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Viajes

Una ruta literaria por los inhóspitos paisajes de Yorkshire

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Para llegar a Haworth (West Yorkshire), lo más fácil es tomar, en Mánchester o en Leeds, uno de los muchos trenes que van hasta Hebden Bridge, y en la propia estación, el llamado Brontë Bus, que tarda algo más de media hora y que nos deja muy cerca de la casa museo de las hermanas (el Brontë Parsonage Museum). Cuando el autobús empieza a subir, serpenteando por una carretera local, el paisaje es de una belleza abrumadora. Hay bandadas de cuervos y azores graznando sobre los páramos cubiertos de rocas, helechos y musgos. Pero es al llegar al pueblo cuando todo estremece: el dialecto áspero, musical y brusco de la gente de la zona, las calles empinadas y oscuras, el rugido del viento, las tumbas del cementerio derrumbadas y comidas por las ortigas y el olvido, la sobria rectoría, en cuyo interior todavía palpitan los objetos y los muebles de la familia. Y es que, como dijo el poeta Seamus Heaney, esta zona de Yorkshire se nutre de un “paisaje primitivo donde las piedras gritan y los horizontes sufren”. 

Fachada del Brontë Parsonage Museum, la casa familiar de las hermanas Brontë en el pueblo inglés de Haworth.
Fachada del Brontë Parsonage Museum, la casa familiar de las hermanas Brontë en el pueblo inglés de Haworth.

¿Es esta Cumbres Borrascosas, una de las mansiones que se describen en la famosa obra homónima de Emily Brontë?, es lo primero que nos preguntamos al entrar en el Parsonage. Pues sí y no, porque, aunque tiene mucho que ver, en realidad Emily se inspiró en un cobertizo de un lugar llamado Top Withens, a casi cinco kilómetros de allí, y que es hoy parte del recorrido por los parajes de las Brontë. Pues sí y no, porque, aunque tiene mucho que ver, en realidad Emily se inspiró en un cobertizo de un lugar llamado Top Withens, a casi cinco kilómetros de allí, y que es hoy parte del recorrido por los parajes de las Brontë.

Gorros victorianos en una vitrina del Brontë Parsonage Museum, en Haworth.
Gorros victorianos en una vitrina del Brontë Parsonage Museum, en Haworth.

Huyendo de las rígidas ataduras de la Inglaterra victoriana, en la casa que es hoy museo se recluyeron las hermanas para escribir obras que ya son clásicos como Jane Eyre o Cumbres borrascosas. Las habitaciones se han conservado tal y como estaban, de modo que el visitante se puede imaginar a sus moradores a lo largo del tiempo: las niñas jugando en el office, Emily pelando patatas en la cocina o practicando escalas en el piano, o Charlotte vistiéndose para su boda. Y es que el misterio que ejerce el Parsonage en el visitante tiene mucho que ver con la narrativa doméstica en torno a la cual se articulan los objetos, los muebles y las estancias: el cuarto de los juegos es el mismo en el que la Emily adulta dormía, y donde se cree que salvó a su hermano Branwell de un incendio; junto a esta habitación está el lugar donde el reverendo Patrick Brontë tuvo que lidiar con el delirium tremens de su hijo; el comedor en el que Charlotte, Emily y Anne caminaban en torno a la mesa redonda, discutiendo los planes del día, es también la estancia que contiene el sofá en el que murió Emily, y la verja que Charlotte cruzó para contraer matrimonio es también la verja a través de la cual fue transportado su ataúd el día de su entierro. Siguen ahí también objetos originales: la copia del famoso retrato realizado por Branwell—el original se conserva en la National Portrait Gallery de Londres— de Anne, Emily y Charlotte; cartas a medio escribir, un tintero, una taza de té, un periódico sobre el escritorio del reverendo, unos trapos de cocina, los dibujos de Branwell, el piano, una cama con dosel o unas lámparas de aceite que nos meten de sopetón en el ambiente.

Un retrato de Charlotte cuelga sobre la chimenea del comedor de la casa museo de las hermanas Brontë en Haworth.
Un retrato de Charlotte cuelga sobre la chimenea del comedor de la casa museo de las hermanas Brontë en Haworth.

