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Vida

Terapia del superhéroe: los poderes de la psicología para encauzar una vida difícil

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Poco después de conocerle, la psicóloga Mercedes Bermejo observó que el problema de socialización de Álvaro surgía de un duelo no resuelto por su madre. Ella había fallecido cinco años atrás, cuando él solo tenía diez, y el adolescente no había cerrado bien ese capítulo de su vida. Desde entonces, su historia no había seguido el guion más amable. Cuando la psicóloga supo que a Álvaro le fascinaban los cómics, le aconsejó llevar a su rutina lo que haría un superhéroe para dibujar un desenlace mejor de su día a día. No ha sido el único que ha encauzado su vida gracias a este tipo de psicoterapia.

La psicoterapeuta infantojuvenil y directora de Psicólogos Pozuelo, y su paciente idearon una historia en la que el superhéroe imaginario reflejaba su personalidad y sus dificultades, en la que «él mismo tendría que enfrentarse a retos similares, y a través de la cual Álvaro ha sido capaz de darse cuenta de que disponía de recursos y capacidades con los que inicialmente no contaba. Ha sido solo una técnica aislada de todo el proceso, pero a él le ha servido como ejemplo a seguir», explica Bermejo. ¿Quiere decir que cualquier persona puede superar un trauma, vencer una dificultad o salir de su mediocridad emulando a un personaje de cómic? ¿De dónde sale la terapia basada en los superhéroes? ¿Tiene algún fundamento científico?

Ser como Magneto para abrir las puertas de Auschwitz

Esta aproximación al trabajo psicológico arranca de la terapia narrativa, que da mucha importancia al discurso y a la manera de contar. La terapia narrativa «ofrece a la persona la oportunidad de redefinir su propia vida según el modo narrativo más adecuado para ella, incorporando nuevos elementos y dándole otro significado», dice la especialista. Según un estudio publicado el año pasado la exposición a los superhéroes aumenta la intención y el comportamiento prosocial porque suelen ser personajes con grandes valores éticos y morales, como la justicia, solidaridad, igualdad y bondad.

La psicóloga Janina Scarlet, nacida en Ucrania, dio forma a esta terapia a partir de su propia vivencia como superviviente del accidente nuclear de Chernóbil, en 1986. Tenía solo tres años y no sabía bien lo que ocurría, pero vio que la gente empezó a enfermar. También ella pasó largas temporadas en el hospital a causa de hemorragias nasales que no coagulaban y migrañas frecuentes que terminaban en convulsiones. Con 12 años, la miseria y la discriminación por su condición judía obligó a la familia a emigrar a Nueva York. Pobre, extranjera, con un idioma diferente y el estigma de la radiactividad, las cosas no mejoraron demasiado. «Hubo días en los que solo quería morir», recuerda.

De repente, la proyección de la película X-Men despertó su interés por la ciencia ficción y la fantasía. Sentía fascinación por Magneto, un joven capaz de doblar las puertas de Auschwitz para acercarse a sus padres. Empezó a engullir historietas y, por fin, en una de sus prácticas posdoctorales en un campamento de la marina, se dio cuenta de que podía utilizar todos esos relatos con seres traumatizados y heridos como los soldados para ayudar a superar la dificultad que tienen estos hombres, a la hora de expresar sus sentimientos y guiar sus emociones. Fue el embrión de un estilo de terapia que hoy siguen muchos profesionales.

Un proceso para tomar el control de la vida

Karime Fajer, maestra en psicoterapia cognitivo conductual y especialista en cultura popular, es una de las discípulas de Scarlet es. Atiende desde México a BUENAVIDA para contarnos cómo adaptó las enseñanzas de Scarlet a su propio proyecto, Héroes Psicología Pop. «Los personajes de la saga de Harry Potter y los superhéroes de Marvel Comics suelen ser mis preferidos. Además de encontrar en ellos una gran variedad de personalidades y problemáticas para escoger, están al alcance de la mayoría de quienes llegan a su consulta, la mayor parte millennials», relata.

Cuando un adolescente con depresión es fan de Harry Potter, Fajer le anima a explorar a través de él su aislamiento emocional, irritabilidad, pesadillas o estado de ánimo plano para encontrar bienestar, igual que hacen los personajes en Hogwarts. Para abordar problemas académicos, le resulta adecuado el perfil de Hermione Granger, por su dedicación y gran resiliencia.

