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Amor y Sexo

La estrecha amistad entre Miley Cyrus y Cody Simpson

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Hace menos de dos semanas que terminó su relación con la bloguera Kaitlynn Carter después de separarse del actor Liam Hemsworth, pero Miley Cyrus parece haber recuperado la sonrisa gracias a un viejo amigo, Cody Simpson. La artista, de 26 años, ha sido vista besándose con el también cantante y exnovio de la modelo Gigi Hadid, de 22 años.

Según un vídeo obtenido por el portal estadounidense TMZ, ambos fueron a comer el pasado jueves al restaurante Backyard Bowls en Los Ángeles. Según este medio, los dos estaban manteniendo una conversación tranquila y, en un momento, la intérprete de Malibu se levantó de su silla, se sentó sobre las piernas de Simpson y comenzaron a besarse.

Cyrus y Simpson son amigos desde hace tiempo, de hecho, ya se les había relacionado sentimentalmente en más de una ocasión hace unos años. En 2015, en una entrevista con la revista GQ Australia, Simpson habló de la amistad que les une. “Miley es una de mis mejores amigas y me está ayudando para ser más abierto”, dijo entonces y contó también que no descartaban una colaboración musical juntos. Son varias las coincidencias entre Simpson y el exmarido de Cyrus. Además de la nacionalidad, ambos australianos, el cantante y compositor es un gran aficionado al mar y al surf, pasión que comparte con Liam Hemsworth.

Miley Cyrus y Cody Simpson en un restaurante en Los Ángeles, el jueves, en un vídeo de una usuaria de Instagram.
Miley Cyrus y Cody Simpson en un restaurante en Los Ángeles

Esta cita informal entre los dos cantantes llega en un momento sentimental complicado para ella. El pasado mes de agosto, Miley Cyrus y Liam Hemsworth ponían fin a su matrimonio solo ocho meses después de haberse dado el “sí, quiero” la víspera de Nochebuena de 2018. Un comunicado del representante de la intérprete de Wrecking Ball confirmaba la ruptura después de hacerse públicas unas imágenes de las vacaciones de Cyrus en Italia con Kaitlynn Carter, donde aparecían besándose en la cubierta de un barco. Tras esto, la cantante y la bloguera, que también se acababa de separar de su marido, iniciaron una relación que terminó a finales de septiembre. “Han estado ahí la una para la otra cuando ambas se estaban separando. Simplemente, ya no tienen una relación romántica, pero siguen siendo amigas”, decía una fuente cercana a la ya expareja a la revista People.

Además de Gigi Hadid, con quien mantuvo una relación intermitente en 2015, al cantante también se le ha relacionado anteriormente con Kylie Jenner, Bella Thorne y Stella Hudgens. Su última relación fue con la modelo Clair Wuestenberg, con la que rompió el pasado mes de enero.

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Todo sobre el Satisfyer Pro 2, el succionador de clítoris más vendido en Amazon

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«The next sexual revolution», reza la página oficial de Satisfyer. Lo hace dibujando la X de ‘sexual’ con una silueta del propio Satisfyer Pro 2: su último lanzamiento y el que ha conseguido que todo el mundo hable de él. No andaban desencaminados, pero a todas luces superaron expectativas: «En el futuro, 2019 será recordado por lo que ha supuesto el Satisfyer», leemos en medios y redes sociales.

No es para menos… son cientos de ellos los que ya se han hecho eco de su éxito -contándonos sus bondades y también sus problemáticas-, ha arrasado consiguiendo likes en Instagram, se ha erigido protagonista de conversaciones entre todo tipo de grupos, se ha convertido en un auténtico símbolo de reivindicación femenina y ha conquistado, damos fe, a una ingente cantidad de mujeres (y parejas). 

El Satisfyer Pro 2 Next Generation, creación de la marca Satifyer (cuyo nombre es, sin duda, un genial acierto de marketing), es ya todo un fenómeno nacional, millennial, sexual y feminista. Y es, también y sobre todo, número uno en ventas tanto en tiendas y webs eróticas como en el propio Amazon.

Pero, ¿qué tiene este juguete sexual para haberlo revolucionado todo? 

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¿Cómo funciona?

Tiene un pequeño cuerpo de 16,5 cm. -por su forma podría parecer un cepillo de limpieza facial- acabado en color oro rosa y en alta calidad para que no permita la entrada de agua, lubricantes u otros fluidos. A él se suma un cabezal de quita y pon -para poder retirarlo y lavarlo con facilidad- fabricado en silicona antialérgica que se ajusta ergonómicamente para rodear el clítoris con la máxima suavidad y precisión.