Todo ello, además, intercalado con paneles que proporcionan información sobre la biografía de la familia y que nos acercan a la tragedia que vivió. Porque, si hemos dicho que el entorno del Parsonage estremece, aún produce una impresión mayor descubrir que fue el padre de las escritoras, el reverendo Patrick Brontë —un irlandés de origen campesino que estudió gracias a una beca— quien sobrevivió y enterró a toda su familia, seis personas en total, con edades comprendidas entre los 11 y los 39 años.

Todo estremece: el dialecto áspero, musical y brusco, las calles empinadas y oscuras, el rugido del viento, las tumbas del cementerio derrumbadas

Además de callejear por Haworth, así como visitar la iglesia, el cementerio y la escuela, uno puede conocer los inspiradores parajes por los que paseaban las hermanas. Aparte de Top Withens, merece la pena sentir el viento y escuchar el chillido de las piedras de camino al puente y las Brontë Waterfalls. Merece la pena mancharse los zapatos de barro y pincharse las pantorrillas con los cardos y los brezos para llegar al Ponden Kirk, una gran piedra granítica con poderes mágicos: la leyenda dice que si una chica atraviesa gateando el gran agujero al pie de la roca, se casará ese año.

La antigua farmacia Rose & Co Apothecary, en el pueblo de Haworth. H & D
La antigua farmacia Rose & Co Apothecary, en el pueblo de Haworth.

Pero esta zona de Inglaterra no es exclusiva de las Brontë. En Yorkshire nacieron también, entre otros, los dramaturgos John Arden y Alan Bennett, y los poetas W. H. Auden y Ted Hughes. Este último, casado con la poeta americana Sylvia Plath, vivió un tiempo en Heptonstall, muy próxima a Hebden Bridge, ciudad mercado del valle de Upper Calder, en el que cogimos el autobús y al que ahora regresamos. Es un placer pasear por sus ordenadas calles adornadas con cestones de flores, por su plaza o por la ribera del río Calder, así como comer un sunday roast (rosbif, patatas asadas, verdura y Yorkshire pudding) en uno de sus pubs.

Una ruta literaria por los inhóspitos paisajes de Yorkshire
COVA FERNÁNDEZ

El último reino celta

A tres kilómetros de Hebden Bridge está Heptonstall, que fue especialmente significativo para Hughes, y uno comprende de inmediato por qué la naturaleza (cardos, helechos, viento…) y los animales (zorro, cuervo, azor, caballos, lucios…) tuvieron tanta presencia en su obra. En él se erguía el principal baluarte de Elmet, el último reino celta que hubo en Inglaterra, y que el poeta fundió con Yorkshire en el poemario Remains of Elmet. En Heptonstall se halla también The Beacon, la casa de sus padres, donde vivió con Sylvia Plath cuando acababan de casarse y desde la que visitaron la parroquia de las Brontë. De esta visita salió el poema de Plath titulado Cumbres borrascosas. En este caso, la poeta no volvía a contar la historia de las Brontë, sino que usó las imágenes de los sombríos páramos para transmitir su propio estado de ánimo desolado (“El viento doblegando todo en una única dirección / noto cómo intenta / extraerme el calor”). Dos años más tarde, a la edad de 30 años, se suicidó y, por deseo de su marido, fue enterrada en el cementerio de Heptonstall. Su tumba, en la que se puede leer: “En memoria de Sylvia Plath Hughes, 1932-1963. Incluso entre las llamas ardientes puede cultivarse el loto dorado”, fue desde el principio centro de peregrinación de muchos lectores y objeto de una intensa polémica. En varias ocasiones unas manos anónimas (la prensa británica apuntó a que se trataba de grupos feministas) hicieron pintadas y borraron el apellido Hughes. El estremecedor y bellísimo poema de Ted Hughes titulado Los perros se están comiendo a tu madre, dirigido a su hija Frieda, da cuenta de esa época en que críticos, biógrafos y estudiosos no cesaban de cebarse con el cadáver de Plath.