Recurre también, por ejemplo, al Capitán América, por sus fuertes convicciones y acciones orientadas a valores. «Es excelente para la terapia de aceptación y compromiso», dice. Daredevil es un ejemplo de lo dañino de la venganza y de la pérdida. Y La liga de la Justicia de DC es un referente para explicar la importancia de saber conjugar la labor en equipo y la individualidad para alcanzar el éxito, lo que hace que sea muy útil para trabajar con grupos en escuelas y empresas. La cultura popular ofrece infinidad de personajes e historias en películas, series, cómics, libros y hasta canciones. «No es para todos -advierte-, pero supone una herramienta de intervención muy útil para hacer el proceso de psicoterapia más sencillo».

También el psicólogo Juan José Regadera convierte, en la consulta de la Fundación Cattell, a algunos de sus pacientes en superhéroes para ayudarles a enfrentarse a los obstáculos de la vida cotidiana. «Una vez que se sienta en su papel, de él va a depender encararse con la vida, sacando el coraje de existir. Como tal, tiene una misión, un propósito en la vida y debe cumplir con su destino. Nunca pierde de vista el sentido de su proyecto personal: ser auténtico. Lo que era deforme lo trabaja hasta llegar a crear un superhéroe personal sano y bello», resume.

Regadera explica que, una vez se identifica con el personaje y se transforma en él, el paciente asume la obligación de conducir una vida que le es propuesta como una tarea que exige riesgo, pero que también le permite la realización de sus cualidades. «Tendrá ante él múltiples posibilidades, pero deberá decidirse por una. Un superhéroe siempre encuentra el modo de sostenerse sobre el mar de dudas. En esta calma pone orden y verdaderamente toma posesión de su vida. Finalmente, el superhéroe se humaniza», explica el psicólogo.

¿Quieres ser Batman o Joker?

Según Bermejo, la psicoterapeuta de Álvaro, el trabajo con superhéroes está muy recomendado en casos en los que hay un trauma, como la muerte de un familiar, una crisis sentimental o la pérdida de un trabajo. «En estas problemáticas el uso de la metáfora puede servirnos como ejemplo de superación. Ellos también han tenido que atravesar grandes dificultades y, sin embargo, han desarrollado estrategias y habilidades para enfrentarse a ellas. Terapéuticamente nos puede servir para encontrar los recursos y potencialidades de esa persona que viene a terapia». Bermejo vuelve al ejemplo de Álvaro. Igual que Batman, este adolescente ha tenido que enfrentarse a la pérdida de uno de sus progenitores, pero eso le ha servido para descubrir que tiene superpoderes para enfrentarse a las diferentes dificultades con las que se encontrará a lo largo de su vida.

A la psicóloga le resulta útil la comparativa de los villanos Batman-Joker para la psicoterapia de trauma temprano. «Ambos tuvieron infancias traumáticas marcadas por pérdidas, pero tomaron caminos diferentes: Batman, la defensa de los más desfavorecidos; Joker, la propagación del crimen y el terror. El ejemplo sirve para ver cómo una experiencia negativa puede resultar trasformadora y resiliente o convertirse en un lastre». Otro referente son las princesas Ana y Elsa, de Frozen. En este caso, son apropiadas para trabajar la igualdad de género o la dependencia emocional, y visibilizan el cambio que está dando la industria de contar historias. «Ya no necesitan un príncipe a caballo que venga a rescatarlas, sino que son capaces de salir adelante por ellas mismas», indica Bermejo.

El paciente también puede crear una figura con una misión que cumplir y obstáculos que superar. La psicóloga infantil Mónica Gonzalo, compañera de Bermejo, ha escrito su propio cuento sobre superhéroes, Dani contra el miedo, que ayuda a los niños a proyectar en ellos conflictos, traumas o vivencias inconscientes y difíciles de afrontar. «En esta etapa el juego simbólico forma parte de su desarrollo. Cuando siente la magia del personaje y es capaz de solventar una situación de conflicto representada en el juego, se empodera y está preparado para resolverlo en la realidad», detalla Gonzalo.

