntarios fallecían por las duras condiciones… Actualmente muchas de las ciudades construidas ex profeso están deshabitadas, pero el tren sigue siendo un salvavidas para algunas de las comunidades más remotas del planeta.

Cómo viajar: en el BAM solo hay billetes de dos clases, Kupe (compartimentos de cuatro literas que se convierten en asientos) y Platskartny (vagones de tipo dormitorio colectivo). Los horarios de las comidas a bordo pueden ser impredecibles; los carteles de las estaciones están en cirílico, y para recorrer la línea completa (4 días) hay que realizar conexiones entre, al menos, tres servicios. El BAM circula todo el año y se pueden reservar billetes en eng.rzd.ru.

El tren cremallera de las montañas Nilgiri, en India.
El tren cremallera de las montañas Nilgiri, en India.

8. El tren de las montañas Nilgiri

De Mettupalayam a Ooty (India)

El único tren de cremallera de India, que asciende por las aromáticas montañas Nilgiri, tiene cierto aire retrofuturista. Declarado patrimonio mundial en 2005, el trayecto desde Mettupalayam hasta Ooty (Udhagamandalam) se abre camino por las frescas y fértiles tierras altas de Tamil Nadu, donde los colonizadores británicos se refugiaban del calor tropical de las planicies. Aquí uno disfruta de pasos por puentes precarios, vistas panorámicas, un verde exuberante, la nostalgia por las máquinas de vapor antiguas y el aroma del especiado té indio al atravesar las plantaciones de Nilgiri. Sus escasos 46 kilómetros de lento recorrido (unas 4 horas y media) se abre camino por densas junglas con tramos que superan el 8% de desnivel (solo cuatro líneas férreas en el mundo superan dicha inclinación), una demostración de ingeniería ferroviaria motivada por una sencilla razón: el calor. Los funcionarios de la provincia de Madrás, acostumbrados a los tibios veranos británicos, languidecían durante el cálido y pegajoso monzón, y cada año, de mayo a octubre, huían al verde frescor de los montes Nilgiri, acarreando consigo la proliferación de plantaciones de té en la zona, que empezó a producir las infusiones más refinadas del sur de India. Actualmente, gracias a las más de 200 películas de Bollywood ambientadas en estas verdes y agradables montañas, el viaje en tren hasta Ooty se ha convertido en un imán para matrimonios en plena luna de miel. Y, probablemente, todo aquel turista extranjero que vaya a bordo acabará posando en el álbum de fotos de la boda, por expresa petición de los recién casados.

Cómo viajar: el tren de las montañas Nilgiri suele arrastrar tres o cuatro vagones, por lo que hay que reservar con mucha antelación (al menos dos semanas, sobre todo en primera clase, más confortable y con mejores vistas) en la web www.indianrail.gov.in. Una advertencia: no sirven comidas a bordo (se pueden comprar tentempiés en las estaciones de Mettupalayam u Ooty). Hay un trayecto completo diario de Mettupalayam a Ooty (sale a las 7.10 y regresa a las 14.00) y otros tres más entre Coonoor y Ooty.

El sendero de Nakasendo, entre Magome y Tsumago (Japón).
El sendero de Nakasendo, entre Magome y Tsumago (Japón).

9. El Nakasendo nipón, en versión ferroviaria

De Nagoya a Matsumoto (Japón)

Más allá de los trenes bala, Japón también ofrece líneas férreas más lentas que atraviesan paisajes fascinantes, como los Alpes japoneses siguiendo el trazado del antiguo Nakasendo, o camino de postas. Este tren (incluido en el Japan Rail Pass) atraviesa pequeñas aldeas de montaña en las que perviven ancestrales edificios de madera y los artesanos siguen elaborando cuencos a mano. Si se combina con la versión senderista del camino Nakasendo podremos experimentar cómo recorrían los viajeros y comerciantes de antaño la ruta que conectaba la antigua Edo (hoy Tokio) con Kioto. El convoy recorre el tramo conocido como Kisoji (46 kilómetros, 4 horas) a través del valle de Kiso, un trayecto que serpentea siguiendo la línea del río, compañero de viaje. La puntualidad y eficacia japonesa no es aquí lo importante. El tren avanza pausadamente por un paraje más propio de rutas a pie o a caballo, y que en otro tiempo precisaba de decenas de paradas (postas) para llegar al destino. Actualmente estos pueblos —como una aldea del período Edo (1603-1868) perfectamente conservada— son su mayor atractivo, e invitan a reservar varios días para disfrutar del viaje.