En Hebden Bridge es un placer pasear por sus ordenadas calles adornadas con cestones de flores, por su plaza o por la ribera del río Calder

Muy cerca de The Beacon, hundida en el valle, está Lumb Bank, la casa que Hughes compró en 1969. Allí se trasladó con sus hijos y con su amante Brenda Hedden. Unos años después alquiló la casa a la Fundación Arvon, una organización de escritura creativa en la que había estado involucrado que sigue organizando residencias y cursos. Desde ella se ven las chimeneas del poema Lumb Chimneys y uno entiende las palabras con las que Hughes definió su tierra: “Al oeste de Yorkshire… nada consigue huir del todo hacia la felicidad. La gente no acaba de desligarse de la piedra, como si la mitad de su cuerpo aún estuviese en la tierra, y las tumbas están demasiado cerca de la superficie”.

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Ibiza, plácido y delicioso ritmo pitiuso

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Ibiza tiene 571 kilómetros cuadrados. Se recorre de punta a punta en poco más de una hora en coche. Es el destino playero cool y recibe más de tres millones de visitantes al año. A estas alturas ya no quedan calas escondidas ni lugares secretos que solo conozcan unos cuantos lugareños. Pero aunque parezca imposible en la era de Internet y las redes sociales, sí existe un pedazo de tierra que se parece a la Ibiza original, a la que hoy solo aparece en postales vintage del mercadillo hippy de Las Dalias o en fotografías que acumulan polvo en establecimientos centenarios. Es el norte de la isla balear, que escapa a estereotipos y discotecas. Donde las bacheadas carreteras se pierden entre densos pinares, con sus cunetas salpicadas de las plantas que obran el milagro de convertir el anís en hierbas ibicencas. Es el rincón ideal para perderse durante el otoño, porque al norte de Ibiza la vida siempre es domingo, todo marcha a una velocidad menor y el turismo de masas es solo un rumor.

La capitalidad de esta calma septentrional la ejerce Sant Joan de Labritja, término municipal con apenas 5.500 habitantes en más de 100 kilómetros cuadrados. La localidad homónima —una de sus cuatro parroquias, junto con Sant MiquelSant Vicent y Sant Llorenç— es toda una delicia. Se expande apenas dos calles alrededor de la iglesia. Su pausada vida solo se quiebra los domingos, que amanecen con un coqueto mercadillo con música en directo, puestos de moda, joyería y comida. Más tarde, los visitantes se desplazan a la cercana Benirràs, al son de los tambores, ante los que muchos lugareños fruncen el ceño. Los habitantes de esta zona prefieren una vida tranquila, de huertas y casas payesas rodeadas de almendros, algarrobos y olivos centenarios, bajo los que picotea un ejército invasor de palomas torcaz. La tierra naranja que pisan estas aves domina un paisaje que guarda pequeños nirvanas de aguas turquesas donde el turismo no es tan masivo porque no cabe. El norte lo tiene claro: no quiere parecerse al sur insular.

Ibiza, plácido y delicioso ritmo pitiuso
COVA FERNÁNDEZ

Algunas playas mínimas se descubren circulando por la carretera E-10. La primera es cala Xarraca, donde pescan los cormoranes. En los arenales que la siguen, S’Illot des Renclí y cala Xuclar, ambos diminutos, caben apenas un puñado de personas. Entre los pinos también hay embarcaderos para sentarse al sol otoñal cual lagartijas pitiusas. Superando Portinatx se llega a la cala d’en Serra. Los socavones del camino lo convierten en un acceso solo apto para conductores valientes; así que mejor aparcar y disfrutar de una corta y sencilla ruta senderista hasta la playa. Quizás esta época del año no sea momento para el baño, pero el buceo es toda una experiencia mecidos por el lento bamboleo de las praderas de posidonia.