Para Bermejo, una de las grandezas de la terapia del superhéroe, es que las aventuras a las que se enfrentan en ocasiones los superhéroes pueden ser extrapolables a los desafíos vitales de cualquiera de nosotros. «Estos personajes -dice- son personas normales que se tienen que enfrentar a un gran reto como la muerte de un ser querido, una injusticia social, el no pertenecer a un grupo, crisis económica, el desamor o el mal. Es muy fácil que nos sintamos representados».

Además, también sienten tristeza y miedo, como Batman a los murciélagos. Hasta ellos deberían ir a terapia sin que por ello dejaran de tener superpoderes. «Los protagonistas de estas historias toman un papel activo en su vida. No se quedan parados esperando una solución, sino que forjan su propio destino, haciendo cosas por cambiar y superar estos trances». Recurre a una frase de El caballero oscuro que concentra la esencia de esta terapia: «Un héroe puede ser cualquiera, incluso alguien haciendo algo tan simple como poner un abrigo alrededor de un joven para hacerle saber que el mundo no ha terminado».

Vida

¿Quiere vivir más? Considere los aspectos éticos

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Prolongar la vida ‒es decir, utilizar la ciencia para ralentizar o detener el envejecimiento humano de manera que la gente viva mucho más de lo que vive de manera natural‒ puede ser posible algún día.

Las grandes empresas se están tomando en serio esta posibilidad. En 2013, Google fundó una compañía llamada Calico para desarrollar métodos de prolongación de la vida, y los multimillonarios de Silicon Valley Jeff Bezos y Peter Thiel han invertido en Unity Biotechnology, cuya capitalización bursátil es de 700 millones de dólares. Unity Biotechology se centra sobre todo en la prevención de las enfermedades relacionadas con la edad, pero es posible que sus investigaciones lleven a descubrir métodos para frenar o evitar el envejecimiento en sí.

Desde mi perspectiva de filósofo, esto plantea dos cuestiones éticas. En primer lugar, ¿una vida más larga es algo bueno? Y en segundo, ¿prolongar la vida podría ser perjudicial para los demás?

¿Es bueno vivir eternamente?

No todo el mundo está convencido de que prolongar la vida sea bueno. En un sondeo realizado en 2013 por el proyecto Religión y Vida Pública del Centro Pew de Investigación, a algunos entrevistados les preocupaba que la existencia pudiese llegar a resultar aburrida, o que se perdiesen las ventajas de envejecer, como adquirir una mayor sabiduría o aprender a aceptar la muerte.

Algunos filósofos, entre ellos Bernard Williams, han compartido esta preocupación. En 1973, Williams argumentó que la inmortalidad se volvería insoportablemente aburrida si uno no cambiaba nunca. Asimismo, sostuvo que si las personas cambiaban lo suficiente como para evitar el aburrimiento insoportable, acabarían transformándose hasta tal punto que serían totalmente diferentes.

Por otra parte, tampoco todo el mundo está seguro de que una vida más larga sea algo malo. Yo no lo estoy. Pero esa no es la cuestión. Nadie propone obligar a nadie a que utilice las técnicas de prolongación de la vida y, por respecto a la libertad, no se debería impedir a nadie que hiciese uso de ellas.

Un residente de un centro alemán de la Tercera Edad.
Un residente de un centro alemán de la Tercera Edad.

El filósofo del siglo XIX John Stuart Mill defendía que la sociedad debe respetar la libertad individual cuando se trata de decidir qué es bueno para nosotros. En otras palabras, es un error interferir en las opciones de vida de alguien incluso cuando las decisiones que toma son malas.

No obstante, Mill sostenía también que nuestro derecho a la libertad está limitado por el «principio del daño». Este principio establece que el deber de no causar daño a los demás restringe el derecho a la libertad individual.

Los posibles perjuicios son muchos. Los dictadores podrían vivir demasiado, la sociedad podría volverse demasiado conservadora y reacia al riesgo, y puede que hubiese que limitar las pensiones, por mencionar solo algunos. Uno de los más destacados desde mi punto de vista es la injusticia del acceso desigual.

¿En qué consiste este cuando se trata de la prolongación de la vida?

¿Solo al alcance de los ricos?

Muchas personas, entre otros el filósofo John Harris y los participantes en el sondeo del Centro Pew, temen que la prolongación de la vida solo esté al alcance de los ricos y aumente todavía más las desigualdades ya existentes.

