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Viajes

15 grandes viajes en tren que tal vez no conozcas

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1. A través de Irán

De Andimeshk a Dorud

Serpenteante como una caravana de la Ruta de la Seda, esta ruta ferroviaria se asoma al montañoso corazón de la antigua Persia y, sobre todo, invita a convivir con la hospitalaria población local (rara vez viajaremos con turistas). El transiraní, que circula desde Andimeshk, en el sur, hasta Dorud, al norte, es un prodigio de la ingeniería: construido a base de explosivos en los impresionantes montes Zagros, se aferra a las vertientes de remotos valles fluviales, pasa bajo inmensos picos, cruza enormes desfiladeros y discurre junto a cascadas, envuelto por un paisaje inhóspito e inolvidable, como el que se contempla durante el ascenso desde la planicie de Juzestán hasta la alta meseta del mítico Lorestán. Encargado por el Sha en la década de 1930 y trazado por ingenieros europeos, su sistema de túneles, viaductos y espirales superpuestas fue propuesto para la lista patrimonio mundial de la Unesco.

Un tren a su paso por el puente de Bisheh, en Irán.
Un tren a su paso por el puente de Bisheh, en Irán.

Cómo viajar: suele haber un único trayecto diario (209 kilómetros; 5-7 horas de trayecto) y los horarios cambian con frecuencia. Pueden reservarse plazas con antelación (en agencias de viaje locales y en cualquier estación) y es preferible evitar los jueves y viernes (fin de semana en Irán) y el Nowruz (Año Nuevo iraní, en marzo). Se recomienda llevar comida (y compartirla), y no fotografiar infraestructuras (estaciones, puentes, vías).

El tren Tazara que conecta Tanzania y Zambia en la estación tanzana de Mbeya.
El tren Tazara que conecta Tanzania y Zambia en la estación tanzana de Mbeya. G

2. Tren Tazara, safari sobre raíles

De Dar es Salaam (Tanzania) a Kapiri Mposhi (Zambia)

El trayecto del Tazara (Tanzania and Zambia Railway Authority) se acompasa al pausado ritmo de vida africano: 46 horas (que pueden alargarse) para recorrer 1.860 kilómetros, desde Dar es-Salaam, portuaria ciudad de Tanzania, hasta New Kapiri Mposhi, en Zambia. Eso sí: ofrece la posibilidad de observar grandes animales desde la ventanilla. También la vida cotidiana, el clamor y el caos que se desatan cuando el tren llega a una parada (prevista o imprevista). La experiencia de subir al Mukuba Express merece la pena: desde la estación Tazara de Dar es Salaam, construida, como el resto de la línea, por ingenieros chinos en la década de 1970, los alegres bandazos del Mukuba Express —que originalmente facilitaban el transporte de cobre desde Zambia hasta el mar— discurre primero por la llanura costera y atraviesa después cientos de kilómetros de sabanas de ensueño. Los sonidos, los olores y el calor de la Tanzania meridional se cuelan por la ventanilla. Y cuando el tren pasa por la reserva de Selous (la primera noche del trayecto) llega la oportunidad de avistar jirafas, elefantes y otros grandes ejemplares de la fauna africana.

Cómo viajar: hay dos trenes semanales en cada sentido; el Mukuba Express desde Dar es-Salaam (ida los viernes, regreso los martes) y el Kilimanjaro Ordinary desde New Kapiri Mposhi. No se pueden sacar billetes online (por teléfono o en la estación) pero sí obtener información en www.seat61.com (teléfonos, agencias de viaje y detalles sobre ambos trenes) y tazarasite.com. Se puede reservar desde un asiento simple a coches cama (limpios y cómodos) con compartimentos de cuatro o seis literas unisex.

Un convoy Superliner a su paso por Texas (EE UU).
Un convoy Superliner a su paso por Texas (EE UU).

3. Sunset Limited, la Ruta 66 ferroviaria

De Nueva Orleans a Los Ángeles (Estados Unidos)

Desde los bares del Barrio Francés de Nueva Orleans hasta las olas del Pacífico, el Sunset Limited es la opción perfecta para quien haya soñado atravesar Estados Unidos alguna vez pero no tenga muchas ganas de pasar dos semanas conduciendo un coche. Lo único que hay que hacer es relajarse en el asiento y ver pasar los paisajes: los pantanos de Luisiana, los rascacielos de Houston, los desiertos de Texas y Arizona, las colinas de California y, finalmente, las playas doradas de Los Ángeles. Inaugurado en 1894 como Sunset Express, fue la segunda línea ferroviaria estadounidense de costa a costa (la Pacific Railroad, de 1869, fue la primera), abrió al comercio las ricas plantaciones del sur y revolucionó el tiempo del trayecto transcontinental de pasajeros: de varias semanas a varios días. Rebautizada como Sunset Limited, actualmente circula tres veces por semana y completa su recorrido (3.211 kilómetros) en dos días. Equipado con coches cama, el viaje puede hacerse íntegramente a bordo o, si se quiere, apearse en cualquier parada para pernoctar y volver a subir en el siguiente tren que pase por la ciudad —Houston, El Paso, Palm Springs— al cabo de un par de días (aunque supone un incremento del precio, con tarifas aparte). Algo así como la versión ferroviaria de la Ruta 66.

Cómo viajar: hay dos opciones al reservar una cabina en coche cama; Superliner Roomette (dos asientos que se abaten formando una litera, más una litera superior plegable y baño compartido en el pasillo) y Superliner Bedroom (más espaciosa y con baño privado). También hay cabinas para familias e incluso servicio de habitaciones. El salón Sightseer, con asientos giratorios y ventanas panorámicas de suelo a techo, ofrece las mejores vistas.

Vista de las Montañas Rocosas canadienses durante el trayecto de la línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert.
Vista de las Montañas Rocosas canadienses durante el trayecto de la línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert.

4. Canadá salvaje a bordo del Rupert Rocket

De Jasper a Prince Rupert

Esta encantadora línea de VIA Rail entre Jasper y Prince Rupert invita a dos días de travesía (1.160 kilómetros) a bordo de vagones retro con laterales de acero de la década de 1950 que recuerdan la época dorada de los viajes de lujo. El Park Car tiene dos niveles, una cúpula sobre los asientos del nivel superior y un coqueto saloncito debajo. El Rupert Rocket (cohete de Rupert), trazado ya centenario, es una conexión regular entre paisajes impresionantes de las provincias de Alberta y la Columbia Británica, que incluye la posibilidad de avistar fauna salvaje desde la ventanilla: uapitíes rumiando, muflones quietos como estatuas, delicados ciervos y, los más esperados, osos negros y grizzlis. Tras dejar atrás las Montañas Rocosas, la enorme Cadena Costera brinda también escenarios alucinantes, entre una continua sucesión de puentes y túneles. También podremos observar alguna de las pequeñas estaciones de madera con tejados acampanados construidas por Grand Trunk Pacific Railway, como la de McBride, donde el convoy suele detenerse para que los pasajeros puedan hacer fotos y pedir un café para llevar en su acogedora cantina.