Está equipado con batería integrada -y no pilas- que se recarga con un cable USB que conecta directamente con el aparato de forma magnética, por lo que respeta al máximo el medioambiente. Y cuenta con dos botones: para encender y apagar y para controlar sus 11 niveles de intensidad. Por cierto: si lo compras online, llegará a tu casa en un paquete discreto que no desvelará lo que hay en su interior.

Su manejo es sencillo y tan solo funciona estimulando el clítoris. Cuando se acerca a él, proporciona sensación de vacío y enérgicas palpitaciones sin necesidad de llegar a tocarlo gracias a su sistema de ondas expansivas y pulsaciones de aire. Solo ha de colocarse sobre la zona para sentir cómo el flujo sanguíneo aumenta en tiempo récord: sus usuarias aseguran haber llegado al orgasmo en escasos minutos.

* Por supuesto es ultra silencioso y funciona bajo el agua.

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El nº1 más vendido

Si este fenómeno ha surgido y se ha extendido como la pólvora, se debe sencillamente a los millones de testimonios que han compartido tanto usuarias anónimas como un sinfín de instagramers e influencers tras haberlo probado.

«Me temía que fuese más publicidad que otra cosa, pero es 100% eficaz. La estimulación llega en tan solo segundos y antes de dos minutos tengo un orgasmo muy intenso».

«Es pequeño, sencillo y discreto y puedes llevarlo en cualquier sitio. Casi no consigo llegar a la última intensidad porque el orgasmo llega antes. La batería dura mucho y se carga enseguida».

«Los materiales son de buena calidad: el cabezal de silicona agradable y resistente. Funciona perfectamente en el agua y es genial también para usar en pareja».

Estas son tan solo algunas de las opiniones que sus usuarios, tanto mujeres como hombres, han compartido en Amazon… ¿vas a poder resistirte?

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Bendito orgasmo diario

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Carolina tiene treinta y tantos años, es educadora infantil, tiene relaciones esporádicas con un grupo casi fijo de personas entre las que deambula sin dejar en ninguna casa el cepillo de dientes. Conoce a todos sus amantes desde hace tiempo, al que menos, desde hace más de seis meses. Cada mañana, en la ducha, se masturba con la potencia del agua. Como ella misma dice:  Forma parte del ritual. «Desnuda, en la ducha, después de lavarme el pelo y mientras aguanto la mascarilla, me masturbo con el agua a presión que direcciono entre mis piernas. Desde que descubrí este higiénico modo de masturbarme, no hay mañana que no tenga mi orgasmo«. Entre muchas de las que nos dedicamos a hablar de estas cosas, a esto, lo llamamos duchaja, la contracción perfecta entre ducha y paja. Quiero creer que en Fundéu estarán contentos con nuestro trabajo, desde luego nuestro cuidado con las palabras sexuales es exquisito.

«Los orgasmos sirven para muchas cosas, ya sean solos o en pareja, pero sobre todo, lo mejor es que sean frecuentes», reconoce Paloma Alonso, terapeuta y especialista en parejas, «protegen el corazón, mejoran el estado de ánimo, ayudan a la salud emocional, mejoran el sistema inmune y queman calorías», según los últimos estudios, una media de 600 por polvo mediano de veinte minutos. Las mismas que una sesión de spinning. Los hombres se conocen mejor por motivos obvios: se tocan el pene desde pequeños para orinar. Nosotras, no. Y eso dificulta también para saber cómo aprender a masturbarse. El orgasmo es vital, por ejemplo, para intentar reducir la ansiedad. No en balde los primeros gozadores femeninos fueron artilugios fabricados explícitamente para tratar lo que entonces llamaban «histeria femenina». Los primeros de los que se tiene constancia datan de la antigua Grecia, cuando consideraban que el útero deambulaba por el cuerpo de la mujer y situaban los sofocones en el pecho, la histeria. En el Medioevo, los médicos «sofocaban la matriz» con artilugios muy rudimentarios y en siglo XIX, los médicos y practicantes cobraban por dar esos masajes para tratar la histeria, pero terminaban agotados y, a menudo, fracasaban. Imaginen la situación: la señora abierta de piernas mientras un desconocido manipula sus órganos genitales sin saber muy bien cómo hacerlo. Los que consiguieran que la señora alcanzar el orgasmo, debieron ser realmente hábiles. En 1870, Joseph Mortimer Granville, cansado de tanto masaje infructuoso, inventa el primer dispositivo electro mecánico con forma fálica. Sus pacientes sí que celebraron la noticia.