Cómo viajar: los trenes salen desde Nagoya con bastante regularidad, pero debemos asegurarnos de subir a los identificados como JR Chuo Line. En Nakatsugawa hay que hacer un transbordo para tomar el tren del valle de Kiso. El abono Japan Rail Pass permite viajar en tren sin límites, por lo que se puede hacer la ruta completa, alojarse en la agradabilísima Matsumoto y combinar la experiencia con excursiones de un día para visitar con calma las aldeas del camino de postas. El otoño (de septiembre a noviembre) es la mejor época, ya que disfrutaremos del momijigari, el pasatiempo japonés de “ver las hojas del otoño”.

En tren que conecta Serbia con Montenegro en un trayecto de algo más de 470 kilómetros se adentra por los Alpes Dináricos.
En tren que conecta Serbia con Montenegro en un trayecto de algo más de 470 kilómetros se adentra por los Alpes Dináricos.

10. Por el corazón de los Balcanes

De Belgrado (Serbia) a Bar (Montenegro)

A pesar del inmaculado paisaje que atraviesa, este tren escapa a casi todos los mapas turísticos. Desde Belgrado, capital serbia, hasta Bar, en la costa adriática de Montenegro, es un fascinante viaje de 476 kilómetros y 12 horas que se adentra en los Alpes Dináricos, enfila cañones y puentes que salvan gargantas fluviales, y se desliza por encima de un antiguo lago tectónico. Cuando en 1951 comenzó su construcción, la entonces República Federal Socialista de Yugoslavia era todavía una inestable unión de Estados al oeste de la península Balcánica. Cuando la ruta férrea se inauguró, en 1976, con 254 túneles y 234 puentes que serpentean entre la llanura Panónica y el mar Adriático, el país era una potencia geopolítica y un vínculo entre Occidente y la Unión Soviética. A pesar de la posterior (y desgarradora) fragmentación de la antigua Yugoslavia, la línea sobrevive, comunica Serbia y Montenegro, y ofrece una ventana privilegiada para contemplar el paisaje balcánico en estado puro, a través de parajes surcados por griegos e ilirios primero, y posteriormente, por los imperios romano, bizantino, otomano y austrohúngaro.

Cómo viajar: hay dos servicios diarios en ambos sentidos a bordo de vagones antiguos pero cómodos, que en el convoy nocturno permite elegir entre compartimentos de 2 o 3 camas, o de 4 o 6 literas. Los billetes se reservan en la estación el día anterior (horarios y más información en srbvoz.rs) y aunque los trenes suelen tener vagón restaurante es buena idea comprar agua, tentempiés y algo más sustancioso en la panadería de la estación de Belgrado antes de embarcar.

El tren Bernina Express a su paso por el viaducto sobre el río Landwasser (Suiza).
El tren Bernina Express a su paso por el viaducto sobre el río Landwasser (Suiza).

11. Los Alpes desde el Bernina Express

De Coira (Suiza) a Tirano (Italia)

Las ventanillas panorámicas del Bernina Express se asoman a montañas coronadas por glaciares, barrancos adornados de cascadas e interminables bosques de píceas. El trayecto de 156 kilómetros y 4 horas de duración desde Coira, en el cantón suizo de los Grisones, hasta Tirano, al norte de Italia, es un prodigio de la ingeniería de principios del siglo XX, y el tramo conocido como línea Albula de RhB fue incluido es patrimonio mundial de la Unesco. El tren, un Hornby de vía estrecha con un mantenimiento impecable, de color rojo, se desliza por viaductos en espiral y supera fuertes pendientes de hasta el 7%.

Cómo viajar: hay salidas a diario y se pueden reservar los billetes con antelación en www.rhb.ch y www.sbb.ch. Las mejores vistas se consiguen desde la parte derecha del tren (en dirección sur), y entre julio y finales de octubre el Bernina Express incorpora vagones panorámicos abiertos entre Davos Platz y Tirano, con vistas en todas direcciones, aire fresco y buenas oportunidades para hacer fotos. Una alternativa son los trenes regulares de la SBB, pues realizan la misma ruta aunque sin ventanillas panorámicas; eso sí, hay más variedad de horarios, no precisan de reserva y son más baratos.

Vista aérea de la línea ferroviaria que une Oslo y Bergen (Noruega).
Vista aérea de la línea ferroviaria que une Oslo y Bergen (Noruega).