Cómo viajar: de junio a septiembre se habilita una clase turística especial a bordo, con espaciosos asientos en el vagón panorámico, comidas de estilo avión y acceso exclusivo al Park Car (la clase económica funciona igualmente). Los trenes salen de Jasper los domingos, miércoles y viernes (todo el año), hacen noche en Prince George (conviene buscar hotel con antelación) y al llegar a Prince Rupert conectan con la línea de BC Ferries a Port Hardy, en la isla de Vancouver, o a las islas de Haida Gwaii. Se pueden reservar los billetes en la web de VIA Rail (www.viarail.ca).

El llamado Reunification Express Train cruza un puente cerca de la ciudad de Lang Co (Vietnam).
El llamado Reunification Express Train cruza un puente cerca de la ciudad de Lang Co (Vietnam).

5. El expreso de la Reunificación

De Ciudad Ho Chi Mihn a Hanói (Vietnam)

También conocido como el Ferrocarril Norte-Sur, esta popular línea ferroviaria de Vietnam ha sufrido los mismos altibajos que el país que recorre. Más de 1.700 kilómetros en dos días desde Hanói, al norte, hasta Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón), en el sur, que conectan de forma muy evocadora las dos grandes metrópolis vietnamitas, y los tesoros que hay en el camino. El tren nació durante el dominio colonial francés de Indochina, para que comunicara las regiones norte y sur de su territorio, pero pronto quedó atrapado por el tumultuoso devenir de Vietnam durante el siglo XX: fue secuestrada por las fuerzas invasoras japonesas durante la II Guerra Mundial, poco después pasó a ser objetivo bélico durante la I Guerra de Indochina, cuando las guerrillas del Viet Minh atacaban los trenes acorazados que circulaban por ella. Pero el episodio más conocido de su historia llegó durante la Guerra de Vietnam, cuando la línea fue usada para transportar tanques y artillería, algunos tramos fueron dinamitados y se bombardearon muchos de sus puentes. La línea quedó partida en dos entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Algunos años después, cuando volvió a conectar Saigón y Hanói en 1976, el tren se convirtió en un símbolo de la solidaridad y la recuperación del país.

Cómo viajar: circulan varios tipos de trenes con diferentes clases de billete según el grado de confort, y aunque los turistas suelen preferir los compartimentos de seis literas blandas, se pueden reservar vagones privados más lujosos y con aire acondicionado (livitrans.com, violetexpresstrain.com). Hay cuatro o cinco salidas diarias (todo el año) al norte y al sur (generalmente a primera hora de la mañana y última de la tarde) y se puede reservar plaza mediante agencias como Baolau o 12Go Asia; hacer paradas en destinos como como Hué o Danang requiere varias reservas. Una recomendación: sentarse en la ventanilla derecha cuando se viaja hacia el norte para tener las mejores vistas del puerto de las Nubes.

Estación de en Pyin U Lwin, una localidad del interior de Birmania, de la línea Mandalay-Lashio.
Estación de en Pyin U Lwin, una localidad del interior de Birmania, de la línea Mandalay-Lashio.

6. La antigua Birmania en tren

De Mandalay a Lashio (Myanmar)

Puede que los trenes de la época colonial de Myanmar (la antigua Birmania) chirríen por el peso del tiempo, pero es parte de su encanto. El que discurre entre montañas hacia el noreste desde Mandalay hasta Lashio (201 kilómetros, unas 15 horas), el final de la carretera de Birmania durante la guerra, traquetea especialmente al pasar por el precario viaducto de Gokteik, que desafía al paso de los siglos sobre un valle que parece no tener fondo de camino a la colonial estación de montaña de Pyin U Lwin. Transitar por estas vías es hacer un viaje por el tiempo, mientras que los bungalós coloniales, las aldeas de las tribus de montaña y los monasterios en el bosque se ven pasar fugazmente entre el follaje de la selva. Hay puentes de acero que atraviesan profundas gargantas, pero también tramos que permiten relajarse y localizar monasterios y estupas doradas entre bosques y aldeas.

Cómo viajar: las comodidades a bordo del tren (con una salida diaria en ambos sentidos todo el año) son limitadas; merece la pena pagar un poco más por un asiento acolchado de clase superior (incluye un servicio básico de comidas), y es recomendable comprar los billetes (en las estaciones del trayecto) con un par de días de antelación; se requiere el pasaporte).

El Baikal-Amur (BAM) que atraviesa Siberia a su paso por la zona de Buriatia.
El Baikal-Amur (BAM) que atraviesa Siberia a su paso por la zona de Buriatia.

7. Atravesando la estepa siberiana

De Taishet a Sovetskaya Gavan (Rusia)

Esta línea férrea recorre más de 4.320 kilómetros por la estepa siberiana, comunica asentamientos remotos, se concibió como la mayor obra de la historia de la URSS y no es el Transiberiano. El Baikal-Amur (BAM) fue construido casi un siglo después, es más frío y más remoto, atraviesa parajes igualmente espectaculares, pero apenas atrae a turistas. Y es que es un viaje para viajeros curtidos, pues los placeres del BAM, a ojos de algunos, bordean lo perverso: tumbarse acurrucado en un pequeño compartimento durante 36 horas; asomarse por la ventanilla y ver bosques de abedules infinitos sin el más mínimo indicio de presencia humana; apearse en estaciones inhóspitas en las que el frío paralizador del invierno (hasta temperaturas de 60 grados bajo cero) puede congelar el líquido de los globos oculares… Para apreciar esta aventura hay que entender la extraordinaria historia del BAM: las obras empezaron en la década de 1970 para conectar rincones de Siberia, de gran riqueza mineral, y construir una nueva utopía comunista en el virgen territorio del salvaje oriente ruso. Pero la construcción no fue bien: el permafrost deformaba las vías, los obreros voluntarios fallecían por las duras condiciones… Actualmente muchas de las ciudades construidas ex profeso están deshabitadas, pero el tren sigue siendo un salvavidas para algunas de las comunidades más remotas del planeta.

Cómo viajar: en el BAM solo hay billetes de dos clases, Kupe (compartimentos de cuatro literas que se convierten en asientos) y Platskartny (vagones de tipo dormitorio colectivo). Los horarios de las comidas a bordo pueden ser impredecibles; los carteles de las estaciones están en cirílico, y para recorrer la línea completa (4 días) hay que realizar conexiones entre, al menos, tres servicios. El BAM circula todo el año y se pueden reservar billetes en eng.rzd.ru.