Ciertamente, es injusto que haya gente que viva más que los pobres porque dispone de mejores cuidados médicos. Todavía sería mucho más injusto que los ricos pudiesen vivir más décadas o siglos que los demás y dispusiesen de más tiempo para consolidar sus ventajas.

Protestas de pensionistas en Venezuela

Algunos filósofos proponen que la sociedad debería impedir la desigualdad prohibiendo la prolongación de la vida. Es la igualdad por la negación: o todos tienen acceso a ella, o no lo tiene nadie.

Sin embargo, como señala el filósofo Richard J. Arneson, la «nivelación hacia abajo» —lograr la igualdad empeorando la situación de algunas personas sin que mejore la de nadie— es injusto.

Efectivamente, tal como sostengo en mi reciente libro sobre la ética de la prolongación de la vida, la mayoría de nosotros rechazamos la nivelación hacia abajo en otras situaciones. Por ejemplo, no hay suficientes órganos humanos para trasplantar, pero nadie piensa que la respuesta sea prohibir los trasplantes.

Además, es posible que prohibir o frenar el desarrollo de la prolongación de la vida solo sirviese para retrasar el momento en que la tecnología fuese lo bastante barata como para que todo el mundo accediese a ella. Antes los televisores eran un juguete para ricos. Hoy en día los tienen hasta las familias pobres. Con el tiempo podría pasar lo mismo con el aumento de la esperanza de vida.

Para que haya justicia, la sociedad tiene que subvencionar el acceso a la prolongación de la vida en la medida en que pueda permitírselo, pero no prohibirla solo porque no es posible proporcionársela a todo el mundo.

¿Una crisis de superpoblación?

Otro posible perjuicio es que el mundo llegaría a estar superpoblado. A mucha gente, entre la que se encuentran los filósofos Peter Singer y Walter Glannon, le preocupa que la prolongación de la vida humana pudiese causar un exceso de población, contaminación y una escasez de recursos graves.

Una mujer mayor, durante una protesta en Buenos Aires.
Una mujer mayor, durante una protesta en Buenos Aires.

Como han propuesto algunos filósofos, una manera de evitarlo es limitar el número de hijos una vez haya aumentado la esperanza de vida.

Esto sería muy difícil políticamente, y muy duro para aquellos que quieren vivir más. No obstante, intentar prohibir la prolongación de la vida sería igual de difícil, y negar a la gente una mayor longevidad sería igualmente duro para ella, si no más. Por severo que resulte, limitar la reproducción es una manera mejor de respetar el principio del daño.

¿La muerte sería peor?

Otro posible perjuicio es que la generalización de la prolongación de la vida haría la muerte peor para algunas personas.

En igualdad de condiciones, es mejor morir a los 90 años que a los nueve. A los 90 no te pierdes demasiados años, pero a los nueve te pierdes la mayor parte de tu posible vida. Como sostiene el filósofo Jeff McMahan, la muerte es peor cuantos más años te quita.

Ahora imaginemos que la gente que viviese en un barrio mucho más rico no tuviese que morir alrededor de los 90 años, sino que pudiese permitirse prolongar su vida y llegase a los 190, y que usted no pudiese permitírselo y muriese a los 80. ¿Su muerte no sería tan mala, ya que solamente se perdería unos pocos años, o sería todavía peor debido a que, si hubiese accedido a la prolongación de la vida, podría haber llegado los 190? ¿Se perdería 10 años o 110?

En un mundo en el que algunas personas accediesen a la prolongación de la vida y otras no, ¿de cuántos años te privaría la muerte en realidad?

Tal vez la medida correcta sea el número de años que la prolongación de la vida te otorgaría, multiplicado por la probabilidad de obtenerlos. Por ejemplo, si una persona tuviese un 20% de probabilidades de llegar a los 100 años, la fatalidad de su muerte se incrementaría en una medida equivalente a los años a los que habría llegado si su vida hubiese durado lo normal, más otros 20.

En tal caso, el hecho de que algunas personas pudiesen acceder a la prolongación de la vida aumentaría en cierta medida la fatalidad de la propia muerte. Es un perjuicio más sutil que el de vivir en un mundo superpoblado, pero un perjuicio al fin.