12. El desconocido Bergensbanen

De Oslo a Bergen (Noruega)

Maravilla de la construcción ferroviaria del siglo XIX, que superó un sinfín de dificultades para unir Oslo y Bergen a través de montañas y fiordos, lagos, valles y glaciares (por no hablar de la inmensa meseta montañosa de Hardangervidda, cubierta de nieve gran parte del año), el Bergensbanen es, sin embargo, casi desconocido fuera de Noruega. En poco más de 6 horas y 490 kilómetros permite asomarse a todo el esplendor paisajístico y natural del país nórdico: atraviesa cañones, cruza ríos, se encarama por laderas y se adentra en estériles extensiones de hielo. Las obras empezaron en diciembre de 1875 y no culminaron hasta 1909, prueba de la complejidad del trazado, pero cuando el primer convoy llegó a la estación central de Oslo el rey Haakon VII lo describió como “la obra maestra de nuestra generación”. Más de un siglo después sigue funcionando con la eficacia de un reloj, ahora con una mezcla de turistas y trabajadores a bordo.

Cómo viajar: el Bergensbanen es un tren regular, pero cómodo: asientos espaciosos y confortables, grandes ventanillas, wifi gratis y bar bien surtido. La clase Komfort tiene asientos más grandes, enchufes y té y café gratis. En el vagón familiar hay zonas de juegos para los niños y los trenes nocturnos disponen de coches cama. Hay hasta cuatro servicios diarios entre Oslo y Bergen en ambos sentidos y se puede reservar plaza en la web www.nsb.no (los precios varían según la demanda).

13. Inlandsbanan, ritmo lento por los bosques suecos

De Mora a Gällivare (Suecia)

¿En cuántas líneas ferroviarias del mundo el maquinista puede, si surge la ocasión, detener el tren para que los pasajeros bajen a recoger bayas? ¿O para darse un baño en un lago cercano o contemplar un alce paseando por un claro del bosque? Aunque suene increíble, esto no es infrecuente en la línea Inlandsbanan (Tren del interior), que atraviesa los impecables bosques del interior de Suecia, a lo largo de dos días y 12.808 kilómetros. Incomprensiblemente lento y conscientemente excéntrico, es uno de los trenes más amables de Europa. Un tren rojo con un único vagón (solo funciona en verano) que pasa, una vez al día, por estaciones de cuento. Ideada a principios del siglo XX como un acceso al agreste norte de Suecia, estuvo a punto de clausurarse en la década de 1990 debido al exiguo número de pasajeros. En los últimos años, no obstante, ha experimentado un resurgimiento gracias a sus muchas y variadas peculiaridades, convertidas en atractivo turístico. Como disfrutar de largas conversaciones con el maquinista en la cabina mientras se otean osos cruzando las vías algo más adelante. Pero sobre todo invita a un viaje hacia una tierra ignota, el desconocido interior de Suecia.

Cómo viajar: el Inlandsbanan suele incorporar uno o dos vagones y no dispone de coches cama, por lo que todos los pasajeros deben pasar noche en Östersund. Suele funcionar de principios de junio a mediados de agosto, con salidas diarias en los tramos norte y sur de la línea (Mora-Östersund y Östersund-Gällivare). Los billetes pueden reservarse con antelación por Internet en inlandsbanan.se, pero la mejor forma de viajar es con la tarjeta Inlandsbanan, que ofrece viajes ilimitados durante un máximo de dos semanas y permite conocer la región a fondo.

El convoy Ffestiniog, un tren de vía estrecha que recorre Gales del norte, en la estación de Porthmadog.
El convoy Ffestiniog, un tren de vía estrecha que recorre Gales del norte, en la estación de Porthmadog.

14. Los trenes galeses de vía estrecha

En los ferrocarriles Ffestiniog y Welsh Highland (Gales)

Ffestiniog y Welsh Highland son unas líneas por las que las diminutas locomotoras de vapor se entretienen en pequeñas estaciones y serpentean entre las imponentes montañas de Gales del Norte durante 63 kilómetros (que hace en cuatro horas). Este trayecto, en el que se combinan la compañía ferroviaria en activo más antigua del mundo, Ffestiniog, y la línea histórica más larga del Reino Unido, Welsh Highland, puede hacerse en un día. A su paso junto a canteras de pizarra y minas abandonadas, los viajeros pueden comprobar cómo la Revolución Industrial alteró para siempre el paisaje galés y, al mismo tiempo, ver la naturaleza británica en todo su esplendor, gracias a los oscuros bosques, valles fluviales y cumbres azotadas por el viento de Snowdonia.

A pesar de ser muy querida por su flota de ilustres locomotoras de vapor, el ferrocarril Ffestiniog nació, en realidad, sin tener ninguna; por no tener, no tenía ni pasajeros. Se construyó en 1833 para transportar pizarra desde las canteras de Blaenau Ffestiniog hasta los barcos que esperaban en el mar de Irlanda; cuesta abajo, los trenes funcionaban por gravedad y luego se usaban caballos para tirar de los vagones vacíos cuesta arriba hasta que las locomotoras de vapor les tomaron el relevo a mediados del siglo XIX.