El tren cremallera de las montañas Nilgiri, en India.
El tren cremallera de las montañas Nilgiri, en India.

8. El tren de las montañas Nilgiri

De Mettupalayam a Ooty (India)

El único tren de cremallera de India, que asciende por las aromáticas montañas Nilgiri, tiene cierto aire retrofuturista. Declarado patrimonio mundial en 2005, el trayecto desde Mettupalayam hasta Ooty (Udhagamandalam) se abre camino por las frescas y fértiles tierras altas de Tamil Nadu, donde los colonizadores británicos se refugiaban del calor tropical de las planicies. Aquí uno disfruta de pasos por puentes precarios, vistas panorámicas, un verde exuberante, la nostalgia por las máquinas de vapor antiguas y el aroma del especiado té indio al atravesar las plantaciones de Nilgiri. Sus escasos 46 kilómetros de lento recorrido (unas 4 horas y media) se abre camino por densas junglas con tramos que superan el 8% de desnivel (solo cuatro líneas férreas en el mundo superan dicha inclinación), una demostración de ingeniería ferroviaria motivada por una sencilla razón: el calor. Los funcionarios de la provincia de Madrás, acostumbrados a los tibios veranos británicos, languidecían durante el cálido y pegajoso monzón, y cada año, de mayo a octubre, huían al verde frescor de los montes Nilgiri, acarreando consigo la proliferación de plantaciones de té en la zona, que empezó a producir las infusiones más refinadas del sur de India. Actualmente, gracias a las más de 200 películas de Bollywood ambientadas en estas verdes y agradables montañas, el viaje en tren hasta Ooty se ha convertido en un imán para matrimonios en plena luna de miel. Y, probablemente, todo aquel turista extranjero que vaya a bordo acabará posando en el álbum de fotos de la boda, por expresa petición de los recién casados.

Cómo viajar: el tren de las montañas Nilgiri suele arrastrar tres o cuatro vagones, por lo que hay que reservar con mucha antelación (al menos dos semanas, sobre todo en primera clase, más confortable y con mejores vistas) en la web www.indianrail.gov.in. Una advertencia: no sirven comidas a bordo (se pueden comprar tentempiés en las estaciones de Mettupalayam u Ooty). Hay un trayecto completo diario de Mettupalayam a Ooty (sale a las 7.10 y regresa a las 14.00) y otros tres más entre Coonoor y Ooty.

El sendero de Nakasendo, entre Magome y Tsumago (Japón).
El sendero de Nakasendo, entre Magome y Tsumago (Japón).

9. El Nakasendo nipón, en versión ferroviaria

De Nagoya a Matsumoto (Japón)

Más allá de los trenes bala, Japón también ofrece líneas férreas más lentas que atraviesan paisajes fascinantes, como los Alpes japoneses siguiendo el trazado del antiguo Nakasendo, o camino de postas. Este tren (incluido en el Japan Rail Pass) atraviesa pequeñas aldeas de montaña en las que perviven ancestrales edificios de madera y los artesanos siguen elaborando cuencos a mano. Si se combina con la versión senderista del camino Nakasendo podremos experimentar cómo recorrían los viajeros y comerciantes de antaño la ruta que conectaba la antigua Edo (hoy Tokio) con Kioto. El convoy recorre el tramo conocido como Kisoji (46 kilómetros, 4 horas) a través del valle de Kiso, un trayecto que serpentea siguiendo la línea del río, compañero de viaje. La puntualidad y eficacia japonesa no es aquí lo importante. El tren avanza pausadamente por un paraje más propio de rutas a pie o a caballo, y que en otro tiempo precisaba de decenas de paradas (postas) para llegar al destino. Actualmente estos pueblos —como una aldea del período Edo (1603-1868) perfectamente conservada— son su mayor atractivo, e invitan a reservar varios días para disfrutar del viaje.

Cómo viajar: los trenes salen desde Nagoya con bastante regularidad, pero debemos asegurarnos de subir a los identificados como JR Chuo Line. En Nakatsugawa hay que hacer un transbordo para tomar el tren del valle de Kiso. El abono Japan Rail Pass permite viajar en tren sin límites, por lo que se puede hacer la ruta completa, alojarse en la agradabilísima Matsumoto y combinar la experiencia con excursiones de un día para visitar con calma las aldeas del camino de postas. El otoño (de septiembre a noviembre) es la mejor época, ya que disfrutaremos del momijigari, el pasatiempo japonés de “ver las hojas del otoño”.

En tren que conecta Serbia con Montenegro en un trayecto de algo más de 470 kilómetros se adentra por los Alpes Dináricos.
En tren que conecta Serbia con Montenegro en un trayecto de algo más de 470 kilómetros se adentra por los Alpes Dináricos.

10. Por el corazón de los Balcanes

De Belgrado (Serbia) a Bar (Montenegro)

A pesar del inmaculado paisaje que atraviesa, este tren escapa a casi todos los mapas turísticos. Desde Belgrado, capital serbia, hasta Bar, en la costa adriática de Montenegro, es un fascinante viaje de 476 kilómetros y 12 horas que se adentra en los Alpes Dináricos, enfila cañones y puentes que salvan gargantas fluviales, y se desliza por encima de un antiguo lago tectónico. Cuando en 1951 comenzó su construcción, la entonces República Federal Socialista de Yugoslavia era todavía una inestable unión de Estados al oeste de la península Balcánica. Cuando la ruta férrea se inauguró, en 1976, con 254 túneles y 234 puentes que serpentean entre la llanura Panónica y el mar Adriático, el país era una potencia geopolítica y un vínculo entre Occidente y la Unión Soviética. A pesar de la posterior (y desgarradora) fragmentación de la antigua Yugoslavia, la línea sobrevive, comunica Serbia y Montenegro, y ofrece una ventana privilegiada para contemplar el paisaje balcánico en estado puro, a través de parajes surcados por griegos e ilirios primero, y posteriormente, por los imperios romano, bizantino, otomano y austrohúngaro.

Cómo viajar: hay dos servicios diarios en ambos sentidos a bordo de vagones antiguos pero cómodos, que en el convoy nocturno permite elegir entre compartimentos de 2 o 3 camas, o de 4 o 6 literas. Los billetes se reservan en la estación el día anterior (horarios y más información en srbvoz.rs) y aunque los trenes suelen tener vagón restaurante es buena idea comprar agua, tentempiés y algo más sustancioso en la panadería de la estación de Belgrado antes de embarcar.