Vistas a Tagomago

La carretera vieja de Portinatx sigue su camino entre curvas cerradas y baches hasta Sant Joan de Labritja, y la PM-811 toma entonces rumbo hacia Sant Vicent de Sa Cala por una de las zonas más boscosas en una isla de bosques. La caída del sol es el mejor momento para acercarse a los muelles de Pou des Lleó, desde donde parte una senda de tierra por la que pasear poco más de un kilómetro hasta la torre de Campanitx; allí aguardan preciosas vistas hacia el perfil ondulado del islote de Tagomago. Siguiendo la costa, otra estrechísima, serpenteante y solitaria lengua de asfalto se adentra entre pinos y viñedos hacia el sur, casi olvidándose de cala Mastella, un rincón que pasa inadvertido salvo para quienes buscan el silencio o los sabores de El Bigotes (650 79 76 33). Creado a partir de una caseta de pescadores, este restaurante está siempre a reventar en sus dos turnos. El de mediodía ofrece pescado a la plancha; el de las dos de la tarde, bullit de peix a partir de las capturas pesqueras del día, en mesas compartidas. Sirvia, raya, corvina, cabracho o gallo San Pedro son servidos con patatas guisadas para arrancar un menú culminado con un exquisito arroz caldoso. Cocinado con leña, el doble plato se borda en esta casa desde hace décadas. Como el flaó — postre tradicional ibicenco— y el café caleta, que a base de agua, brandi, canela y piel de limón propone una dulce sobremesa que cuesta abandonar. Alejado de lujos y comodidades, proporciona un momento único, igual que sentarse a la mesa del Bar Anita, en el cercano pueblo de Sant Carles de Peralta, que aún ejerce de casa de postas con más de 600 buzones de las viviendas diseminadas de toda la zona para que las cartas no se pierdan entre caminos de tierra y veredas.

El bar Can Xicu, en Sant Miquel de Balansat.
El bar Can Xicu, en Sant Miquel de Balansat.

A 16 kilómetros hacia el interior de la isla, el estanco de Sant Miquel de Balansat también fue centro de comunicaciones. Allí iban los jóvenes de Estados Unidos en la década de 1960 para recoger los giros postales que sus familias enviaban desde el otro lado del Atlántico. Este rinconcito ubicado en una casa con cuatro siglos de antigüedad también es el bar Can Xicu. La actriz Tita Planells mantiene hoy, con pulso firme, este negocio familiar, epicentro para el café de la mañana o la primera cerveza vespertina. Unos pasos más abajo, La Casita del Sol (971 33 46 49) sirve pan casero de cacao y naranja, costilla de ternera o huevos rotos en sus terrazas ajardinadas. “Nosotros no cocinamos, solo transformamos: el horno de piedra hace todo”, subraya uno de sus chefs, Daniel Díez, que dirige el lugar junto a su hermano Adrián desde mayo de 2018. El tándem también lidera exitosamente La Luna Nell’Orto, a escasos 50 metros.

El recorrido gastronómico se puede cerrar en La Paloma. Ubicado en una casa payesa de Sant Llorenç, un gran algarrobo domina el patio principal rodeado de naranjos y huertas. Con productos orgánicos y cocina internacional, se ha ganado el corazón del turismo foráneo, que en las frescas noches se acerca a la chimenea del interior de la vivienda. El otoño es otra cosa en Ibiza.

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Viajes

20 viajes para despedir el año

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Quedan tres semanas para la Nochevieja. Y la llegada de 2020 bien merece 20 escapadas a lugares muy especiales. Si aún no sabe cómo festejarlo, aquí tiene algunas ideas para hacerlo fuera de casa. Con uvas o sin ellas; en la nieve o en la playa; cerca o muy lejos; de esmoquin o en bañador. Porque, como escribió san Agustín, “hacer el loco una vez al año es cosa tolerable”.

Sexo en Nueva York

Más allá de las Rockettes, Santa Claus o el Ice Rink del Rockefeller Center, la Gran Manzana invita a morder planes más irreverentes, como Super Funland, la nueva instalación lúdica e interactiva del Museum of Sex o ­MoSex, en Manhattan. No es el único museo del sexo, pero sí uno de los que abordan el tema con más elegancia y seriedad. Otra de las celebraciones que más expectativas despierta es la de Times Square, donde miles de personas esperarán el descenso de la gran esfera luminosa cubierta con 504 triángulos de cristal —el ball drop— que marcará el cambio de año. Viajes El Corte Inglés dispone de combinados de vuelos y nueve noches de hotel desde 1.023 euros por persona.

Times Square, epicentro de la fiesta de Nochevieja en Nueva York.
Times Square, epicentro de la fiesta de Nochevieja en Nueva York.

En clave verde

Muy lejos del bullicio de Nueva York, el complejo rural Tierra del Agua, ubicado en el parque natural de Redes (Asturias), invita a despedir 2019 con caminatas por la montaña, comidas en una cabaña, películas a la luz de las velas y catas en un llagar. Estancia de dos a cinco noches con desayunos, cena y fiesta de Nochevieja y sopas de ajo de madrugada (para entonar el cuerpo), entre 249 y 357 euros por persona.