Cómo viajar: casi todos los pasajeros suben a vagones estándar de tercera clase. También se puede pagar algo más por sentarse en los de primera, de estilo Pullman, con tejidos afelpados, asientos cómodos y —lo mejor de todo— grandes ventanillas con magníficas vistas de las montañas. En ambas líneas también hay un bar que sirve comida caliente y fría y en algunos servicios también hay té de la tarde. Durante todo el año hay rutas especiales, desde fines de semana victorianos hasta actividades navideñas. Los trenes de ambas líneas tienen horarios de temporada: el Ffestiniog tiene hasta ocho salidas diarias en pleno verano (julio y agosto), mientras que el Welsh Highland tiene tres salidas diarias en hora punta. Las dos cierran durante períodos prolongados en invierno (de noviembre a febrero). Y es que la ruta está más bonita en pleno verano, cuando el tiempo galés es más benigno. Es fácil reservar por internet (www.festrail.co.uk) y también se pueden comprar los billetes en las principales estaciones.

El antiguo tren a vapor de la línea de ferrocarril de Bohinj en un puente sobre río de Soca (Eslovenia).
El antiguo tren a vapor de la línea de ferrocarril de Bohinj en un puente sobre río de Soca (Eslovenia).

15. En tren por Eslovenia

De Nova Gorica a Jesenice (Eslovenia)

He aquí una aventura en tren casi perfecta de la que pocos han oído hablar. Al fin y al cabo, la línea de ferrocarril de Bohinj conecta dos lugares cuya importancia puede escapárseles a los viajeros modernos. El modesto tren que sale de una parada de esplendor ajado en la frontera de Italia y Eslovenia no da la más mínima pista de lo que está por venir. El viaje es un recorrido de 112 kilómetros en dos horas espectacular por puntos destacados de las tierras altas eslovenas: sube por ciudades y pueblos de montaña siguiendo el río Soca, surca magníficos parajes alpinos cerca del lago Bohinj y pasa junto al famosísimo lago Bled.

El Imperio austrohúngaro dejó una red de líneas férreas que resultan curiosas a los ojos modernos; y salen desde Viena en disposición radial hacia partes importantes de este reino perdido. Es el caso de este ferrocarril Bohinj, o Transalpina, que llegaba hasta la ciudad portuaria de Trieste, hoy italiana. Pero actualmente solo sigue en funcionamiento entre Jesenice y Nova Gorica. La sensación de estar descubriendo una parte perdida de la historia europea nos acompañará desde el principio, desde la misma estación de Nova Gorica, donde se cruza la frontera entre Eslovenia e Italia para pasear por la histórica ciudad italiana de Gorizia. El imponente edificio de la estación, que se antoja demasiado grande para el servicio regional en el que se está a punto de embarcar, refleja la importancia de la línea y de su enclave.

El tren es una forma de ver los paisajes de la zona, sus colinas y montañas envueltas en nubes, las antiguas estaciones y algunos de los lugares más llamativos del país. Y es que la mayoría de los viajes en tren por Eslovenia tienen momentos espectaculares. El precioso trayecto de Liubliana a Sezana y hasta Villa Opicina, ya en Italia, es el complemento perfecto.

Cómo viajar: al tener pocas posibilidades de que alguien ocupe el asiento de al lado, este viaje de dos horas ofrece una perspectiva sin agobios. Los billetes se compran al llegar a la estación de Nova Gorica o Jesenice y solo hay segunda clase, que ofrece asientos cómodos y espacio para estirarse. El tren museo especial de vapor hace la ruta en verano y ofrece una excursión de un día entero que incluye almuerzo en los viñedos de la región de Goriska Brda. Hay salidas diarias y se tiene que reservar con antelación, a diferencia del tren normal. Véase www.slo-zeleznice.si.

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Viajes

Un café en la casa de Balzac

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Pasada la medianoche, Honoré de Balzac ya habría consumido varias cafeteras. Y ahí seguía, escribiendo y escribiendo febrilmente, a la luz de un candil, con su letra menuda sobre ese también diminuto escritorio de madera lleno de marcas de su pluma. Así permanecería, noche tras noche, trabajando sin cesar en esa ambiciosa obra, La comedia humana (1830), con la que pretendía describir en más de un centenar de novelas y relatos interconectados, cual catedral humana, “la historia y la crítica de la sociedad, el análisis de sus males y la discusión de sus principios”, como explicó él mismo. “Trabajo 18 horas y duermo 6, trabajo mientras como y no creo que deje de trabajar ni siquiera cuando duermo”, le contaba el novelista francés a su amiga primero, luego amante y finalmente esposa, Eve Hanska, en una de las numerosas cartas que forjaron su relación.