El tren Bernina Express a su paso por el viaducto sobre el río Landwasser (Suiza).
El tren Bernina Express a su paso por el viaducto sobre el río Landwasser (Suiza).

11. Los Alpes desde el Bernina Express

De Coira (Suiza) a Tirano (Italia)

Las ventanillas panorámicas del Bernina Express se asoman a montañas coronadas por glaciares, barrancos adornados de cascadas e interminables bosques de píceas. El trayecto de 156 kilómetros y 4 horas de duración desde Coira, en el cantón suizo de los Grisones, hasta Tirano, al norte de Italia, es un prodigio de la ingeniería de principios del siglo XX, y el tramo conocido como línea Albula de RhB fue incluido es patrimonio mundial de la Unesco. El tren, un Hornby de vía estrecha con un mantenimiento impecable, de color rojo, se desliza por viaductos en espiral y supera fuertes pendientes de hasta el 7%.

Cómo viajar: hay salidas a diario y se pueden reservar los billetes con antelación en www.rhb.ch y www.sbb.ch. Las mejores vistas se consiguen desde la parte derecha del tren (en dirección sur), y entre julio y finales de octubre el Bernina Express incorpora vagones panorámicos abiertos entre Davos Platz y Tirano, con vistas en todas direcciones, aire fresco y buenas oportunidades para hacer fotos. Una alternativa son los trenes regulares de la SBB, pues realizan la misma ruta aunque sin ventanillas panorámicas; eso sí, hay más variedad de horarios, no precisan de reserva y son más baratos.

Vista aérea de la línea ferroviaria que une Oslo y Bergen (Noruega).
Vista aérea de la línea ferroviaria que une Oslo y Bergen (Noruega).

12. El desconocido Bergensbanen

De Oslo a Bergen (Noruega)

Maravilla de la construcción ferroviaria del siglo XIX, que superó un sinfín de dificultades para unir Oslo y Bergen a través de montañas y fiordos, lagos, valles y glaciares (por no hablar de la inmensa meseta montañosa de Hardangervidda, cubierta de nieve gran parte del año), el Bergensbanen es, sin embargo, casi desconocido fuera de Noruega. En poco más de 6 horas y 490 kilómetros permite asomarse a todo el esplendor paisajístico y natural del país nórdico: atraviesa cañones, cruza ríos, se encarama por laderas y se adentra en estériles extensiones de hielo. Las obras empezaron en diciembre de 1875 y no culminaron hasta 1909, prueba de la complejidad del trazado, pero cuando el primer convoy llegó a la estación central de Oslo el rey Haakon VII lo describió como “la obra maestra de nuestra generación”. Más de un siglo después sigue funcionando con la eficacia de un reloj, ahora con una mezcla de turistas y trabajadores a bordo.

Cómo viajar: el Bergensbanen es un tren regular, pero cómodo: asientos espaciosos y confortables, grandes ventanillas, wifi gratis y bar bien surtido. La clase Komfort tiene asientos más grandes, enchufes y té y café gratis. En el vagón familiar hay zonas de juegos para los niños y los trenes nocturnos disponen de coches cama. Hay hasta cuatro servicios diarios entre Oslo y Bergen en ambos sentidos y se puede reservar plaza en la web www.nsb.no (los precios varían según la demanda).

13. Inlandsbanan, ritmo lento por los bosques suecos

De Mora a Gällivare (Suecia)

¿En cuántas líneas ferroviarias del mundo el maquinista puede, si surge la ocasión, detener el tren para que los pasajeros bajen a recoger bayas? ¿O para darse un baño en un lago cercano o contemplar un alce paseando por un claro del bosque? Aunque suene increíble, esto no es infrecuente en la línea Inlandsbanan (Tren del interior), que atraviesa los impecables bosques del interior de Suecia, a lo largo de dos días y 12.808 kilómetros. Incomprensiblemente lento y conscientemente excéntrico, es uno de los trenes más amables de Europa. Un tren rojo con un único vagón (solo funciona en verano) que pasa, una vez al día, por estaciones de cuento. Ideada a principios del siglo XX como un acceso al agreste norte de Suecia, estuvo a punto de clausurarse en la década de 1990 debido al exiguo número de pasajeros. En los últimos años, no obstante, ha experimentado un resurgimiento gracias a sus muchas y variadas peculiaridades, convertidas en atractivo turístico. Como disfrutar de largas conversaciones con el maquinista en la cabina mientras se otean osos cruzando las vías algo más adelante. Pero sobre todo invita a un viaje hacia una tierra ignota, el desconocido interior de Suecia.

Cómo viajar: el Inlandsbanan suele incorporar uno o dos vagones y no dispone de coches cama, por lo que todos los pasajeros deben pasar noche en Östersund. Suele funcionar de principios de junio a mediados de agosto, con salidas diarias en los tramos norte y sur de la línea (Mora-Östersund y Östersund-Gällivare). Los billetes pueden reservarse con antelación por Internet en inlandsbanan.se, pero la mejor forma de viajar es con la tarjeta Inlandsbanan, que ofrece viajes ilimitados durante un máximo de dos semanas y permite conocer la región a fondo.

El convoy Ffestiniog, un tren de vía estrecha que recorre Gales del norte, en la estación de Porthmadog.
El convoy Ffestiniog, un tren de vía estrecha que recorre Gales del norte, en la estación de Porthmadog.

14. Los trenes galeses de vía estrecha

En los ferrocarriles Ffestiniog y Welsh Highland (Gales)

Ffestiniog y Welsh Highland son unas líneas por las que las diminutas locomotoras de vapor se entretienen en pequeñas estaciones y serpentean entre las imponentes montañas de Gales del Norte durante 63 kilómetros (que hace en cuatro horas). Este trayecto, en el que se combinan la compañía ferroviaria en activo más antigua del mundo, Ffestiniog, y la línea histórica más larga del Reino Unido, Welsh Highland, puede hacerse en un día. A su paso junto a canteras de pizarra y minas abandonadas, los viajeros pueden comprobar cómo la Revolución Industrial alteró para siempre el paisaje galés y, al mismo tiempo, ver la naturaleza británica en todo su esplendor, gracias a los oscuros bosques, valles fluviales y cumbres azotadas por el viento de Snowdonia.

A pesar de ser muy querida por su flota de ilustres locomotoras de vapor, el ferrocarril Ffestiniog nació, en realidad, sin tener ninguna; por no tener, no tenía ni pasajeros. Se construyó en 1833 para transportar pizarra desde las canteras de Blaenau Ffestiniog hasta los barcos que esperaban en el mar de Irlanda; cuesta abajo, los trenes funcionaban por gravedad y luego se usaban caballos para tirar de los vagones vacíos cuesta arriba hasta que las locomotoras de vapor les tomaron el relevo a mediados del siglo XIX.