Aventuras en la nieve

Del 27 diciembre al 1 enero, la agencia Montañas del Mundo organiza cursos de iniciación de raquetas de nieve en Canfranc (Huesca) y el valle de Aspe, en el Pirineo francés. El precio, 475 euros por persona, incluye cinco días de excursiones por la nieve, alojamiento en Canfranc, media pensión, cena de Nochevieja y equipación.

Dos niños con trineos de nieve en Laponia.
Dos niños con trineos de nieve en Laponia.

Auroras en el Ártico

Recorrer la tundra helada en un safari nocturno en motos de nieve, contemplar las auroras boreales en el punto más septentrional de Europa o brindar por 2020 con un “godt nyttår” (feliz año nuevo, en noruego) son algunas de las posibilidades de los cruceros de fin de año de la naviera Hurtigruten. Los precios de la travesía de siete noches entre Bergen y Kirkenes (Noruega), con alojamiento en camarote doble interior y pensión completa, parten de 764 euros por persona, sin incluir los vuelos. Las travesías llevan la garantía Northern Light Promise, que avala con un crucero gratuito al pasajero si no se consigue ver al menos una vez la aurora boreal debido a las condiciones climatológicas. Catai, por su parte, programa viajes de seis días a la Laponia finlandesa desde 2.085 euros por persona.

Planeta de hielo

Hasta el 1 de marzo, la ciudad holandesa de Zwolle, a una hora en coche de Ámsterdam, celebra el festival internacional de esculturas de hielo, con más de un centenar de figuras de hasta seis metros de altura con los viajes en el tiempo como tema. En su construcción se han empleado 275.000 kilos de hielo y otros tantos de nieve. En Expedia se encuentra un combinado de vuelos desde España (salida el 30 de diciembre) y dos o más noches de hotel en la capital de los Países Bajos a partir de 358 euros por persona (precio para las salidas de Barcelona).

Las uvas en un castillo

La red de Paradores tiene programas especiales para despedir el año: estancias de una, dos o tres noches, con cena de Nochevieja, cotillón y desayunos, desde 170, 260 y 435 euros por persona, respectivamente. Conviene darse prisa en hacer la reserva, ya que algunos hoteles, como el parador de Bielsa (Huesca) o el de Guadalupe (Cáceres), ya han colgado el cartel de completo.

Mascaradas de invierno

Los rituales paganos del solsticio de invierno son el origen de muchas de las fiestas de las últimas semanas del año. En España se reflejan en las mascaradas de invierno, como las que se celebran el 26 de diciembre en varios pueblos de la provincia de Zamora; fiestas como Els Enfarinats de Ibi (Alicante), el 28 de diciembre, inspirada en las saturnales de la antigua Roma, o el Guirria de Beleño, cada 1 de enero en el concejo asturiano de Ponga.

Columnas de mármol del fuerte Amber, en la ciudad india de Jaipur.
Columnas de mármol del fuerte Amber, en la ciudad india de Jaipur.

Como un marajá

Para quienes tengan más días de vacaciones y busquen un destino exótico, Arawak organiza un viaje al norte de la India (del 26 de diciembre al 6 de enero) en el que se visitan las ciudades amuralladas de Rajastán —­Jodhpur, Udaipur, Jaipur y Ranakpur—, además de Delhi, Fa­tehpur Sikri y el Taj Mahal, en Agra. Desde 2.395 euros por persona. Incluye vuelos, transporte en vehículo privado, alojamiento en hoteles de cinco estrellas con pensión completa y cena y fiesta de Nochevieja.

Espectáculo en el mar

La isla portuguesa de Madeira celebra una de las Nocheviejas más fogosas, la que ilumina su capital, Funchal, con uno de los mayores espectáculos pirotécnicos. Durante su crucero de fin de año por Canarias y Madeira (del 28 de diciembre al 4 de enero), el buque Zenith de Pullmantur permanecerá en la ciudad la noche del 31 de diciembre para ver los fuegos artificiales. Desde 746 euros por persona, con régimen todo incluido y tasas (vuelos opcionales aparte).