Sin embargo, no cualquier perjuicio tiene entidad suficiente para prevalecer sobre la libertad. Al fin y al cabo, existen nuevos tratamientos médicos muy caros que permiten prolongar la duración normal de la vida, pero, aunque conviertan la muerte en algo ligeramente peor para aquellos que no se los pueden permitir, nadie piensa que habría que prohibirlos.

Creo que la prolongación es la vida es algo bueno, si bien supone una serie de riesgos para la sociedad que deben ser tomados en serio.

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Vida

En los barrios pobres, las frutas y plantas salvan vidas

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Desde hace décadas, millones de peruanos han dejado sus tierras para irse a vivir a la capital, Lima. La falta de oportunidades y el terrorismo han motivado este éxodo rural sin precedentes. En las afueras de la capital, cientos de miles de personas se agolpan en los llamados asentamientos humanos, donde las condiciones de vida y los escasos recursos de las familias hacen que el riesgo de contraer enfermedades sea muy alto.

Uno de esos asentamientos es Casa Huertas, en el sector de Pamplona Alta dentro del distrito de San Juan de Miraflores. “Esto era un desierto”, cuenta Nicolás Uscata, vecino que llegó hace unos 20 años a instalarse al cerro con su esposa. Hoy, en Pamplona Alta existen al menos 138 asentamientos humanos en los que viven más de 40.000 personas.

Perú ha sufrido en las últimas décadas un proceso migratorio sin precedentes del campo a la ciudad a causa de la industrialización centrada en la capital y el terrorismo del grupo Sendero Luminoso, que provocó múltiples desplazados. Esta afluencia ha hecho visible la gran brecha existente entre clases sociales. Según datos del Instituto de Estadística, la población de la capital, Lima, pasó de 1.6 millones de habitantes en 1961 a 7.6 en 2007. Este aumento, sumado a la mala planificación de los municipios, ha provocado que cientos de inmigrantes malvivan en los cerros de las afueras de la capital peruana, como Pamplona Alta.

Los asentamientos en los cerros de las afueras de la capital limeña surgieron mediante la ocupación de tierras de forma espontánea, conocida también como ocupación hormiga. En Pamplona Alta, los primeros pobladores que llegaron al cerro improvisaban sus casas con materiales como madera, chapa y plástico. 20 años después, algunas viviendas se han transformado con ladrillos. Sin embargo, los barrios siguen sin urbanizarse adecuadamente y el Ayuntamiento continúa sin proporcionar servicios básicos. La superpoblación y la falta de recursos condiciona la salud de los habitantes. En el caso de Lima, 1.5 millones de ciudadanos no cuentan con acceso a agua potable ni alcantarillado y existe un notorio contraste entre la zona urbana y periurbana, según Oxfam. Los asentamientos no gozan de servicio de agua ni desagüe.

“En el sector de Pamplona Alta padecen sobre todo problemas dermatológicos, de parasitosis, anemia y problemas respiratorios”, explica Milagros Caldas, enfermera del centro Médico Nuestra Señora de la Caridad, en el distrito de San Juan de Miraflores. Las razones son “la contaminación por la no recogida de basura y el hecho de no tener acceso agua y desagüe”, que provoca “que se quede el agua estancada en los tanques”. De hecho, la Organización Mundial de la Salud advierte de que un 88% de las enfermedades diarreicas son producto de un abastecimiento de agua insalubre y de un saneamiento y una higiene deficientes, como ocurre en este barrio.

Las diferentes enfermedades cambian según la época del año. En el verano, debido al calor y la basura, son más comunes las parasitarias y las diarreas. Actualmente, durante el invierno, al ser frío y húmedo, son las respiratorias las más comunes. Los grupos de riesgo, según constata la Caldas, son los niños menores de cinco años y los mayores de 60.

En el sector de Pamplona Alta padecen sobretodo problemas dermatológicos, de parasitosis, anemia y problemas respiratorios

MILAGROS CALDAS, ENFERMERA

Erradicar estas enfermedades es muy complicado pero, como explica Caldas, “tener espacios ventilados e higiénicos” puede ayudar a su prevención. Una buena dieta basada en frutas y verduras puede ser clave para que estas personas no enfermen tal como también ha señalado la OMS, incluso en males mayores como el cáncer.