Cómo viajar: casi todos los pasajeros suben a vagones estándar de tercera clase. También se puede pagar algo más por sentarse en los de primera, de estilo Pullman, con tejidos afelpados, asientos cómodos y —lo mejor de todo— grandes ventanillas con magníficas vistas de las montañas. En ambas líneas también hay un bar que sirve comida caliente y fría y en algunos servicios también hay té de la tarde. Durante todo el año hay rutas especiales, desde fines de semana victorianos hasta actividades navideñas. Los trenes de ambas líneas tienen horarios de temporada: el Ffestiniog tiene hasta ocho salidas diarias en pleno verano (julio y agosto), mientras que el Welsh Highland tiene tres salidas diarias en hora punta. Las dos cierran durante períodos prolongados en invierno (de noviembre a febrero). Y es que la ruta está más bonita en pleno verano, cuando el tiempo galés es más benigno. Es fácil reservar por internet (www.festrail.co.uk) y también se pueden comprar los billetes en las principales estaciones.

El antiguo tren a vapor de la línea de ferrocarril de Bohinj en un puente sobre río de Soca (Eslovenia).
El antiguo tren a vapor de la línea de ferrocarril de Bohinj en un puente sobre río de Soca (Eslovenia).

15. En tren por Eslovenia

De Nova Gorica a Jesenice (Eslovenia)

He aquí una aventura en tren casi perfecta de la que pocos han oído hablar. Al fin y al cabo, la línea de ferrocarril de Bohinj conecta dos lugares cuya importancia puede escapárseles a los viajeros modernos. El modesto tren que sale de una parada de esplendor ajado en la frontera de Italia y Eslovenia no da la más mínima pista de lo que está por venir. El viaje es un recorrido de 112 kilómetros en dos horas espectacular por puntos destacados de las tierras altas eslovenas: sube por ciudades y pueblos de montaña siguiendo el río Soca, surca magníficos parajes alpinos cerca del lago Bohinj y pasa junto al famosísimo lago Bled.

El Imperio austrohúngaro dejó una red de líneas férreas que resultan curiosas a los ojos modernos; y salen desde Viena en disposición radial hacia partes importantes de este reino perdido. Es el caso de este ferrocarril Bohinj, o Transalpina, que llegaba hasta la ciudad portuaria de Trieste, hoy italiana. Pero actualmente solo sigue en funcionamiento entre Jesenice y Nova Gorica. La sensación de estar descubriendo una parte perdida de la historia europea nos acompañará desde el principio, desde la misma estación de Nova Gorica, donde se cruza la frontera entre Eslovenia e Italia para pasear por la histórica ciudad italiana de Gorizia. El imponente edificio de la estación, que se antoja demasiado grande para el servicio regional en el que se está a punto de embarcar, refleja la importancia de la línea y de su enclave.

El tren es una forma de ver los paisajes de la zona, sus colinas y montañas envueltas en nubes, las antiguas estaciones y algunos de los lugares más llamativos del país. Y es que la mayoría de los viajes en tren por Eslovenia tienen momentos espectaculares. El precioso trayecto de Liubliana a Sezana y hasta Villa Opicina, ya en Italia, es el complemento perfecto.

Cómo viajar: al tener pocas posibilidades de que alguien ocupe el asiento de al lado, este viaje de dos horas ofrece una perspectiva sin agobios. Los billetes se compran al llegar a la estación de Nova Gorica o Jesenice y solo hay segunda clase, que ofrece asientos cómodos y espacio para estirarse. El tren museo especial de vapor hace la ruta en verano y ofrece una excursión de un día entero que incluye almuerzo en los viñedos de la región de Goriska Brda. Hay salidas diarias y se tiene que reservar con antelación, a diferencia del tren normal. Véase www.slo-zeleznice.si.

Viajes

Trilogía blanca en la Alpujarra

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Asomados al barranco de Poqueira, que ha ido formando el río homónimo en la vertiente sur de Sierra Nevada, en la Alpujarra granadina, tres pueblos tradicionales, miembros de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, reciben cada verano a miles de visitantes: Capileira, a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar, Bubión (a 1.300 metros) y Pampaneira (a 1.058 metros). Pero en otoño y primavera son senderistas y amantes de la montaña quienes exploran principalmente este inclinado territorio a la sombra del Mulhacén, dentro del parque nacional de Sierra Nevada. Encaramarse a su cima, a 3.479 metros de altura, coronando así el techo de la Península, es solo uno de los apetecibles planes en este pintoresco valle declarado conjunto histórico-artístico.

Bautizo montañero

“El barranco de Poqueira es el lugar perfecto para iniciarse en la media y alta montaña”, asegura Jesús Espinosa, socio fundador de la empresa Nevadensis, que gestiona el punto de información del parque nacional en Pampaneira y que lleva 30 años guiando a grupos por los vericuetos de Sierra Nevada. La proximidad del Mediterráneo suaviza las condiciones climáticas durante buena parte del año. Desde el refugio Poqueira, a 2.500 metros y abierto todo el año, parten seis rutas: la Circular de la Laguna, dos más —por caminos diferentes— al pico Alcazaba (3.364 metros); otra que enfila hacia el Veleta (3.396 metros) y dos que encaran el Mulhacén, aunque no son las únicas.

Telares Mercedes, en el pueblo granadino de Pampaneira.
Telares Mercedes, en el pueblo granadino de Pampaneira.

El Servicio de Interpretación de Altas Cumbres Sierra Nevada SIAC-Vertiente Sur (958 76 30 90 y 671 56 44 06), en Capileira, tiene en marcha un microbús hasta el Cascajar, cerca del Alto del Chorrillo, a 2.600 metros de altitud, para ascender por la Loma del Tanto y llegar, en unas tres horas y media, a la cumbre del Mulhacén; la bajada necesita unas dos horas más. A partir de septiembre el servicio es irregular, dependiendo de las condiciones climatológicas, y se corta definitivamente cuando llegan las primeras nieves.

Entre tinaos y callejones

Los tres pueblos del barranco, con macetas sobre blanquísimas fachadas y terraos de techos planos (las casas no tienen tejados), lavaderos y fuentes árabes, invitan a un paseo por la deliciosa anarquía de sus calles estrechas y zigzagueantes. Son frecuentes los tinaos o cobertizos que enlazan una edificación con la de enfrente, a modo de pórticos. En Pampaneira, primera parada del viajero al entrar en el valle, es recomendable pasear bajo los tinaos de las calles Real, Princesa, Cristo, del Viso o Silencio. Y después degustar chacinas y alimentos típicos en la Bodega La Moralea (958 76 32 25). Tienen fama también Casa Julio, el Mesón Belezmin (958 76 31 02) y la Bodega Asador El Lagar. ¿Qué se puede pedir? Productos derivados del cerdo, migas, gachas (plato alpujarreño) y potaje de castañas en esta época del año. Pero lo que abunda en el pueblo son las tiendas de artesanía, con las jarapas (tejidos de colores vivos, con telas de desecho) como producto estrella. Para dormir, el Hotel Rural Estrella de las Nieves.