«Un orgasmo ayuda a dormir, lo cual es una ventaja para muchos tratamientos terapéuticos en los que la ansiedad del paciente, le impide descansar. Además, son una inyección a los neurotransmisores y una descarga de oxitocina, endorfinas y serotoninas, y elimina toxinas», prosigue Paloma Alonso. «Un chute de semejante carga hormonal es rejuvenecedor y una cura para quien lo tiene». En una entrevista al Daily Mail, la modelo más anciana en activo, Carmen De’ll Orefice reconoció, elegantemente, que el secreto de su belleza estaba en su actividad sexual: «Si usted tiene un Rolls Royce tiene que meter la llave de vez en cuando para ver si funciona», admitió.  «Yo sé cómo darme placer», sentenció. La masturbación como herramienta de belleza es el mejor motivo a tener en cuenta.

Rachel Carlton Abrams es una de las mujeres que más rentabilidad le ha sacado a los orgasmos, aunque solo sea por la cantidad de ejemplares que ha vendido de La mujer multiorgásmica. En su libro y sus ponencias trata de concienciar a la mujer de la necesidad imperiosa de intentar provocar un orgasmo diario: «Algo tan sencillo como masturbarse puede convertirse en una inyección de salud tan importante que resulta ridículo negarse a ella«. Los ejercicios que propone en sus páginas se han convertido casi en una disciplina para muchas mujeres de todo el mundo. La terapeuta Paloma Alonso lo resume en una frase: «Un orgasmo al día es la llave de la alegría». 

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Amor y Sexo

Los padres llegamos “muy tarde y muy mal” a tratar el tema del sexo con nuestros hijos

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Un domingo por la tarde, hace unas semanas, decidimos ver a petición de nuestra hija de seis años un biopic de la escritora sueca Astrid Lindgren, creadora de uno de los personajes más icónicos de la literatura infantil, Pippi Calzaslargas. En un momento dado del metraje tuvo lugar una escena de sexo, nada demasiado explícito, con la que no contábamos. Por supuesto, entramos en pánico. Creo que a nosotros, los adultos, se nos pasó por la cabeza de todo (apagar la tele, cambiar de canal accidentalmente, pulsar el botón de stop para ganar tiempo…). Mientras, sin embargo, nuestra hija miraba con tanta atención como naturalidad la escena. Al final, presos del pánico, lo único que acertamos a hacer fue pulsar el botón de fast forward para que el momento de tensión se acabase cuanto antes.

“Tampoco lo hicisteis tan mal. Lo normal, cuando nos enfrentamos a una escena sexual con nuestros hijos delante, es que entremos en un momento de histeria y hagamos cosas como cambiar de canal o taparles los ojos”, afirma entre risas, al otro lado del teléfono, la psicóloga y sexóloga Elena Crespi, que acaba de publicar Habla con ellos de sexualidad (Lunwerg Editores), un libro ilustrado por Elisenda Soler que aborda la sexualidad desde el punto de vista de padres e hijos.

Para Crespi no hay reacciones buenas o malas. Tampoco es necesario que los padres nos fustiguemos por las mismas. Eso sí, la mejor reacción pasa, inevitablemente, por la normalidad. “¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que tu hija te pregunte “oye, papá, y qué hacen esos dos?”. ¿Y si lo pregunta?, devuelvo el interrogante a la sexóloga. “Pues nada, basta con decir que están jugando a cosas de mayores. A los seis años no hace falta dar más explicación que esa. Y posiblemente a tu hija le hubiese servido y hubiese saciado su curiosidad. Al final, los peques no tienen la mirada de una persona adulta, así que donde tú ves algo pornográfico y que te incomoda, los peques solo ven a dos personas más o menos vestidas “jugando” y revoloteando en la cama. Que en el fondo es lo que es el sexo, son dos personas que están jugando. Lo que cambia es la mirada sobre ese juego”, responde.

Normalizar la sexualidad

Normalidad es lo que necesitamos, según Elena Crespi, para afrontar el tema de la sexualidad con nuestros hijos. Algo relativamente difícil cuando la mayoría aún hemos crecido en entornos donde el sexo era un tema tabú, del que no se hablaba.