Jirafas en el parque nacional del Serengueti (Tanzania).
Jirafas en el parque nacional del Serengueti (Tanzania).

Bailando con leones

Para despedir el año, la agencia Tuareg programa un viaje de nueve días en grupo reducido a Tanzania, con safaris por el parque nacional del Serengueti, el cráter del Ngorongoro y el lago Natron. Salida el 27 de diciembre. Desde 2.770 euros (más tasas), con vuelos, traslados en 4×4, alojamiento, comidas y entrada a las reservas naturales del país africano.

Un vals en Viena

El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, dirigida por Christian Thielemann en la Sala Dorada del Musikverein, es una de las grandes citas musicales de la capital austriaca. Para quienes no quieran perdérselo, Nautalia propone un viaje de cuatro días, con alojamiento en hotel de cuatro estrellas, desayunos, una comida, visitas guiadas y entradas para ver el concierto de pie, desde 1.332 euros por persona.

Granada y Sierra Nevada

La agencia Puzzle Viajes se ha especializado en programas para personas sin pareja y con hijos pequeños. Para fin de año proponen una escapada de dos noches a Granada y la estación de esquí de Sierra Nevada (siempre que se forme un grupo mínimo de ocho familias), desde 515 euros para un adulto más un niño de hasta 12 años (cada niño extra, 195 euros). El precio incluye el alojamiento, rutas y actividades, media pensión y cena con fiesta de Nochevieja.

A Roma en barco

Grimaldi Lines organiza un minicrucero de fin de año a Roma (siete días, seis noches), con salida el 28 de diciembre desde Barcelona, desde 399 euros por persona. Una vez allí, los pasajeros tendrán la opción de visitar la capital italiana por libre o con traslados y excursiones concertados (desde 85 euros) durante los cuatro días que el barco permanecerá atracado en el puerto romano de Civitavecchia. Incluye el alojamiento a bordo, pensión completa en los dos días de navegación, media pensión durante el atraque, cena y fiesta de Nochevieja y tasas de embarque. Suplemento por embarque del vehículo, 50 euros. 

Fuegos artificiales durante el Hogmanay de Edimburgo (Escocia).
Fuegos artificiales durante el Hogmanay de Edimburgo (Escocia).

Por los buenos tiempos

Cuatro días y cuatro frenéticas noches de juerga necesita la capital escocesa para despedir el año. El Hogmanay de Edimburgo comienza el 30 de diciembre con la procesión de las antorchas y el festival del fuego, y se prolonga hasta el 2 de enero con tradiciones peculiares, como la de cantar el poema de Robert Burns Auld Lang Syne (Por los buenos tiempos, en gaélico) o darse un chapuzón matutino y gélido en el río Forth. Easyjet vuela sin escalas entre Madrid y Edimburgo; los pasajes para viajar allí en Nochevieja (y volver) cuestan ahora 290 euros. Sin salir de su web, se puede reservar también el alojamiento. Con un precio similar, Vueling, Ryanair e Iberia ofrecen vuelos directos desde Barcelona.

Los más madrugadores

Si quiere ser de los primeros en recibir el próximo año, Japón es su destino. Como curiosidad, en el país del sol naciente se cena en Nochevieja (Omisoka) sopa de fideos (soba), símbolo de longevidad, y en los templos budistas suenan 108 campanadas, un ritual conocido como Joya no kane. Iberia ofrece vuelos directos entre Madrid y Tokio desde 753 euros, ida y vuelta (precio para las fechas de fin de año).

Cerca de 10.000 músicos, bailarines y acróbatas desfilarán en la cabalgata del 1 de enero en Londres

El gran desfile

La gran cita con 2020 en el Reino Unido tiene como escenario las calles de Londres. Cerca de 10.000 músicos, bailarines, acróbatas, cheerleaders y payasos procedentes de 16 países desfilarán en el New Year’s Day Parade, la gran cabalgata del 1 de enero. En su sección de ofertas para fin de año, Viajeros Piratas incluye un combinado de vuelo y dos o más noches de hotel en Londres a partir de 226 euros por persona.

Playa El Paso en Cayo Guillermo (Cuba).
Playa El Paso en Cayo Guillermo (Cuba).