En Bubión, siguiente pueblo en ruta ascendente, destacan los tinaos de las calles del Alcalde Juan Pérez Ramón y Trocadero. Después se pueden visitar el taller del telar (de los pocos telares tradicionales que se conservan en la comarca) y los museos de la casa alpujarreña y de la agricultura, y es buena idea terminar el recorrido sentado a la mesa del restaurante Teide.

Una calle de Capileira.
Una calle de Capileira.

Vistas de cero a 3.000 metros

Capileira, con sus tres barrios a los pies del pico Veleta, su Fuente de la Pileta y su lavadero de la Fuente Hondera, prolonga la tentación gastronómica. Por ejemplo, en el hotel Finca Los Llanos  o degustando una típica hogaza alpujarreña en el obrador Capileira (958 76 31 95). Se puede cambiar de aires culinarios en La Pizzería (958 76 33 04), y después visitar el Museo de Artes y Costumbres Pedro Antonio de Alarcón. Pero lo más interesante de su término municipal es que está trufado de miradores: el del Tajo del Diablo, del Perchel, las Espeñuelas, la Junta de los Ríos, Eras de Aldeire, la calle-mirador del Mentidero, Puerto Molina… Hacia abajo, los tres pueblos encaramados en el barranco; hacia arriba, los tresmiles de Sierra Nevada; y, enfrente, las sierras de Lújar y la Contraviesa, el Mediterráneo e incluso la costa africana en días despejados. A Espinosa le gustan especialmente las vistas desde los Tajos del Ángel: “Las puestas de sol son espectaculares cuando en las cumbres hay nieve, que destella con tonos rosados”.

Setas y senderos

Las tres villas están rodeadas de bancales escalonados y cultivos tradicionales, recuerdos de un pasado agríco­la que ha dejado paso al turismo como motor económico. Conforme se va alejando de ellos, el viajero se adentra en zonas agrestes y de bosque mediterráneo —encinas, robles, castaños, quejigos— que brindan un espectáculo en otoño. “Es un paisaje muy vertical”, describe Espinosa, encajonado entre paredes de roca. Sierra Trails-Dallas Love, en Bubión, ofrece descubrirlo a caballo, y el Centro BTT Nevada organiza rutas en bicicleta de montaña. La tienda Alpujarra Bike, también en Bubión, las alquila.

Los caminos que bajan desde las tres localidades hacia el río Poqueira, cruzado por cuatro puentes, conforman otro bonito escenario para una excursión. La web de Capileira propone rutas por el entorno, y también las normas para la recogida de setas dentro del parque natural: cinco kilos máximo por persona y día, no usar rastrillos o azadas, transportarlas en cestas que permitan dispersar las esporas… Entre los posibles trofeos están los abundantes níscalos, la seta de cardo en los bancales abandonados, champiñones, parasoles y, más escasos, los boletus en encinares y robledales.

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Viajes

Nueva Zelanda: ‘El show de Truman’ hecho realidad

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Estoy de viaje estos días por Nueva Zelanda. No había venido hasta ahora por este rincón del mundo y me apetecía conocer este país y tratar de entender por qué atrae tanto a los viajeros. Tras dos semanas de viaje creo que empiezo a descubrir la razón: en Nueva Zelanda todo parece perfecto. El paisaje está hecho por ordenador: tras cada curva aparece una postal más idílica. La oveja puesta en el sitio que mejor compone, los picos nevados como telón de fondo, el prado de hierba de un verde que ni con Photoshop, el pueblecito bucólico en un rincón, el lago en el otro, la montaña de forma singular… Vamos, que ni hecho por encargo.

Atardecer en el monte Cook (3.724 metros), la cima más alta de Nueva Zelanda.
Atardecer en el monte Cook (3.724 metros), la cima más alta de Nueva Zelanda.

Hace poco pasé por el lago Wanaka, una población de la isla del Sur a media hora en coche de Queenstown. Voy con un grupo de viajeros de El País Viajes y todos nos quedamos embobados con la perfección del escenario: el lago de agua azul turquesa, las montañas de cimas nevadas, las casitas de madera monísimas, cada una con su jardín de césped recién cortado, los setos perfectos, el camino que bordeaba el lago con gente feliz haciendo footing, parejas jóvenes empujando el carrito del niño. Nada que distorsionara la paz y la armonía del momento. Si me hubieran dicho que estaba en episodio de El show de Truman me lo habría creído. Hasta estuve tentado de levantar el césped a ver si debajo de esa alfombra perfecta se veía algo de miseria, de basura o de humanidad. Pero nada, no había nada.

La sociedad neozelandesa parece igual de perfecta que el paisaje. En apariencia, claro; quienes viven aquí te dicen que al cabo del tiempo sí ven alguna mancha —pequeñísima— en este currículo perfecto; pero eso algo que no percibe el viajero. Un país con la mitad de extensión de España (260.000 km cuadrados) y solo 4,6 millones de habitantes, 34 millones de ovejas, 12 millones de vacas, 3% de paro, una renta per cápita de 44.000 dólares, agua de sobra, recursos naturales para aburrir y que se sitúa siempre en los primeros lugares de todos los índices de calidad de vida en sus ciudades, ausencia de corrupción, nivel de educación, desarrollo humano y libertad económica… tiene todas las papeletas para ser el país perfecto, El show de Truman hecho realidad, ¿no?

La apacible vida al estilo kiwi.
La apacible vida al estilo kiwi.

Un detalle que da idea del estilo de vida kiwi: un terreno o una casa aislada en la montaña y con difícil acceso es mucho más cara que una en el centro de cualquier ciudad. Porque un neozelandés valora por encima de todo la soledad y la privacidad rodeado de naturaleza.

En verdad Nueva Zelanda solo tiene un pero. Está lejos de todo. Exactamente a 2.000 kilómetros del sureste de Australia y a 2.500 de la Antártida. Lo más cercano que tienes para ir un fin de semana es Nueva Caledonia, Fiji o Tonga. Aunque este aislamiento más que un problema es su razón de ser, el motivo por el que Nueva Zelanda es como es.

Salto en 'bungee jumping', desde el puente del río Karawau, donde empezó el 'bungee' comercial.
Salto en ‘bungee jumping’, desde el puente del río Karawau, donde empezó el ‘bungee’ comercial.