No es difícil imaginar la escena. Sobre todo cuando se visita la Maison de Balzac de París, una encantadora casita de persianas verdes y tejado de pizarra en el 47 de la Rue Raynouard, en el acomodado barrio parisiense de Passy, donde Balzac vivió entre 1840 y 1847. Situada a una decena de minutos a pie de la plaza del Trocadero, la referencia para todo aquel viajero que quiera hacerse una foto con la Torre Eiffel de fondo, constituye una excelente excusa para prolongar el paseo por esta zona de la capital francesa y descubrir un museo pequeño y sin demasiados visitantes.

Sobre todo ahora que, tras un año de renovaciones, la Maison de Balzac, la única residencia del autor francés que sigue en pie, ha vuelto a abrir sus puertas con una ambición: atraer a un público más amplio y no solo experto en el autor de Papá Goriot. “Lo que buscamos es darle a la gente ganas de leer esos libros”, señaló el director del museo, Yves Gagneux, durante su reapertura oficial, el pasado mes de septiembre. “El museo tendrá éxito si, a la salida, el visitante tiene ganas de leer o releer a Balzac”.

Un café en la casa de Balzac
COVA FDEZ.

Elementos para incitar la imaginación y picar el gusanillo de Balzac no faltan en esta casa rodeada por un magnífico jardín —otro de los atractivos de la visita—, desde la que se tiene además una soberbia vista de la Torre Eiffel, si bien en la época de Balzac (1799-1850) faltaban aún casi 40 años para que se erigiera el símbolo por excelencia de París.

Salvo el despacho, que sigue casi igual que en la época de Balzac, poco queda de hogar en la casa. Las demás estancias han sido reutilizadas para mostrar todos los tesoros que llevan a una mejor comprensión de un personaje que ya en su época despertaba pasiones. “Lo quisiera o no, consintiera o no, el autor de esta obra inmensa y extraña pertenece a la fuerte raza de los escritores revolucionarios”, dijo de él durante su funeral, en agosto de 1850, otro de los grandes de las letras francesas y universales de la época, Victor Hugo.

Una de las salas expositivas de la Maison de Balzac, en París.
Una de las salas expositivas de la Maison de Balzac, en París.

Una mezcla muy personal

El universo de Balzac se comprende mejor cuando uno se topa, por ejemplo, con su imprescindible cafetera, que le regaló otra de sus amigas, la escritora Zulma Carraud. En esta pieza de porcelana de Limoges se preparaba taza tras taza de ese café que le permitía trabajar sin descanso y cuya mezcla confeccionaba él mismo minuciosamente a partir de tres variedades diferentes que le hacían recorrer media ciudad para conseguirlas. También ocupa un lugar destacado el famoso bastón que el escritor encargó a un reputado joyero tras el éxito de sus novelas Eugénie GrandetLa mujer de treinta años y La duquesa de Langeais, reconocible en todo París por su empuñadura dorada y recubierta de turquesas, y del que pendía una cadena —también de oro— procedente de un collar que le regaló su amada Eve Hanska. Balzac, cuentan sus historiadores, gustaba sobre todo de ir al teatro con ese extravagante bastón “que tiene más éxito en Francia que todas mis obras”, bromeaba el propio escritor.

Dos de las habitaciones están dedicadas a La comedia humana y exponen las placas tipográficas que representan a más de 300 personajes de la titánica obra en distintas ediciones. También se pueden ver las páginas impresas y llenas de correcciones que hacían que los editores casi odiaran a Balzac por las muchas veces que tenían que reimprimir los capítulos, así como los diferentes bustos y retratos del autor realizados por admiradores suyos del calibre de Rodin, Picasso, Derain o Balthus.

La exposición permanente se completa con una novedad tras la remodelación del museo (que también resulta ahora más accesible para personas con problemas de movilidad, algo nada banal en una ciudad tan difícil como París): la cocina ha sido reconfigurada como sala de exposición de la vida más íntima de Balzac, con cuadros de sus padres y hermana y, en un antiguo aparador, un listado de las amigas, admiradoras y amantes de Balzac a lo largo de su corta pero intensa vida, que acabó en 1850, solo tres años después de abandonar esta casa, reconvertida en un atractivo museo que ahora vuelve a abrirse al público.

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