En la playa

Canarias representa el trópico más cercano y asequible, con ofertas como los combinados de vuelos más tres noches (del 29 de diciembre al 1 de enero) que propone Lastminute, con precios desde 345 euros por persona. Y más lejos: cuatro noches en La Habana y seis en Cayo Santa María (Cuba), con vuelos y régimen todo incluido, desde 1.592 euros por persona. 

Bien abrigados

Al grito de “S Novym godom!” (feliz año nuevo, en ruso), miles de moscovitas saludarán 2020 en la inmensa explanada de la Plaza Roja de Moscú cuando el reloj de la torre Spásskaya, en las murallas del Kremlin, marque las doce de la noche. Al norte, en la majestuosa San Petersburgo, aguardan la aguja dorada del Almirantazgo, la animada perspectiva Nevski, la lámina helada del río Neva y la plaza del Palacio, epicentro de las celebraciones en esta ciudad del Báltico. Tourist Forum organiza un viaje de ocho días a Moscú y San Petersburgo, con salida el 29 de diciembre de Barcelona, desde 1.199 euros por persona (vuelos, traslados, alojamiento en hoteles céntricos de cuatro estrellas, billete de tren Sapsan entre ambas ciudades, desayunos, tasas y visado).

Desde hace más de 600 años, los autómatas del reloj astronómico marcan el cambio de año en Praga

Mimos de balneario

Masajes, esencias naturales, tratamientos de belleza y baños calentitos para entrar en 2020 con el cuerpo como nuevo. La cadena Castilla Termal Hoteles tiene ofertas para celebrar la Nochevieja de una forma divertida y saludable en sus balnearios en Olmedo (Valladolid), El Burgo de Osma (Soria), Solares (Cantabria) o el Monasterio de Valbuena (San Bernardo, Valladolid). Estancias de una o dos noches, con desayunos, cena de gala, cotillón y acceso ilimitado a la piscina termal, desde 281 euros por persona.

Mercado de Navidad frente a la iglesia de Tyn, en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga.
Mercado de Navidad frente a la iglesia de Tyn, en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga.

Danza de autómatas

Desde hace más de 600 años, los autómatas del reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga señalan el cambio de año en la plaza de la Ciudad Vieja (Staromestské Námesti), escenario junto a la de Wenceslao de las celebraciones de Nochevieja en la capital checa. En Lastminute hay vuelos más tres noches de hotel desde 340 euros por persona.

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Viajes

‘Pintxopote’ y la magia de Chillida

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Una excusa perfecta para visitar San Sebastián es la reapertura del Museo Chillida Leku, así como sus increíbles bocados en miniatura. Motivos más que suficientes para recorrer algunos de los lugares imprescindibles de esta joya del País Vasco, en un maridaje perfecto entre creatividad y gastronomía, porque el pintxo es un arte, y Donosti, una ciudad en continua transformación cultural.

Tabakalera, nuevo audiovisual

Ambicioso centro de cultura contemporánea, con talleres, conciertos y proyecciones, Tabakalera (plaza de Andre Zigarrogileak, 1) ha inaugurado recientemente 2deo, un laboratorio de creación de contenidos audiovisuales en euskera. Después de visitar sus amplias instalaciones —aquí tuvo lugar el pasado festival de series Crossover—, un buen plan es dirigirse al centro de la ciudad, cruzando el puente de María Cristina, con sus imponentes cuatro obeliscos de 18 metros de altura.

‘Pintxopote’ y la magia de Chillida
COVA FERNÁNDEZ

Koldo Mitxelena, esencia vasca

Para empaparnos de la cultura vasca, en el centro Koldo Mitxelena (Urdaneta, 9) tienen lugar recitales, foros de debate y propuestas multimedia. Enfrente se erige la catedral del Buen Pastor, de estilo neogótico, con una torre de 75 metros de altura edificada con la piedra arenisca que se llevó del monte Igueldo. Esta zona resulta ideal para ir de compras por pequeñas tiendas y librerías.