Para un viajero es sumamente fácil moverse por el país. Tiene mucho éxito la fórmula autocaravana. De hecho, en la carretera y en los aparcamientos de los espacios naturales te cruzas con docenas de ellas tripuladas por el mismo perfil de viajero: parejas jóvenes, ataviadas con ropa de montaña, ávidas de aventuras al aire libre. Y de ellas en Nueva Zelanda tienes todas las que quieras. Aquí se fundó en 1988 la primera empresa comercial del mundo de bungee jumping (salto al vacío sujetado por una cuerda elástica a los pies). La creó A. J. Hackett, uno de los cinco pirados estudiantes de Oxford que en los años setenta, después de ver un documental de cómo saltaban al vacío de forma ritual los aborígenes de la isla de Pentecostés (Vanautu, Pacífico Sur) se decidieron a emular la hazaña. Hackett fue el inventor de la cuerda elástica, la patentó y hoy es uno de los hombres más ricos de Nueva Zelanda. Cosa que no te extraña cuando pasas un rato apostado en el puente Karawau —donde fundó y aún continúa su empresa— y ves lanzarse cada dos minutos a un turista (mayoritariamente chino) ávido de emociones fuertes tras pasar por caja y dejarse 205 dólares neozelandeses (132 euros).

Queenstown, una de las ciudades más bonitas del país, ubicada en las riberas del lago Wakatipu, en la isla del Sur, es una especie de Sodoma y Gomorra de los deportes de aventura: usted traiga dinero, que nosotros ya se lo sacaremos ofreciéndole todo tipo de posibilidades para descargar adrenalina, desde un recorrido muy loco en jetboat por el río Shotover a un salto de skydiving indoor en una nave industrial.

Si vienes a Nueva Zelanda, tráete un buen par de botas. Es un país para caminar, sobre todo la isla del Sur.  El 20% de su territorio es espacio protegido y la red de senderos en parques nacionales es enorme y suelen estar muy bien mantenidos. Si te va la vida urbana, quizá este no sea tu destino. Pero si lo que buscas es una naturaleza exuberante y paisajes de postal, Nueva Zelanda no te defraudará. No olvidemos que aquí se rodó la celebérrima saga de J. R. R. Tolkien. “En este país tenemos tres industrias», me decía un amigo neozelandés: «la carne, la leche y El señor de los anillos”. Porque buena parte de los casi cuatro millones de turistas que vienen al año lo hacen atraídos por los paisajes de la trilogía.

Paisaje litoral de la reserva marina y parque nacional Westland, en la escarpada costa oeste de la isla del Sur.
Paisaje litoral de la reserva marina y parque nacional Westland, en la escarpada costa oeste de la isla del Sur.

Estos son los mejores parques y áreas protegidas que te recomiendo para caminar en la isla del Sur:

Parque Nacional Mount Cook: la cima más alta del país, con 3.774 metros. El lugar donde se inició en el alpinismo Edmund Hillary, el primer humano, junto con el sherpa Tenzing Norgay, en hacer cumbre en el Everest (tiene estatura y museo propios en el lugar).

Lagos Tekapo y Pukaki: antesala del monte Cook, con preciosas vistas de los Alpes del Sur (que se reflejan en sus aguas) y senderos para circunvalarlos.

Milford Sound: el más bello y fotogénico de los 14 fiordos neozelandeses. Hay barcos que los recorren en paseos de unas dos horas de duración.

Fran Josef y Fox Glacier: dos glaciares que desaguan hacia la costa oeste de la isla del Sur. Impresiona ver lenguas de hielo rodeadas de un bosque templado húmedo con la frondosidad de una selva: por desgracia están en regresión y solo se ven bien desde un helicóptero.

Parque nacional Abel Tasman: parque marítimo-terrestre con bellísimas playas y cubierto de bosque templado húmedo primario. Solo es accesible en barco desde la localidad de Kaiteriteri.

– Malborough Sound: un conjunto de rías y ensenadas en el extremo norte de la isla del Sur con algunos de los mejores bosques costeros. La red de senderos es amplia, incluido uno de los más famosos del país: el Queen Charlotte Track.

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Once destinos de récord Guinness que invitan a viajar (y uno de ellos es Madrid)

