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Amor y Sexo

Cataluña ya prescribe la pastilla preventiva contra el VIH

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La pastilla preventiva contra el VIH —la PrEP, profilaxis pre-exposición—, ya se prescribe en la sanidad pública de Cataluña. El fármaco, aprobado por el Ministerio de Sanidad el pasado octubre, ya está disponible en las 19 unidades funcionales de VIH-SID de Cataluña y en las unidades de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) de los centros comunitarios de Drassanes Express y BCN Checkpoint.

La PrEP es un antirretroviral que, administrado antes de tener relaciones sexuales de riesgo (sin preservativo), evita la transmisión del VIH. Varios estudios científicos apuntan a que la PrEP reduce el riesgo de infección hasta un 90%. Pero no es un fármaco para cualquiera. Los potenciales usuarios de este fármaco están muy bien definidos por los expertos y son aquellos donde la incidencia de nuevas infecciones (dos casos por cada 100 personas al año) es mayor: se recomienda a hombres que tienen sexo con hombres, mujeres transexuales y personas que ejercen la prostitución sin preservativo.

“Estimamos que serán, como máximo, unas 1.500 personas. Pero son solo estimaciones. Nosotros vamos a asegurar que cualquier ciudadano pueda acceder a través de las 19 unidades funcionales, pero la mayoría se dispensarán en el área metropolitana”, explica Joan Colom, director del progrmaa de Prevención y Control de VIH-SIDA, ITS y Hepatitis Víricas. Cataluña ha sido pionera en España en el estudio y dispensación de la PrEP a través de ensayos clínicos.

Criterios amplios


Ferran Pujol, director de BCN Checkpoint, uno de los centros comunitarios que dispensará la PrEP, estima que los beneficiarios serán más de los que cree Salud. “Nosotros ya tenemos 1.200 personas que toman la PrEP: 500 a través de estudios científicos y 700 de forma informal. En España se ha hecho una estimación de 17.000 personas pero los criterios son muy amplios y mucha gente los reúne. A la larga, serán más”, apunta. Algunos parámetros a tener en cuenta son tener más de 10 parejas sexuales al año o haber sufrido una ITS en los últimos meses.

En Cataluña se detectan unas 600 nuevas infecciones de VIH al año. “Llega tarde pero, por una vez, tenemos una herramienta para reducir la incidencia”, apunta Pujol. Su centro tiene una amplia experiencia con esta estrategia preventiva y dispone, incluso una unidad para dispensarlo, el PrEP·Point.

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Destrucción

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¿Qué recuerdo? Cada parte. La muesca que se le dibujaba junto a la boca al encender un cigarro; la forma en que fruncía el ceño cuando se reía con pavor, como si se escandalizara por reírse tanto. La raíz espléndida del cuello, la clavícula como una cruz pagana. Tenía unos hombros inexplicables, los hombros de alguien que sufre mucho pero que quiere seguir vivo. Yo era muy joven y él también, y a veces, antes de acercarse, me miraba como si estuviera por cometer un acto sagrado o un sacrilegio. Tenía en el rostro un dolor clásico, una elegancia drástica. Me gustaba, como nos gusta a tantos, que fuera un hombre herido y viera en mí una posibilidad de redención (que yo no iba a darle). Estaba roto, como yo lo estaba, pero su catástrofe era serena y yo, en cambio, era un diablo emergido de una pampa quemada sin sitio al cual volver. Al principio quiso irse, pero lo retuve de manera simple, diciéndole: “Si te vas me da igual”. Hasta que quiso quedarse irreversiblemente. Yo me sentía curiosa y cruel, pero también gentil y emocionada. Había algo en él. Una especie de calma dramática, contagiosa. Un día llegó a mi trabajo con un ramo de flores. Yo no lo esperaba. Sonriendo, tímido y sin trampas, me dijo cosas. Todas las cosas que todos quieren oír alguna vez. Yo reaccioné como una hiena espantada, como un chorro de luz negra, muriática. Recuerdo que en el antebrazo tenía un músculo magnífico. Cuando se tensaba hacía pensar que todo en él estaba hecho de un material fresco, noble y tenaz: que podía llevar la carga. Era un hombre. Al que severa, grave, meticulosamente hice pedazos. No he venido aquí a pedir disculpas sino a decir que arrojen la primera piedra. Todos hemos sido, alguna vez, el monstruo de alguien.