Churros de patata con trufa

De camino hacía la Parte Vieja, merece la pena parar en Iturrioz (San Martín, 30), donde probar sus afamados churros de patata con trufa y huevo, y en La Espiga (San Martzial, 48), con sus ricas anchoas, alcachofa frita y su postre casero pantxineta (un hojaldre relleno de crema). El paseo sigue hacia la plaza de Gipuzkoa, el primer parque construido en San Sebastián, un pulmón verde con un lago ideal para curiosos instagramers. Para tomar unas cervezas, la terraza de Bideluze, en la misma plaza, es una opción de lo más económica. Después, es el momento de recorrer el bulevar Zumardia, con paradas en el Ayuntamiento y los célebres árboles tamarindos de los jardines de Alderdi Eder y el quiosco de la música, un carrusel de estética belle époque, lugar de encuentro de parejas y amigos. Esta zona se ha convertido en los últimos meses en plató de rodaje para la serie Patria, basada en el exitoso libro de Fernando Aramburu y que HBO estrenará en 2020.

Tras ocho años cerrado, hoy se pueden visitar en Chillida Leku 40 grandes obras del escultor

Kursaal, 20º aniversario

Antes de cruzar a la otra orilla del río Urumea por el puente de La Zurriola, encontramos otros dos imprescindibles (e inseparables) de Donosti: el hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia. Si es hora de comer, cruzado ya el puente está el restaurante Ni Neu (avenida de La Zurriola, 1), donde espera una exquisita cocina —prueben su torrija caramelizada— y unas incomparables vistas al mar. Emplazado en el Kursaal, el edificio proyectado por Rafael Moneo está además de aniversario, ya que fue inaugurado hace 20 años. Símbolo de la transformación del barrio de Gros, aquí se celebran conciertos y musicales, además del Festival de Cine (Zinemaldia). El surf en la playa de La Zurriola, su festival de jazz o el pintxopote (pincho y bebida) de los jueves han hecho de esta zona una de las más animadas.

Un convento rehabilitado

De vuelta al casco viejo, recorremos sus transitadas calles. Desde la plaza de La Bretxa —el mercado tradicional reformado como centro comercial— pasamos por la calle de Fermín Calbetón (ideal para probar los más variados bocados) hacia la plaza de la Constitución, con sus populares balcones numerados recuerdo de las corridas de toros que allí se celebraban, hasta llegar a la empedrada calle del 31 de Agosto. La interminable barra de pintxos de Gandarias se encuentra en el número 23, y en el 3 está La Viña, donde puede que tenga que hacer cola para probar su deliciosa tarta de queso. Cerca, se alza la iglesia de San Vicente (calle de San Juan, 15), la más antigua de la ciudad, y en la plaza de Zuloaga, el Museo San Telmo, un convento del siglo XVI rehabilitado que hoy muestra con una mirada más renovada la historia de la sociedad vasca.

Tres playas, tres obras

De camino al puerto pesquero, merece la pena desviarse al mirador Paseo de los Curas. Situado en el muelle, aquí está el Aquarium, dos plantas con más de 200 especies y el esqueleto de una ballena franca. Después se puede navegar en catamarán para conocer la costa, realizar un trayecto en motora hacia la isla de Santa Clara o subir al castillo de La Mota, en el monte Urgull. Desde el estratégico monumento al Sagrado Corazón podrá admirar las tres playas de la ciudad. Quien se anime a recorrerlas, le espera un paseo de seis kilómetros, contemplando la Construcción vacía, de Jorge Oteiza (cerca del Aquarium); la Paloma de la paz, de Néstor Basterretxea (La Zurriola), y el Peine del viento, de Chillida (Ondarreta).

Caserón del Museo Chillida Leku, en Hernani.
Caserón del Museo Chillida Leku, en Hernani. MIKEL CHILLIDA

Chillida Leku, arte en el jardín

Hablando del artista donostiarra, indispensable resulta la visita al Museo Chillida Leku, a 15 minutos en coche del centro de San Sebastián (Barrio Jauregui, 66, en Hernani). Reabrió el pasado abril tras ocho años cerrado, y hoy es un agradable paseo al aire libre entre 40 de sus esculturas, desplegadas por 11 hectáreas de terreno. Y no se despida de Donosti sin tomarse una sidra local en Txirrita Sagardotegia (San Bartolomé, 32) o una copa en el pintoresco pub Hollywood (Blas de Lezo, 3), con decoración vintage.

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