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  • 1 Dos siglos endulzando la vida de niños y adultos Situada en la encantadora localidad de Pately Brigde, entre los verdes valles de neblina perpetua de Yorkshire Dale (al norte de Inglaterra), está la tienda de golosinas más antigua del mundo, aunque sus dueños han preferido no cambiarle el nombre y el establecimiento se sigue llamando The Oldest Sweet Shop in EnglandEl libro Guinness de los Récords la incluyó en su listado de registros imposibles en 2014. Pero su aventura arrancó casi dos siglos antes, en 1827. Desde entonces endulza la vida de niños y adultos con sus chucherías vintage y su cuidada selección de chocolates en un espacio de bonita decoración. Entre sus top sellers están los balines de regaliz mentolado recubiertos de una fina capa de caramelo, un básico para cualquier chaval que creciera en la década de 1980. Desde hace años su tienda online distribuye dulces a Inglaterra y al resto del planeta. “Amamos los dulces y queremos compartir nuestra pasión con todo el mundo”, aseguran en su web.
  • 2 Mesa y mantel con 300 años de historia Francisco de Goya, Benito Pérez Galdós, Ernest Hemingway o Truman Capote disfrutaron de copiosas comidas sobre sus finos manteles. Y muchos de ellos trasladaron sus vivencias gastronómicas a sus obras inmortales. Con 300 años de historia, Casa Botín, en Madrid, ostenta desde 1987 el título de restaurante más antiguo del mundo. Fundado en 1725, este establecimiento decano sirve una cocina castellana tradicional en la que sobresale la sopa de ajo con huevo, el revuelto de la casa, las almejas al Botín y el solomillo. Y, por encima de todo, el cochinillo con 21 días cumplidos que sirven asado en un horno de piedra construido en 1868. El hecho de que no haya cesado su actividad un solo día, ni durante la Guerra Civil, fue determinante para otorgarle el galardón Guinness en detrimento de otros restaurantes con mayor antigüedad. A un paso de la plaza Mayor, Casa Botín es parada obligada para turistas extranjeros y un emblema perpetuo de la capital de España.
  • 3 Un espacio natural del tamaño de dos Españas Tiene dos veces el tamaño de España y más o menos el mismo que Egipto. El parque nacional del Noreste de Groenlandia es el espacio natural protegido más grande del mundo, con una extensión de 972.000 kilómetros cuadrados. En este inhóspito territorio polar no vive nadie, a excepción de una treintena de militares que habitan los distintos puestos del Ejército danés en la región. La isla sobre la que se asienta esta vasta zona natural, en la que se concentra el 40% de la población mundial de bueyes almizcleros así como osos polares y renos, es también la más grande del mundo. En la foto, las montañas reflejadas sobre el agua del fiordo Kaiser Franz Josef, en el parque natural del Noreste de Groenlandia.
  • 4 El mejor mirador de Las Vegas, a 167 metros de altura Una mastodóntica inversión —500 millones de dólares— para poner en pie la noria de observación más alta del mundo. Desde su inauguración en abril de 2014, High Roller se ha convertido en un símbolo del atractivo inagotable de Las Vegas (Estados Unidos), cuyo skyline ha modificado para siempre con sus imponentes 167 metros de altura que rasgan el cielo de la ciudad del juego. Cuenta con 28 cabinas, con capacidad para 40 personas cada una. Eso sí, subirse a ella no es barato: 30 dólares (unos 27 euros) por una experiencia de media hora en la que poder observar el inagotable influjo de los neones intermitentes de hoteles y casinos.
  • 5 Dubái, una metrópoli de récord Si existe una ciudad de récord, esa es Dubái. Excesiva y ambiciosa, la ciudad de Emiratos Árabes busca romper moldes constantemente. Lo hizo a lo grande el 4 de enero de 2010 cuando el Burj Khalifa se convirtió en el rascacielos más alto del mundo. Con 828 metros y 192 plantas, la mayoría de ellas destinadas a uso residencial, esta mole espigada desbancó del primer puesto al Taipei 101 en Taiwán, que mide 300 metros menos. Y es que Dubái se alimenta constantemente de la capacidad del ser humano de superarse a sí mismo. Buena muestra de ello es el Dubái Mall, el centro comercial más grande del mundo, con 502.00 metros cuadrados, más de 1.200 tiendas y 14.000 plazas de parking. El hotel más alto del planeta también se abrió en esta ciudad en 2013: el Marriott Marquis, con sus 1.608 habitaciones y 355 metros de altura, pulverizó el récord que ostentaba hasta entonces el Hotel Everest View, en Nepal.
  • 6200 kilómetros jalonados de botellas de vino Nada hace pensar a priori que la bodega de vinos más grande del mundo esté en Moldavia, país que cuesta ubicar en el mapa de los grandes productores de vino. Pero los 200 kilómetros de galerías subterráneas de la bodega bodega Milestii Mici, a escasos 30 kilómetros de Chisinau, la capital de esta antigua república soviética, albergan más de millón y medio de botellas. La primera fue almacenada en 1968 y, cada año, se incluyen nuevas cosechas. Entró en 2005 en El Libro Guinness de los Récords y sus vinos más cotizados son los de la añada de 1973, que alcanzan un precio por botella de 500 euros.
  • 7La gran estructura del Imperio Romano El Muro de Adriano, que recorre de costa a costa el norte de Inglaterra a lo largo de 75 millas romanas (117,5 kilómetros) en medio de un paisaje impactante, fue la inspiración de George R. R. Martin para la Muralla de Hielo que separa los Siete Reinos de las tierras salvajes en la serie Juego de tronos y de uno de los grandes poemas de W. H. Auden, Roman Wall Blues: «El día en que sea un veterano tuerto / No haré otra cosa que mirar al cielo». El emperador Adriano fue quien ordenó crear esta muralla de piedra con una anchura máxima de tres metros y una altura nunca superior a los seis metros. Construida entre los años 122-126 d.C, es la estructura más grande creada por los romanos a lo largo de su historia.
  • 8 Una piscina de 14 plantas y 42 metros de profundidad El pueblecito italiano de Montegrotto Terme (Padua), conocido por las propiedades curativas de sus aguas termales, cuenta entre sus atractivos con la piscina más profunda del mundo. Esta gigantesca balsa de agua dulce, con catorce plantas y 42 metros de profundidad, forma parte de las instalaciones del hotel Millepini Terme y fue inaugurada el 5 de junio de 2014. La temperatura de sus aguas oscila entre los 32 y los 34 grados, por lo que sumergirse en ella siempre resulta una experiencia agradable. La piscina cuenta con cuevas submarinas y un túnel transparente bajo el agua para que aquellos que no quieran mojarse puedan disfrutar de la experiencia de nadar en una piscina de récord.
  • 9 Un pasadizo de 31 centímetros para esconderse Estrecha, angustiante, minúscula… Los adjetivos se quedan cortos para describir la sensación de atravesar la calle más estrecha del mundo, en la localidad medieval alemana de Reutlingen. Se llama Spreuerhofstraße y en su parte más angosta, entre pared y pared, solo hay 31 centímetros de separación por los que difícilmente cabe una persona de canto. La calle fue construida en 1727 después de que un devastador incendio redujera a cenizas la inmensa mayoría de las viviendas de esta ciudad de 100.00 habitantes. Y su estrechez se explica por el intento de evitar la propagación rápida de las llamas.
  • 10 Adrenalina a 205 kilómetros por hora «No está permitido el acceso con teléfono móvil. Por favor, dejen el aparato en los casilleros». La advertencia que se hace a los pies de la montaña rusa más grande del mundo, en Jackson (Nueva Jersey, Estados Unidos), no es ninguna broma. La explosiva mezcla de adrenalina y velocidad de Kingda Ka no tiene rival desde 2005. Una vez se alcanza la cima de este esqueleto de acero de 139 metros de altura, el trenecito enfila una vertiginosa bajada en la que se alcanza una velocidad de 205 kilómetros en tan solo tres segundos y medio. Una aceleración que ni los deportivos más exigentes pueden alcanzar sobre el asfalto. “Kingda Ka hace morder el polvo al resto de montañas rusas”, aseguran en su página web. Tienen toda la razón.
  • 11 Una fortificación con crías de dragón El castillo de Predjama es uno de los lugares más visitados de Eslovenia. Clavada como una chincheta sobre la montaña y asomada a un precipicio de 123 metros, la fortificación es la más grande de este tipo que se puede hallar en el mundo. Su rocambolesca ubicación le ha conferido una mayor protección ante los múltiples enemigos que la han asediado a lo largo de los siglos. Posiblemente por eso se ocultaba allí el barón Erazem Lueger, una especie de Robin Hood en la tradición literaria eslovena, después de asaltar a los comerciantes que cubrían la ruta entre Viena y Triste en el siglo XVI. Pese a su verticalidad y difícil acceso, es la puerta de entrada a la cueva de Postjna, un sistema de laberínticas cavernas en las que habitan unos anfibios albinos que cuando se descubrieron hace más de 400 años se creyó que eran crías de dragón.
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