Recuerdo que en casa de mis padres reinaba un silencio tenso cuando la televisión mostraba una escena de contenido sexual. Nadie comentaba nada y cuando por fin terminaba era como si esa escena no hubiese existido. “Es que una imagen erótica provoca una respuesta sexual en nosotros, nos excitamos, y eso de excitarse con los padres delante es muy raro. Y lo mismo pasa al revés. Estamos todos pensando “¡por favor, que se acabe ya!”, señala divertida la sexóloga que, en estos casos, cuando los niños ya están en plena adolescencia, recomienda hacer un comentario irónico “para romper el hielo”, aprovechando que las escenas de sexo del cine “siempre son de ciencia ficción”: “Quizás de ahí salga una conversación. O puede que no, pero seguro que evitamos ese momento tenso”.

Lo ideal, no obstante, es que antes de la llegada de ese momento la sexualidad se haya vivido con mucha naturalidad en casa desde el nacimiento de los niños. Otra vez “naturalidad”. Y eso implica entre otras cosas, según Elena Crespi, que no haya habido tabúes a la hora de mostrar el cuerpo y de nombrar sus partes, porque a partir de la forma en que nombramos a los genitales “los niños ya entienden desde el minuto cero que lo que tienen entre las piernas no es igual que lo que tienen en la cara”. Porque sí, la nariz es la nariz, una mano es una mano, un pie es un pie, pero el pene es una “pilila” o una “cola” y la vulva es un “chochete” o una “patatita”. “En la escuela, cuando se explica el aparato digestivo nadie se escandaliza. En cambio, cuando hablamos de educación sexual, hablar de vulva, pene o testículos siempre genera risas nerviosas”, lamenta.

Esa normalidad y esa ausencia de tabúes, señala la autora de Habla con ellos de sexualidad, es un primer paso para, llegado el momento, poder comentar una escena televisiva de este tipo con nuestros hijos, “siempre teniendo en cuenta su nivel de conocimiento para adaptar el lenguaje y el mensaje a sus necesidades”.

Los padres llegamos “tarde y mal”.

Ha quedado claro que normalizar desde la primera infancia es lo ideal. El problema, sin embargo, es que de la teoría a la práctica hay un techo y los padres acostumbramos a llegar al tema de la sexualidad con nuestros hijos “muy tarde y muy mal; y además con la pequeña esperanza de que sea en la escuela donde aprendan todo lo que tienen que aprender sobre sexo”. Algo que para Elena Crespi es un error, ya que en su opinión por mucho que en las escuelas se hagan programas de educación sexual, “el verdadero aprendizaje se hace en casa”. Y es que, aunque por tabú o por vergüenza no queramos ser agentes educativos en este ámbito, los padres no dejamos de ser en ningún momento “sus agentes educativos principales”. También a nivel sexual.

Cuando somos conscientes de ello, algo que suele coincidir con el aterrizaje de nuestros hijos en la pubertad, nos entra el pánico y las prisas por hablar con ellos, aunque no sepamos muy bien cómo. Para entonces, sin embargo, como avisa Crespi, nuestros hijos “ya han visto mucho porno y ya se han hecho una idea completamente tergiversada de lo que es la sexualidad”.

Para la sexóloga, este llegar tarde y mal tiene una consecuencia fundamental: que nuestros hijos adolescentes no nos perciben a los padres como un apoyo importante en este tema, de forma que, si tienen problemas sexuales o dudas, lo último que van a querer es que nos enteremos nosotros. “Nuestros hijos deberían visualizarnos como apoyo y deberían poder contarnos lo que sea sin que nosotros nos escandalicemos o los castiguemos, que es lo que hacemos normalmente desde pequeños si los vemos tocándose o jugando con algún amigo o amiga a investigarse. Al final siempre les mandamos mensajes muy censuradores con todo lo referente a la sexualidad, de modo que cuando tienen 15 años y tienen algún problema no van a acudir a nosotros”, argumenta.

Para no llegar a estos extremos, Elena Crespi ofrece a los padres cuatro consejos. El primero pasa por nombrar a cada parte del cuerpo por su nombre real. El segundo por normalizar la desnudez. El tercero por aprovechar situaciones que nos ofrece el día a día para hablar sobre sexualidad con naturalidad. El cuarto y más importante en su opinión, por último, por explicitar a nuestros hijos que ante cualquier problema vamos a ser su apoyo y vamos a estar a la altura de las circunstancias. “Así, cuando el problema sea sexual o tenga que ver con la sexualidad, ellos sabrán que también vamos a ser un apoyo”, concluye.

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