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Cuando aquello no hay quien lo levante

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Uno de cada cinco españoles tiene problemas de disfunción eréctil y en este espectro entran todos los mayores de edad. La disfunción eréctil es uno de los problemas que más se tarda en reconocer. Pocos son los valientes que antes de ir a casa a terminar la faena, reconozcan, por si acaso, que lo mismo aquello no se levanta. El consumo de drogas, el alcohol y el tabaco influyen directamente en el tema, pero llama la atención que el 20% de los afectados ni siquiera esté diagnosticado. El español aún es reticente a aceptar que, quizás, no cumple los estereotipos. La masculinidad mal entendida hace que muchos lleguen al médico después de haber sufrido innecesariamente. Cuanto antes se acuda al especialista, mejor. Entre otras cosas, porque lo primero que hará el doctor será un control y comprobar cómo está ese hombre del corazón. Muchos de los enfermos de cardiopatías dieron señales de disfunción eréctil antes de que el corazón diera muestras de que había un problema. Aunque solo sea por seguridad, si no se pone dura vaya al médico.

«Cuando un hombre tiene disfunción eréctil un par de veces se raya», admite Javier Mayor de Castro, urólogo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.»Los problemas de erección son diferentes si son puntuales o si se producen la mayor parte de las veces. Si es puntual, no pasa nada. No es raro que pueda ocurrir por tensiones y presiones laborales o por consumo, incluso esporádico, de drogas. Si luego ese mismo hombre que no ha conseguido la erección puede masturbarse y tener un orgasmo, lo que hay que elegir, a veces, es si fiesta o sexo».  Mayor de Castro remarca que una de las primeras cosas que se hace es distinguir si el problema es físico o psíquico: «La erección requiere un delicado equilibrio entre excitación y relajación (sistemas simpático y parasimpático). La presión, en la cama, nunca es buena».

«Cuando es un problema físico las erecciones nocturnas, también, desaparecen»

La parte mental es importante cuando hablamos de erecciones. Y los factores, muy variados. Se puede desear muchísimo a alguien y no conseguir una erección por el simple hecho de sentirse cohibido. No hay que demostrar nada por mucho que te metas en una cama. «Si alguien no tienen erecciones por un tema mental, ese problema mental se desbloquea dormido. Los hombres tenemos erecciones espontáneas por la noche, no en relación con sueños eróticos, sino que suceden. Cuando es un problema físico las erecciones nocturnas, también, desaparecen», continúa el experto. Se controlará la testosterona para comprobar si existe un déficit que dificulte las erecciones, los problemas vasculares que pueden desencadenarla son varios, así que el examen médico será de los más completos. A veces, incluso, la falta de erección puede estar motivada por algún asunto nervioso de la pelvis.»Si es un problema de mal riego sanguíneo, conviene dejar completamente, si se toman, las drogas y el alcohol, y mejorar la salud cardiovascular. Bajar de peso, hacer deporte, controlar la tensión y el colesterol te hacen mantener el mástil por todo lo alto. Si el problema de la erección es psicógeno, tomará sildenafilo (el compuesto de la Viagra) para las relaciones sexuales y se aconsejará terapia con un psicólogo especialista en sexo. La impotencia se cura en la mayoría de los casos provocados por un problema psicológico, algo que ocurre entre los más jóvenes. Son más problemáticas las que son consecuencia de problemas vasculares. Y en esos casos, sildenafilo en pastillas o líquido y, en los casos más graves, las prótesis de pene dan muy buenos resultados», subraya Mayor de Castro.

Admitamos que una disfunción eréctil puede aparecer en el momento más inoportuno. Y que habrá que reaccionar ante ella. Lo primero, recordar, que, afortunadamente, el coito no es lo único bonito (y efectivo del sexo). El hombre que no erecciona agradecerá las muestras de cariño, masajes y mimitos que reciba de la persona a la que no pueda empotrar. El sexo oral es una gran alternativa cuando aquello no haya quien lo levante. Ambos podrán llegar al orgasmo. Delicadeza, cuidado, cariño, mimo y variedad de juegos que estimulen aquello. El orgasmo y la eyaculación son dos cosas diferentes que acontecen, incluso, en momentos diferentes y se puede eyacular sin ereccionar. A pesar de que la disfunción eréctil es un problema que afecta a la sexualidad, y por ende, a la pareja, solo el 30% de los afectados acude al especialista con sus parejas, cuando su presencia y testimonio ayudará a arreglar el tema mucho antes que si el hombre acude solo.

Qué mal entendimos aquello de que el valor se demostraba poniendo los huevos encima de la mesa.