Kelly Yáñez tiene 24 años y es estudiante de nutrición y dietética. Todos los sábados acude al comedor comunal del barrio Casa Huertas para impartir sus talleres sobre salud preventiva. «Creciendo Juntos es un programa dirigido a niños de seis a 13 años de edad y consiste en brindarles talleres de prevención y salud. Este año hemos abordado las enfermedades diarreicas agudas y las infecciones respiratorias», explica Yáñez.

En el taller de hoy, Kelly y otros voluntarios van a enseñarles a los niños el poder que algunas plantas y frutas pueden tener para ayudar a prevenir enfermedades. “El eucalipto es una planta que biene bien al aparato respiratorio. Os va a ayudar a respirar mejor, os aliviará la tos y hará que expulséis mucosidades”, cuenta a los niños Ana Estació Surco, voluntaria del proyecto y estudiante de medicina.

Estació prosigue enseñando a los pequeños lo que es la muña, una planta con alto contenido en fósforo y calcio que es un excelente digestivo, ayuda a curar luxaciones, se usa como condimento y tiene un ligero sabor a menta.

En el segundo bloque, Junior Santamaría, otro voluntario, va a hablar sobre frutas y verduras. Comienza explicando que la piña posee propiedades diuréticas y digestivas. Luego, les habla del limón, que aumenta las defensas y previene la gripe y el resfriado. Continúa con que el ajo podría ser un antibiótico natural para prevenir la artritis, y que fortalece el sistema inmunológico. Y termina mostrándoles los beneficios antioxidantes de la mandarina. Poco a poco, van llegando las mamás a recoger a sus hijos, y los voluntarios van disponiendo el comedor para el siguiente taller que se realiza por la tarde.

LA DESORDENADA SUPERPOBLACIÓN LIMEÑA

R. P.

Dos hechos históricos en la historia reciente del Perú han sido los causantes de que la población dejara atrás las zonas rurales: la industrialización y el terrorismo. En la década de los sesenta el país vivió un proceso de industrialización centrado principalmente en la capital. Esto, sumado a la falta de acceso a la sanidad y la educación en los zonas rurales, motivó que millares partieran hacia la ciudad a emplearse en minas, canteras, construcción o manufacturas provocando que la población de la ciudad pasara a estar compuesta por un 60% de nativos y un 40% de inmigrantes.

Unas décadas después, la expansión del grupo guerrillero Sendero Luminoso obligó a más de un millón de personas a desplazarse desde sus lugares de origen, además de arrasar con gran parte de la infraestructura y viviendas rurales. Y mientras este éxodo rural sin precedentes iba ocurriendo, las autoridades y la política estaba centrada en otros intereses. Un dato curioso es que los cinco últimos presidentes del Perú o están encarcelados o prófugos de la justicia con cargos por corrupción. Uno de ellos, Alan García, se suicidó antes de que lo apresaran.

Hace tres años que Milagros Ramos comenzó a colaborar en los talleres Construyendo Caminos para las señoras de la comunidad. Hoy llega cargada con varios utensilios de cocina e ingredientes. Va a hablarles sobre la avena, sus propiedades y como pueden preparar una receta diferente con ella. “Elegimos la avena para este taller porque es un cereal bastante consumido entre las familias. Tiene muchas propiedades en cuanto al colesterol, al azúcar o la prevención del cáncer”, explica Milagros.

Después de hablarle sobre las bondades de este alimento Ramos coloca en la mesa dos cuencos, una tetera eléctrica, avena, leche y chocolate. Va a enseñar a las señoras a hacer trufas; una receta muy económica, sencilla de elaborar y muy sabrosa para los más pequeños de la casa.  Yáñez detalla que desarrollan los talleres en Casa Huertas porque las comunidades de allá son muy vulnerables y quieren generar un impacto en los vecinos para mejorar sus estilos y condiciones de vida.

Las familias del distrito de Pamplona Alta son de bajos recursos económicos y sus escasos ingresos no les permiten comprar medicinas. De hecho, cada cierto tiempo, instituciones como el ministerio de Salud junto con algunas ONG organizan campañas gratuitas de vacunación. La última se organizó el pasado mes de agosto y se repartieron vacunas contra la gripe y la neumonía. Para una población que no siempre tiene acceso a medicamentos, es importante tener buenos hábitos que puedan ayudarles a prevenir enfermedades.

Si bien una planta no puede curar una neumonía avanzada, el biólogo e investigador del Instituto de Investigaciones de la Amazonía peruana Ricardo Zárate explica que una buena alimentación “basada en plantas medicinales nutritivas permite tener un buen sistema inmunológico y por tanto nos defenderemos mejor contra los agentes de las enfermedades respiratorias”. Además, Ricardo añade que estas personas “estarán cultivando plantas que capturan CO2 y así ayudarán a disminuir los efectos del cambio climático”. El uso de plantas y frutas para mantener buena salud y prevenir enfermedades es una manera sencilla y económica que puede ayudar a la poblaciones más vulnerables a mejorar sus hábitos y salvar sus vidas.

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Vida

El reinado de los algoritmos en tu vida (aunque no lo sepas)

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Si haces una búsqueda en Google y le pides a un amigo que haga lo mismo, tendréis resultados completamente distintos. ¿El motivo? El triunfo de los algoritmos en tu vida. Google lanzó en 2009 la nueva personalización en los buscadores: 57 indicadores que estiman cómo eres y qué te gusta y con todo ello, te arroja la información más acorde a tus gustos. Tiene ventajas, no lo discutimos, nos ayudan a seleccionar información en el maremagno en el que nos encontramos. Pero los algoritmos también presentan muchos inconvenientes que afectan a nuestro día a día aunque no nos demos ni cuenta, según Eli Pariser en su libro “El efecto burbuja”.

Google no es el único, ni mucho menos. Yahoo, Facebook o YouTube te van a mostrar los anuncios que más encajan a tu perfil. En el caso de Netflix, por ejemplo, el 60% de las propuestas que te sugieren son en base a conjeturas personalizadas acerca de tus gustos. Así pues, los algoritmos piensan por nosotros y nos hacen la vida más fácil, pero también más irreal y filtrada. Esto es lo que denomina Pariser la “burbuja de filtros”, que altera nuestra manera de encontrar ideas e información. Así, se comprobó en las últimas elecciones estadounidenses y las famosas fake news o noticias falsas. Mientras que jóvenes de Macedonía llegaban a facturar 10.000 dólares por cada noticia inventada, los algoritmos las ponían en la mesa de los potenciales votantes a Trump gracias a todos los cálculos que habían hecho día tras día. Y, cuidado, recordemos que nadie es insensible a este tipo de información. Aunque el 60% de los españoles creamos que podemos distinguir entre la verdad y lo inventado, se ha comprobado que el 86% nos equivocamos, como se desprende de un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid y Simple Lógica.

Así pues, accedemos a una información permanentemente filtrada y sesgada y tomamos decisiones políticas, sociales o emocionales en base a ello. Y por si todo lo anterior fuera poco, además, creamos colmenas de pensamiento en grupos de whatsapp o de amigos, en los que repetimos la misma matraca una y otra vez, confirmando que tenemos razón. Ante esto, ¿qué podemos hacer?

Lo primero de todo, rodéate de raros (gente diferente a ti). Busca gente diversa, que te haga cuestionarte constantemente lo que piensas. Si tu entorno y los queridos algoritmos te dan la razón, tienes poco margen de maniobra para ver el mundo desde otros ojos. Sigue a personas con criterios diferentes a ti en las redes sociales, acércate a gente que sea muy distinta y, simplemente, escucha.

Segundo, apóyate en fuentes fiables. Las noticias sensacionalistas tienen más posibilidades de correr como la pólvora por las redes sociales. Marc Amorós García recoge en su libro fake news un vaticinio de la consultora Gartner: en apenas cuatro años la mitad de las noticias que leamos serán inventadas. Así pues, para prepararnos para una emocionante escalada de información ruidosa necesitamos apoyarnos en fuentes serias y rigurosas.

Y tercero, conviértete en un buscador de arrugas, como propone Jesús Alcoba en una de sus conferencias. Los algoritmos y el pensamiento colmena tienden a forzarnos a un pensamiento único. Tu objetivo es salirte de ahí. Al igual que el Photoshop crea rostros perfectos, sin imperfecciones o arrugas y alejados de la realidad, necesitas buscar lo diferente y disfrutar de ello. Solo así conseguirás entrenar esa mirada distinta y más amplia.

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