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De los falos de piedra al succionador de clítoris (con sus peligros)

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Imagino a esa mujer de la edad de piedra tallando su propio gozador. La imagino como las hembras de En busca del fuego (1982), de Jean Jacques Annaud, peleando por las llamas de una tea, porque el fuego significaba supervivencia. Ellas esculpían su propio fuego. En Tubinga, Alemania, hallaron yacimientos en unas excavaciones que no dejaban lugar a duda de que las mujeres, hace 30.000 años, fabricaban falos de piedra. Con sus dibujitos y sus relieves, incluso. Pocas cosas me gustarían tanto como saber si se recomendaban o prestaban entre ellas los artilugios. Cualquiera sabe que, como encuentres un buen masturbador, debes comunicárselo a tus amigas. No creo que en la prehistoria fuera muy diferente.

Esta es la razón por la que el succionador de clítoris ha triunfado, convirtiéndose en el aparato estrella de este 2019,  gracias a las millennials que se lo regalaron entre ellas. Lo magnífico del aparato es que consigue, con sus vibraciones, estimular el clítoris que, irrigado, se adentra dentro de nuestro cuerpo. Los casi catorce centímetros que puede llegar a medir, sienten esas vibraciones. Venus O’Hara, probadora profesional de juguetes sexuales, lo define como «orgasmos que te atracan». Ahí radica su única pega: es tan fácil conseguirlo que siempre triunfa y en el sexo, la exclusividad no funciona: «El succionador es un gran invento, una vez más se demuestra la importancia del clítoris, muy por delante de la penetración», admite Carol Armero, sexóloga, «Pero no podemos usarlo en exclusividad», advierte, «Las ondas que consigue en su vibración no se pueden reproducir con las manos y el tejido del que está hecho el clítoris se vuelve insensible a una estimulación con menor potencia.» La sexóloga recomienda incorporarlos a los juegos en pareja, para que hombre y aparato se fundan en uno: «Jueguen a ser masturbadas con el succionador y con la lengua de la pareja, a que los dedos y el aparato recorran los rincones de ambos. Si solamente llegas al orgasmo de un modo, se vuelve rutinario».

De las abejas de Cleopatra a las torturas de la Inquisición

Pero el succionador es el último de una larga historia de juguetería sexual.

Hay pergaminos con representaciones fálicas y literatura que especifica que Cleopatra se masturbaba con cilindros de cuero en cuyo interior disponían abejas. Los insectos, volando desquiciados dentro, provocaban la irrigación que la reina de Egipto gustaba entre sus piernas. Dicen que Julio César le regaló un dildo de oro macizo, incluso. El S. XVI con el Concilio de Trento relegó la sexualidad al mismísimo infierno. La mayoría de las condenas inquisitoriales versaron sobre asuntos sexuales. Del placer sexual con aparatos se pasó al dolor más absoluto. La pera era una tortura que se introducía en la boca, la vagina o el ano, dependiendo del pecado: oral para el que cometía herejía, la vaginal para las mujeres que tenían relaciones sexuales con Satanás o un familiar (entraban, por supuesto, las hijas violadas por los padres) y anal para aquellos que eran sospechosos de practicar sodomía. La pera se agrandaba por medio de un tornillo y en las separaciones aparecían púas que desgarraban los tejidos. La religión, en su línea.

Tuvo que llegar el Renacimiento para que hasta las vírgenes se desnudaran, máximo culmen del arte erótico. La cultura y el arte favorecieron que en Roma existieran las tiendas en las que se vendían formas fálicas, casi siempre de madera. En tarritos pequeños disponían el aceite de oliva, magnífico lubricante. En la época victoriana, para calmar lo que llamaban histeria (que sería hartura femenina) se centraron en los pliegues de las entrepiernas femeninas. La jugada consistía en masturbar con los dedos a la señora quien, imaginen, costaba que llegara al clímax. El orgasmo se consideraba la respuesta médica para sus problemas mentales, pero las sesiones tenían que ver poco con la intimidad. El doctor no siempre sería el amante idóneo para las enfermas, quienes acudían a la consulta con esposo e hijos.  Allí se abrían de piernas y un desconocido procedía. El primer aparato con rotor lo fabricó uno de estos médicos, John Mortimer Granville. No se tiene constancia del masturbador en ningún escrito erótico de la época, pero sí en los apuntes médicos de Mortimer y de los colegas que apoyaron su idea.

Me recuerdo muy pequeña diseñando toda una estrategia para masturbarme. Ponía la almohada doble a los pies de la cama de mis padres y, literalmente, galopaba sobre ella. Lo de la parafernalia cual amazona me brotaba sola. Era más fácil pasar por una vaquera que preguntar por qué me moría de gusto al restregarme contra la almohada. No tuve el infortunio de criarme en una familia ultracatólica, pero dudo mucho que sus hijas no inventen excusas parecidas para obtener placer.

Qué bueno sería para la humanidad que consintiéramos el placer individual y buscáramos cómo conseguirlo.

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